Final

Deambulé un rato por el centro que estaba atestado de turistas. Vi como dos guardias urbanos sacaban a unos punkis que estaban haciendo malabares en la esquina de la calle Canuda con la plaza villa de Madrid. La guardia urbana, ese honorable cuerpo al servicio del gremio hotelero de la ciudad. Tuve un primer impulso de montarles un escándalo pero luego pensé que me había dejado la capa de superhéroe en casa y no tenía ganas de jaleo así que dejé a los punkis a su suerte. Seguro que habrían más esquinas donde ponerse hasta que los volvieran a echar. A pesar de todo, no pude dejar de pensar en lo enfermiza que se estaba volviendo la obsesión con la imagen en la ciudad y que era preocupante el uso que le podía dar uno a la calle en Barcelona. Pasear, ir de casa al trabajo, quizá llevar a los críos al parque un rato...poco más. A este paso, cualquier día nos proclamaban la ciudad más aburrida del mundo. Seguro que hacían una campaña publicitaria para darlo a conocer y que el alcalde sacaba pecho. Bajé por portal del Ángel hasta la plaza de la catedral, me metí en el párking y salí corriendo de allí. El centro de Barcelona es de una belleza como pocos pero también es extenuante y a mi cada día me sacaba más de quicio, precisamente por cosas como ésas. La percepción, en definitiva, que la calle no era de todos y mucho menos de la gente de Barcelona. 14

Cuando no sabía donde ir tiraba para el barrio. Fui a alcanzar el paseo San Juan y quince o veinte minutos después le estaba tocando el timbre al cubano.

Tuve que hacerlo varias veces por que no lo cogía. Yo insistí por que sabía que era un ave nocturna y que se levantaba tarde. Por fin, una voz adormilada respondió al interfono.

-¿Qué pasa primo?
-¿qué dices chaval? ¿estabas durmiendo?
-si, es que ayer no podía dormir.
Le dije que bajara que nos fumaríamos un canuto antes de comer. -ok, ahora bajo-. Dijo arrastrando las palabras.

El “ahora bajo” del cubano se convirtió en más de media hora, pero como ya lo sabía me fui directamente para el parque. El día se había arreglado un poco y un tímido sol asomaba entre las nubes. Me senté en un banco y me puse a esperar. Hice un inventario mental de lo que había pasado en las últimas 48 horas: La señora Sánchez, la paliza a su antiguo amante, el encuentro con Tony Tower, el taxista del hotel...todo se me antojaba como lejano, como si lo hubiera vivido en tercera persona, no siendo yo el protagonista sino otra persona seguramente más valiente y también más oscura de lo que era yo, o de lo que yo creía ser.

Cuando bajó el cubano me hice el canuto. Me estuvo contando que lo había llamado el tal Nacho para pedirle más porros y que le había dicho que no.- hay gente que no aprende nunca- me dijo mientras soltaba el humo. –ya te digo- le dije yo. Luego quedamos en silencio durante un segundo. Le conté cómo había resuelto el tema del teléfono, mi encuentro con mi clienta y cómo le había sacado la pasta haciéndole chantaje con la confesión que le habíamos arrancado al profesor de tenis en su casa de Vallvidriera.

-te veo bien, primo, cómo te lo montas- me dio un codazo-, ¿qué vas a hacer con tanta gallina?

Le conté que había intentado montarme un negocio con el tal Sergio y que me había salido mal, que lo habían pillado de marrón en el Prat y que lo habían entalegado. Que le había pedido la guita al Jefe y que le había tenido que dar los cincuenta mil que le había sacado a mi clienta.

-eso te pasa por meterte donde no te llaman. Tendrías que habérmelo dicho-

-¿y tú me hubieras dejado la pasta? Le respondí extrañado.

-yo no tengo tanto dinero, primo.

Eso si que no me lo creía. Yo sabía que guardaba una pequeña fortuna en cajas de zapatillas deportivas. En cualquier caso, le expliqué que a pesar de darle el dinero al gordo aún me reclamaba más y que me había dicho que en algún momento me iba a pedir un favor y que tendría que hacérselo.

-Bueno, por lo menos no te ha roto las piernas ni te han tirado en un descampado.

Hice un gesto de resignación.-si, aún he tenido suerte-le dije, pero tengo la sensación de que me la ha jugado. Qué te apuestas a que se quedó con la farlopa y encima con mis cincuenta mil-

Mi amigo se me quedó mirando un momento, puso cara de incredulidad -Menudo pil pil que estás hecho, primo, pensaba que eras más listo-me dijo muy serio.

Bajé la cabeza para hablarle al suelo -tan listo soy que me he dejado timar como un novato, vaya tela-

Para relajar el ambiente el cubano me estuvo contando lo que le había gustado la tele que se había traído en directo desde Collserola, pero que nos habíamos dejado el mando. Bromeamos con volver a buscarlo.

-¿no crees que nos pasamos un poco con el tipo?

-Qué va- hizo un gesto con la mano- pero si le debe salir la gallina por las orejas a ese hijoputa. Menudo keo que tenía. Aún tendríamos que habernos llevado algo más.

-ostia, ahora que lo dices yo tengo su i-phone en casa.

-y mi hermana su portátil. Por cierto, le dije que es un regalo tuyo, por si te pregunta.

-ok. -ok.

Empecé a hacerme otro porro. Lo necesitaba, había cosas que tardaría mucho en sacarme de la cabeza y con un poco de anestesia se llevaban mejor.

-¿estará bien? Pregunté en voz alta.

-¿quién?

-el capullo de Vallvidriera.

El cubano levantó del banco y se puso contra mí. Me miró a los ojos y puso su cara redonda y morena cerca de la mía.

-te preocupas demasiado de esos pijos primo, que les den, bastante nos quitan día a día ¿no? Por un poco que les saques tú, no pasa nada.

-ya, pero es que le di una paliza del copón.

-tranqui primo, que no te va a denunciar, tiene muchas cosas que callar.

-no es eso tío, es que nunca me había puesto así ¿y si me lo he cargado?...

-si te lo hubieras cargado ya nos habríamos enterado. Eres un mariquita, primo, por cuatro tortas que le des a alguien no te puedes poner así. Además lo estaba pidiendo a gritos.

-quizá tengas razón.- Respondí bajando la vista otra vez.

-claro que tengo razón- fue su respuesta-Anda mata eso y vamos a comer, ¿quieres venir a casa? Mi vieja ha hecho estofado, está de puta madre-

Miré el reloj, aún quedaban varias horas antes de ir a la exposición con Mireia. Bien podía comerme un plato de estofado y descansar un rato.

 

FIN

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