Chapter 19

     El sol descendió penetrando a través de las ventanas que daban al Oeste en la oficina del sheriff. Una mosca volaba ociosamente en círculo por encima del escritorio.

     Rob Trenton estaba sentado inmóvil. El abogado que Merton Ostrander le había designado para que lo representase, hallábase sentado a la derecha de Rob. Era un hombre de rostro delgado, ojos vivaces, que hablaba de prisa y que en forma singular interponía comentarios de vez en cuando rematando siempre sus observaciones con la misma fórmula: "Desde luego, caballeros, yo solamente señalo una discrepancia. Cualquier cosa que yo diga no obliga a mi cliente y éste se niega a hacer cualquier declaración por el momento".

     El contrabandista que el sheriff tenía bajo arresto y que era el mismo que había engañado a Rob para que fuera con ellos en el auto, y después había ayudado a dominarlo y a mantenerlo prisionero, estaba sentado al lado derecho del sheriff. Tenía un aire presuntuoso y astuto. Hasta ahora no había hecho ninguna declaración que llegase a los oídos de Rob, pero según referencias dadas por el propio sheriff, aquel sujeto evidentemente había contado una historia detallada de lo ocurrido.

Rob se preguntaba cómo sería la historia que el otro había contado.

     Una taquígrafa entró en el despacho llevando una declaración escrita a máquina, la cual le entregó al sheriff. Este la tomó, aclaró su garganta y le dijo al contrabandista: —Ahora voy a leerle su declaración. No está escrita con sus palabras exactas. Está reducida, pero fue tomada de lo que usted dijo. Si hay alguna cosa que usted quiera cambiar en ella, usted lo dice para hacer el cambio ahora. Si hay algo equivocado, nosotros queremos rectificarlo ahora también. ¿Entendió usted eso?

El contrabandista asintió con la cabeza.

     Despacio, de forma que el contrabandista tuviera amplia oportunidad para hacer correcciones, el sheriff leyó:

 

      “Mi nombre es Sam Joyner. Tengo cincuenta y dos años. Estoy registrado como dueño del barco "Lady-Lou".

     "Hace dos meses aproximadamente, fui requerido por un hombre a quien sólo conocía como Big Jim. Él deseaba alquilar mi barco. Me dijo que quería dar unas fiestas. Por entonces pensé que se trataba solamente de unas cuantas fiestas extravagantes y desordenadas, pero después empecé a creer que era cuestión de cosas más siniestras. Yo debí de llamar a la policía en seguida entonces, pero no lo hice. Dejé que prosiguiese la situación así porque el alquiler que me pagaban era bueno y porque solamente mediaba mi palabra contra la de ellos. Yo no participé en ninguno de los beneficios de los contrabandistas. Ellos me pagaban un buen alquiler por el barco y me permitían conservar una cabina para mi uso privado. Sin embargo, yo vivía a bordo, y conservando mis oídos alerte, llegué a enterarme de lo que estaba ocurriendo.

     "Esta noche pasada, las cosas llegaron a un punto decisivo. Harvey Richmond, quien según ahora me entero está relacionado con el Departamento de Narcóticos del Estado, entró a bordo por la fuerza y trató de realizar un arresto.

     "Un hombre al que yo sólo conocí ayer, y que dio el nombre de Rob Trenton, había logrado pasar una expedición de narcóticos, que él había escondido en un automóvil. Este coche era de una muchacha que venía en el barco con él y que había arreglado con ella para conducirlo él una vez que el vehículo fuese desembarcado. Después que él hubo desembarcado esa expedición, la enterró. Le dijo a los contrabandistas dónde la había enterrado y ellos fueron allí para recogerla. Tengo entendido que uno de los de la banda fue detenido cuando estaba excavando para sacarla.

     "Este hombre, llamado Rob Trenton, estuvo a bordo de mi barco la última noche. Harvey Richmond claramente había estado manteniendo el barco bajo vigilancia, aunque en realidad esto no lo sé. Entonces decidí terminar con el alquiler del barco y llamar a la policía. Fui a tierra, pero dejé estacionado mi coche bajo un pequeño cobertizo de madera de una granja cercana, el cual yo tenía alquilado para garaje. Yo había llegado allí, pero entonces recordé algunas cosas de mi propiedad personal que tenía en el barco y que necesitaba.

     "Y fue cuando estaba regresando al barco que oí un coche que llegaba a gran velocidad por la carretera. Luego, cuando yo estaba ya casi en el barco, vi a este hombre, Rob Trenton, salir corriendo del barco y saltando al muelle. Y vi también como soltaba las cuerdas de amarre del barco, y que después alguien trataba de detenerlo. Yo creo que era Harvey Richmond, pero no estoy seguro. El hombre le gritó a Trenton para que se detuviera y se entregase. Pero Robert Trenton sacó un revólver y disparó dos veces. Richmond, o quienquiera que fuese, cayó sobre la cubierta. Yo di vuelta y corrí en la oscuridad para ir a mi coche. Y habría recorrido unos veinte metros, cuando volví la cabeza para mirar por encima del hombro y vi las primeras llamas saliendo de mi barco. Vacilé pensando si debía o no notificarlo a la policía y finalmente decidí no hacerlo porque pensé que nadie sabía que yo había estado a bordo del barco; entonces me metí en mi coche y me fui a mi casa.

"Eso es todo lo que sé".

 

—¿Entonces, es esa la verdad? —preguntó el sheriff.

—Al menos, yo creo que esa es la verdad —dijo Sam Joyner.

El sheriff le dio una pluma y Sam Joyner firmó la declaración.

     —Ahora —dijo el sheriff— escriba esto debajo: "Yo, Sam Joyner, hice la declaración precedente por mi propia voluntad y actué sin violencia de ninguna clase". Si es así en efecto, firme esa declaración. Si no es exacta, entonces hágala pedazos.

—Es exacta —replicó Sam Joyner.

—Muy bien. Escriba.

Joyner escribió y firmó la declaración como se le había demandado.

Rob Trenton, que había estado escuchando incrédulo, dijo: —¡Eso es mentira! Toda esa declaración es falsa. Este hombre era uno de los...

     —Deténgase —interrumpió su abogado a Rob—. No diga una sola palabra, señor Trenton, ni una palabra. Si usted lo hace, tendrá usted que explicar y que responder a preguntas. Nosotros haremos una declaración completa más tarde. Por ahora todo lo que yo quiero que usted diga es que usted niega esa acusación y que ésta es falsa.

—¡Desde luego, es falsa! Este hombre me secuestró...

—Eso es todo —interpuso el abogado—. Usted niega la acusación. Eso es suficiente.

—Cada palabra de esas es verdad —dijo tercamente Joyner.

—Mi cliente dice que es falsa —repuso rápido Staunton Irvine, el abogado de Rob.

—Su cliente está tratando de escabullirse de un asesinato patente —dijo Joyner.

—¿Cómo lo sabe usted? —le lanzó Irvine interrogante.

—Porque yo lo vi disparar contra ese hombre. Yo creo que el hombre era Richmond. No lo sé, pero estoy muy seguro de que era Rob quien disparó. Trenton disparó dos veces y lo alcanzó ambas. Después el barco empezó a arder.

—Entonces —dijo el abogado de Rob— usted no sabe si fue Robert Trenton quien disparó aquellos tiros. Usted no puede jurarlo, ¿verdad?

—Yo puedo jurarlo —dijo Joyner.

     —Y continuó el abogado— usted no sabe si alguno de esos tiros alcanzó a Harvey Richmond. Usted estaba en tierra y...

     —Eso es todo —dijo el sheriff—. El señor Joyner no va a ser interrogado en estos momentos. Ahora, pues, señor Trenton, usted ya ha oído la declaración del señor Joyner. ¿Desearía usted hacer alguna declaración?

     Irvine dijo rápidamente: —Mi cliente niega haberle disparado a Harvey Richmond. Dice que la afirmación de que lo hizo es absurda. Y que la declaración de Joyner es una mentira. Sin embargo, nosotros no estamos dispuestos a hacer ninguna declaración por el momento.

—¿Cuándo la harán ustedes?

     —Bien —dijo el abogado—, eso depende mucho de las circunstancias. ¿No se le ha ocurrido a usted, sheriff, que no es a esta jurisdicción a la que le corresponde tratar este caso? El río es un limite entre Estados. Ese barco se quemó y fue arrastrado por la corriente y encallado...

     —Eso no hace ninguna diferencia dijo el sheriff—. Conforme a la declaración del señor Joyner, el asesinato fue cometido aquí en este Estado y en este Condado. Nosotros lo tomamos a nuestro cargo. Y ahora, pues, le voy a decir a usted algunas cosas más. El cadáver carbonizado de Harvey Richmond fue identificado por una insignia que él llevaba en el bolsillo, por una marca tatuada que estaba todavía visible y por su dentista.

—No haga comentarios —le advirtió el abogado a Rob.

—Fueron encontradas dos balas en su cuerpo. Cualquiera de esas dos balas hubiera sido instantáneamente mortal.

—Nada tenemos que decir a eso —dijo el abogado.

     —Dos cartuchos vacíos que habían sido expulsados por una pistola automática, fueron hallados en el suelo, en el muelle, esta mañana.

—Nada tenemos que decir a eso.

     —Y —continuó triunfalmente el sheriff— la Policía del Estado, del otro lado del río, ha cooperado hasta el extremo de realizar un registro en la casa de Linda Mae Carroll, en la calle de Robinson Este 205, donde su cliente al parecer pasó la noche, y cerrada con llave en el escritorio de esa casa encontraron una pistola automática, calibre 32, que había sido disparada recientemente y en la que faltaban dos balas del cargador. Creo que usted se encontrará con que un perito en balística identificará los proyectiles fatales como los que fueron disparados por esa pistola.

     —Ya le dije a usted que nosotros no tenemos comentario alguno que hacer —dijo el abogado—. Al menos por ahora.

—¿Cuándo quiere usted hacer una declaración?

—No puedo decir. Eso dependerá de la forma en que se desarrollen las cosas. Yo estoy protegiendo los intereses de mi cliente. El no es más que la víctima de algo fraguado con propósitos siniestros.

—Sí. Eso es lo que dicen todos. ¿Tiene usted algún comentario más?

     —Nosotros no haremos ninguna declaración por ahora. Sin embargo, me gustaría señalarle a usted el gran absurdo que constituye el pretender que Harvey Richmond haya podido estar a bordo de ese barco libre y voluntariamente y en condiciones de tratar de detener a mi cliente.

—¿Por qué no? —preguntó el sheriff.

     —Porque ese barco había sido alquilado por una banda de contrabandistas. Y si Harvey Richmond hubiera estado a bordo de ese barco, hubiera sido hecho prisionero por ellos.

     Ellos no estaban a bordo del barco cuando fueron hechos los disparos —dijo rápidamente Sam Joyner—. Las dos únicas personas que yo vi, fueron este sujeto Trenton y el hombre que fue asesinado.

—¿Sabía usted que los otros no estaban a bordo?

—Bien..., no, desde luego; yo no registré el barco.

—¿Y ocurrió algo que le hizo a usted salir de allí y pensar que debía acudir a la policía? ¿Por qué no hizo usted eso?

     —Basta —interpuso el sheriff—. No conteste a esa pregunta, Joyner. No conteste a ninguna pregunta más. Si Trenton no va a hacer declaraciones, tampoco nosotros vamos a declarar nada más. Nosotros hemos formulado contra Rob Trenton la acusación de haber asesinado a Harvey Richmond.

—No específica y categóricamente.

—Desmiéntala —le ordenó el abogado a Rob Trenton—. Desmiéntala específica y categóricamente.

—Yo la desmiento —dijo Trenton— especifica y categóricamente.

 

     El sheriff sacudió su dedo pulgar. —Muy bien —le dijo a uno de los auxiliares—. Enciérrenlo. Nosotros presentaremos las acusaciones de asesinato.

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