Chapter 22

Sam Joyner estaba sentado conferenciando con su abogado.

     El abogado contó el fajo de billetes de cien dólares que Joyner le había dado. Asintió con la cabeza y metió el dinero en su cartera.

     —No crea usted que va a llevarse ese dinero por nada —le dijo sonriendo Joyner—. Eso no es solamente para que actúe de portavoz, sino para que resuelva las cosas.

     —Cállese —le ordenó el abogado—. Usted sabe que yo no puedo garantizarle el éxito. Pero haga exactamente como yo le digo y todo saldrá bien. Hay nueve oportunidades contra diez para que así sea. ¿Ahora, usted quiere comprar eso o no?

—Yo ya lo he comprado.

—Yo sólo quería estar seguro de que usted sabía bien lo que había comprado.

—Siga adelante.

—He conseguido realizar un trato para Gentry. Ellos van a con cederle a él la inmunidad, si él canta.

—¿Si él canta? Pero qué tonto es usted. Si él canta nos agarran a los dos...

     El abogado lo interrumpió. —No sea estúpido. Él cantará la tonada que yo le diga, y yo soy quien esta escribiendo la letra para esa música.

—¿Y qué tengo que hacer yo?

     —Usted haga sólo exactamente conforme yo le diga. Primero usted le habla a todos y a cada uno. Les dice que usted le alquiló el barco a unos individuos que le dieron la impresión de ser personas decentes. Cuando usted empezó a darse cuenta de que había algo que no era honrado, tuvo miedo de denunciarlos porque ellos lo podían demandar a usted por calumniador.

     "Entonces usted decidió quedarse callado, pero trató de obtener algunas pruebas que pudieran servirle para presentar una denuncia sobre bases sólidas y definitivas. ¿Comprende bien esto?"

—Eso es lo que ya les dije a ellos —manifestó Joyner.

     —Ahora fíjese bien en esto. Después que usted les haya dicho esa historia de forma que consiga hacerla circular bien, de repente usted se calla por entero. Yo no quiero que usted llegue a un punto en que tenga que contestar preguntas relativas a que lo vieron con Trenton en la estación de autobuses, hasta que nosotros podamos señalar a esa mujer como testigo. Usted puede decir que es enteramente inocente, pero que hay una cuestión legal técnica que es la que preocupa a su abogado. Diga que su abogado le dijo a usted que se negase a contestar a toda pregunta. Usted dice: "Yo me niego a contestar sobre la base de que eso puede incriminarme". Después usted sonríe malicioso y dice que se trata sólo de un tecnicismo, pero que, sin embargo, cuando se tiene un abogado hay que hacer lo que él ordena. Dígales que a usted le parece una precaución tonta, porque el punto sobre el cual su abogado está temeroso, es sólo una pequeña irregularidad en relación con una cuestión incidental. Y después usted sale del aprieto llamándome por teléfono y diciéndome que usted ha empezado a ser interrogado, que usted quiere contarles su historia y que me pide por favor que yo se lo permita. Entonces yo le digo a usted que tenga paciencia y espere, y usted se pone enojado, pero finalmente concuerda con que usted me prometió seguir mi consejo.

     "Después usted cuelga el teléfono, pero todavía continúa enojado. Usted quiere contarlo todo, pero no puede. Entonces reniega de mí y aparenta como si tuviera un disgusto enorme... pero usted no hable. No conteste a ninguna pregunta de nadie.

"¿Cree usted que podrá hacer eso bien?"

—¿Yo sólo tengo que negarme a decir nada?

     —Sí. Usted lee en este papel: "Yo me niego a contestar a esa pregunta por consejo de mi abogado y en razón de que la contestación puede incriminarme".

     Una sonrisa de alivio se extendió por el rostro de Joyner. –Eso —dijo él— es el mejor consejo legal que me han dado en mi vida.

     El abogado asintió con la cabeza. —Estoy contento de que usted empiece a ver claro. Ellos se encuentran ante un crimen y tienen que aclararlo. Eligieron a Trenton como la persona que lo cometió. Y quieren que sea declarado culpable. Y quieren eso ya inmediatamente. Esta es nuestra oportunidad de saltar a bordo para conseguir la libertad. Usted me comprende, ¿verdad?

 

—Yo lo comprendo —dijo con un alivio en su voz Joyner—. Y —añadió— yo estoy endiabladamente contento de tenerlo a usted como defensor.

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