Chapter 20

     El coronel Miller C. Stepney, de la policía del estado, inspeccionó los carbonizados restos del barco barrido por el incendio.

     —A mí no me importa un bledo el lugar donde fue cometido el crimen —dijo—. Pero el barco está dentro de nuestra jurisdicción. Y el cadáver estaba también dentro de nuestra jurisdicción. Y vamos a proceder para que las pruebas sean preservadas. Después, al fin, ya sabremos lo que hemos encontrado y lo que no hemos encontrado.

     El Capitán Stanway Harmon dijo: —Vamos a tener algunos conflictos con los compañeros del otro lado del río. El médico forense quiere la entrega del cadáver para meterlo en un ataúd y enviárselo a la familia. Dice que no es necesario hacer la autopsia, porque los Rayos X muestran la presencia de dos balas en el cadáver. El médico extrajo las balas y está dispuesto a declarar que una cualquiera de esas balas pudo haber sido causa de muerte instantánea. Una de ellas atravesó el corazón y la otra estaba alojada exactamente al lado del corazón.

—¿Ninguna de las balas atravesó todo el cuerpo de parte a parte? —preguntó el Coronel Stepney.

—No, eran del calibre 32 y quedaron alojadas en el interior del cuerpo.

     —¿Cómo ocurrió que ellos hicieran ese trabajo tan rápido con los Rayos X? Es algo que yo no comprendo, y me extraña que no afirmen que la muerte haya sido producida por quemaduras al haber encontrado el cuerpo carbonizado.

     —Ellos encontraron dos cartuchos vacíos y el dueño del barco contó su versión propia del tiroteo. Entonces tomaron radiografías del cuerpo carbonizado y encontraron que tenía dos balas dentro y el doctor está dispuesto a declarar que la muerte fue instantánea, y eso es todo.

El Coronel Stepney oprimía su mentón pensativamente: —Esto hace que el asunto presente muy mal aspecto para ese muchacho Trenton.

—También diría que así es.

     —Bueno, el doctor Dixon quiere hacer comprobaciones sobre la causa de la muerte. Harvey Richmond no sólo era amigo suyo, sino que parece ser que el Departamento de Narcóticos había recibido soplo de que una expedición de narcóticos venía en ese barco y Richmond viajó a bordo bajo una profesión diferente, como un pasajero corriente. El se hizo amigo de Trenton en el barco. Y parece que Richmond pensaba que Trenton era solamente un muchacho sin gran malicia al que utilizarían en el punto final de la maniobra de contrabando. Y creía también que lo estaban utilizando como víctima propiciatoria.

     —Bien, pero ahora Richmond ya está muerto —continuó el Coronel Stepney— y el doctor Dixon, quiere hacer la autopsia. Yo le dije al sheriff que, o bien ellos tienen que retener el cadáver hasta que el doctor Dixon esté aquí, o que si no nosotros reclamaremos que aquél sea devuelto. Después de todo, el cadáver fue sacado de nuestra jurisdicción.

—Ellos se están mostrando muy susceptibles sobre eso —dijo el Capitán Harmon.

     —Yo mismo soy susceptible también —replicó el Coronel Stepney—. Y es sorprendente que un muchacho como Trenton pueda haber engañado a un investigador veterano como Harvey Richmond.

—¿Cree usted que él lo hizo?

     —Seguro que lo hizo. Recuerde que nosotros cazamos en nuestras mallas a Rob Trenton, gracias al trabajo que realizó ese guardia de patrulla llamado Wallington al inspeccionar el lugar donde Trenton había sufrido un reventón en una rueda del coche. —

     "Rob Trenton, colocó el auto a un lado de la carretera y enterró allí la expedición de narcóticos. Él pensaba desenterrarlo después. El guardia de patrulla Wallington estaba de ronda y detuvo a Trenton para revisarle su licencia. Trenton le dijo que se había parado allí para cambiar una rueda. Y le enseñó otra rueda con un reventón, colocada ya en la parte de atrás del coche. Pero ocurrió que Wallington recordó más tarde que al tocar la rueda reventada... ésta no estaba caliente. Al estar fría resultaba que la historia que Trenton le había dicho era falsa. Más tarde Wallington inspeccionó el sitio y descubrió que allí había sido enterrada una expedición de narcóticos.

El Capitán Harmon movió la cabeza pensativamente.

     —Todo eso envuelve a Trenton en el contrabando de narcóticos —continuó el Coronel Stepney— y si el perito en balística dice que esas dos balas son de la pistola que nosotros descubrimos en el escritorio de la casa de Linda Mae Carroll, Trenton irá a la silla eléctrica. Es un caso completamente claro.

—¡Que si es un caso claro! —agregó el Capitán Harmon con vehemencia.

     —Pero continuó el Coronel Stepney— a mí no me gusta hacer conclusiones y poner el carro delante del caballo. Yo quiero examinar todas las cosas metódicamente y quiero también que estas pruebas sean preservadas, pues así podremos saber lo que tenemos y lo que no tenemos.

     El Capitán señaló hacia el río a una lancha que avanzaba cortando el agua a gran velocidad abriendo una onda en arco a cada lado de la proa y formando una rizada V sobre la superficie. —Parece ser el doctor Dixon —dijo el Capitán.

     Los dos policías se pararon esperando hasta que la lancha viró y fue acortando la marcha; después paró en la orilla y el doctor Dixon saltó a tierra.

—Se ve por el semblante del doctor —dijo el Capitán Harmon—que está enojado.

El doctor Dixon movió la cabeza a manera de un breve saludo y dijo: —Parece ser que estamos tropezando contra una cuestión de jurisdicción aquí. ¿Cuál es su respuesta?

     —Nosotros no queremos que haya ningún conflicto —dijo el Coronel Stepney—. La cosa no vale la pena. Nosotros necesitamos la cooperación de esos muchachos del otro lado del río de vez en cuando, exactamente igual que ellos necesitan la nuestra. Nosotros podemos cansarnos y llevar las cosas en este asunto a tales extremos, que se producirán repercusiones que dificultarán la eficacia de nuestra Colaboración mutua en los próximos diez años. Por lo tanto, mejor será que conservemos la serenidad.

     —Bueno —dijo el doctor Dixon—, parece un caso resuelto en un abrir y cerrar de ojos. Este hombre Trenton, ciertamente, me engañó a mí, pero ellos parecen actuar en la suposición de que sabían todo cuanto es posible saber. El médico forense se da por satisfecho porque cree saber la causa de la muerte y probablemente así es. Pero yo quiero que se lleve a cabo una necropsia y quiero también estar allí presente cuando sea hecha.

—Hágalo usted —dijo el Coronel Stepney—. Nosotros tenemos completo derecho a todo eso.

     —El médico forense ha estado en contacto con los familiares y está más preocupado ahora con la clase de ataúd que él les va a vender y el tipo de servicio del funeral que con ninguna otra cosa más.

     El Coronel Stepney dijo: —Vaya usted y practíquele la autopsia a ese cadáver. Si usted quiere hacer de eso una cuestión de principio, siga adelante.

—Yo quiero hacerla una cuestión de principio.

—Muy bien, adelante, pues.

—Yo puedo decirle a usted una cosa —dijo el Capitán Harmon—. Que no hará la más mínima diferencia lo que usted descubra. Ellos seguirán adelante con la acusación de asesinato contra Robert Trenton. El Fiscal aspira a ser Juez, y esta parece que sería una buena ocasión para ascender.

     —Bueno, probablemente lo es —dijo el doctor Dixon—. Pero me molesta el que ese Trenton fuese capaz de ponerme una venda en los ojos en la forma que él lo hizo. Es una contrariedad el que el fuego destruyera gran parte de las pruebas. ¿Qué opina usted de eso, Coronel?

     El Coronel Stepney, le contestó: —El Capitán Harmon ha hecho una investigación completa. Supongamos que usted se lo cuenta al doctor, Capitán.

     Harmon dijo: —Bueno, pues la situación es un poco extraña. Nosotros no estamos actuando en relación con una cosa fija y estable, como, por ejemplo, una casa. Precisamos, pues, tener en consideración el hecho de que un barco es arrastrado por la corriente del río y que el viento lleva las llamas en varias direcciones; pero subsiste el hecho de que después de mi examen de este barco, el fuego comenzó en la proa, en lo que evidentemente era un cuarto ropero, o una cajonada para las maletas de la marinería.

     —¿En la proa? —preguntó el doctor Dixon—. Pero el motor está en la popa y los tanques de gasolina también están en la popa.

El Capitán Harmon asintió con la cabeza.

—¿Y sin embargo, el fuego empezó en la proa?

—Esa es mi creencia.

—¿Y qué fue lo que lo ocasionó?

     —Según la teoría del sheriff, fue un corto circuito al hacer contacto dos cables. Yo le pregunté a él qué es lo que había causado el corto circuito y él se limitó a mirarme. Mi teoría propia es que el fuego fue de carácter incendiario y fue provocado cerca de la proa. Yo voy a tomar fotografías que prueben ese punto de vista mío. Hay un área desigual en los efectos del fuego y muy claramente hay partes de la estructura de la proa que fueron sujetas a grados de calor grandemente diferentes. Es algo así como si hubiera sido utilizado un líquido inflamable para iniciar el incendio. Después las llamas pasaron rápidamente atrás hacia la popa.

—¿Vamos a tomar fotografías de eso? —preguntó el doctor Dixon.

—Sí, vamos a tomar fotografías y a conservar todas y cada una de las pruebas.

     El doctor Dixon dijo: —Había varias personas a bordo de este barco. El sheriff cree que lo único que le concierne es lo que ocurrió al tiempo de ser disparados los tiros. Yo, sin embargo, creo que debemos averiguar todo cuanto sucedió, con objeto de obtener una explicación completa.

     —Desde luego, yo también lo creo así —dijo el Coronel Stepney—. Yo ya he hablado de eso.

—Usted se quedará sorprendido en lo poco interesado que el sheriff va a mostrarse en todo eso —dijo el Capitán Harmon.

     —Sí, me supongo que así será —confesó sonriendo el Coronel Stepney—. No obstante, Capitán, yo quiero que sus hombres trabajen en este asunto como si no hubiera de por medio problema alguno de jurisdicción. Yo quiero que se descubran hasta las pruebas más insignificantes y que se conserven. Y quiero que se haga un expediente de forma que nosotros nos podamos referir a él en cualquier momento que sea preciso.

     —¿Y qué sobre la autopsia? —preguntó el doctor Dixon—. Si ellos tratan de impedirla, valiéndose de una baladronada, ¿hasta dónde puedo yo forzar las cosas?

 

—Fuércelas usted al extremo que sea necesario —dijo el Coronel Stepney—. Usted hará la autopsia por encima de todo.

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