Chapter 23

     El coronel Stepney entró en el laboratorio donde el doctor Herbert Dixon tenía su despacho.

—Hola, Herb.

—¿Cómo van las cosas, Coronel? Siéntese, por favor.

—¿Qué averiguó usted sobre el asesinato de Richmond, Herb?

     El doctor Dixon respondió: —El médico forense hizo que su ayudante operase en el cadáver para extraer los proyectiles y determinar la trayectoria de los mismos y las heridas producidas por ellos. Eso todo ha sido hecho antes de llegar yo aquí. Por lo tanto, ya no había mucho más que hacer.

—¿Vio usted las balas?

     —Yo vi las balas, pero no las vi dentro del cuerpo. Sin embargo, el médico sí sabe donde estaban alojadas y además de eso él tuvo el buen sentido de tomar una serie de radiografías mostrando las balas en los lugares del cuerpo donde se encontraban.

—El sheriff Landes me dijo que cada uno de los tiros era mortal de necesidad instantáneamente.

El doctor Dixon asintió. —Creo que él está en lo cierto en eso, pero yo desearía haber estado allí cuando autopsiaron el cadáver.

—¿Por qué?

—Hay cosas respecto a eso que a mi no me agradan.

—¿De qué se trata?

     —Bueno, teniendo en cuenta el incendio, el cadáver estaba en extremo quemado, pero yo hallé un coágulo de sangre en el interior del cráneo.

—¿Y eso tiene algo de anormal?

—Depende.

—¿Y qué más?

     —Solamente cosas de formulismo. Tomé una muestra de sangre de ese coágulo y busqué por todo el cuerpo tratando de descubrir más sangre. Finalmente obtuve una poca del hígado, la suficiente para hacer un análisis. Y también tomé alguna de los tejidos del pulmón.

—¿Y eso para qué?

—Bien..., solamente por tenerla.

—Si usted obtuvo sangre de ese coágulo del cerebro, eso es suficiente para darle los elementos necesarios para lo que usted la quería, ¿no es así?

—Probablemente.

—Entonces, ¿por qué tomó usted alguna sangre del hígado también?

—Yo quería ver si ellas emparejaban.

—¿Qué es lo que está usted intentando con eso? La sangre de un cuerpo pertenece toda al mismo grupo, ¿verdad?

—Sí, desde luego.

—Bueno, ¿entonces, para qué todas esas muestras de sangre?

—Para un montón de cosas. Nosotros podremos averiguar multitud de cosas por medio de la sangre..., por ejemplo, la extensión de la intoxicación y cosas de ese estilo. No crea usted que me estoy haciendo el misterioso, Coronel. Lo único que trato es de ser precavido y detesto el proclamar conclusiones hasta que estoy completamente seguro.

—¿Y cuándo estará usted seguro?

—No he terminado mis análisis todavía. Vamos a echarles una mirada.

     El doctor abrió una puerta. Varios ayudantes estaban entregados a hacer los análisis. El doctor Dixon señaló a un quemador de lámpara, un tubo alto de cristal con varios tubos de goma que iban a enlazar con otros más y dijo: —Estamos analizando la sangre de ese muchacho que fue muerto en el accidente de automóvil. Creo que hallaremos un porcentaje suficiente de alcohol que demuestre extrema embriaguez.

Levantó su voz. —Dick, ¿qué han hecho con esas muestras de sangre de Harvey Richmond?

—Estoy preparándome para analizarías.

—Yo las analizo con usted —dijo el doctor Dixon—. ¿Quiere esperar, Coronel?

     —No, gracias. Volveré después. Estoy tratando de asegurarme de que no descuidamos nada importante. Usted sabe ya que si ese crimen fue cometido mientras el barco estaba a doscientos pies del muelle, entonces está fuera de nuestra jurisdicción; pero si el barco fue llevado por la corriente más de doscientos pies, el crimen podría haber sido cometido en nuestro Estado.

—¿Han realizado ustedes experimentos?

—Sí. Nosotros utilizamos grandes bloques de madera e hicimos un barco del mismo tamaño aproximadamente y realizamos la prueba con él.

—¿Cuándo empezó el fuego?.

—No hasta después de estar el barco a unos cien pies del muelle.

—¿Está usted seguro?

—Tenemos un testigo que jura estar seguro de que él vio el primer brote de las llamas y creyó que se trataba de una fogata. Después, cuando las llamas se tornaron más grandes, el objeto incendiado fue arrastrado por la corriente y se ocultó a su vista tras una colina, y todo lo que él pudo ver ya, fue sólo el reflejo del fuego en el cielo.

     "Ed Wallington es hombre hábil para un experimento así. Nosotros hicimos que tendiese una cuerda en el curso indicado y viera dónde se cruzaba con la línea de la corriente. Después medimos la distancia del desembarcadero en términos de deriva y tiempo. Le hubiera llevado entre dos minutos y treinta y ocho segundos y tres minutos y cuarenta segundos al barco el recorrer esa distancia. Nosotros hicimos una serie completa de pruebas. El factor variante depende de cuando la cuerda de la proa fue soltada, con relación al tiempo en que fue cortada la cuerda de la popa. La distancia entre una y otra es aproximadamente de cien pies".

     El doctor Dixon dijo: —A mí me gustaría conocer el orden exacto de los acontecimientos. No obstante, esos disparos fueron hechos a corta distancia.

—¿Había manchas de pólvora en la ropa?

—No. Ninguna cosa tan tangible. Sin embargo, yo he estado tratando de salvar algunas de las ropas chamuscadas y encontré en ellas pruebas claras de partículas de plomo. Nada que uno pueda ver a simple vista, pero cosas que los Rayos X revelan.

—¿A qué distancia estaba el asesino cuando disparó los tiros, doctor?

—Yo diría que a menos de unos ocho pies y a más de dos.

     —¿Qué es eso? —exclamó Stepney—. Eso difícilmente concuerda con la historia que alguien dijo.

—Por eso es por lo que yo quiero comprobar más a fondo algunos de los hechos. ¿Supongamos que yo consigo descubrir algo que pueda probar que Trenton no lo hizo?

     —Usted no podría probarlo. Él puede no haberlo hecho cuando ellos aseguran que él lo hizo, o como ellos dicen que lo hizo, pero él es el asesino. Él tiene que haber sido el asesino.

—¿Pero supóngase que él no fue?

—Caramba, Herb, ellos lo han señalado como el más indicado. Mire a todas las pruebas que apuntan contra él.

—Eso es exactamente lo que yo estoy haciendo.

     La carrera política de ellos puede depender de una rápida condena con un juicio de pruebas relámpago.

—¿Supóngase que ellos están equivocados?

—Bueno, nosotros tenemos que estar muy seguros de nuestros hechos. La forma en que las cosas están ahora... Estoy satisfecho de que todo concordara cuando usted ponga en línea todas las pruebas, Herb.

—¿Y supóngase que no es así?

—Ya cruzaremos ese puente cuando llegue su hora. Hay un montón de cosas en juego..., la cooperación entre la policía de dos Estados entre ellas...

—Y una vida humana por otro lado —dijo el doctor Dixon.

—El sheriff Landes me dijo que ellos tenían una de las huellas dactilares de Robert Trenton en el cargador de la pistola. Es la huella de su dedo pulgar.

     El doctor Dixon dijo: —Yo he mandado hacer fotografías de los cartuchos expelidos por el arma. Aparentemente no hay duda de que fueron disparados y expelidos por esa automática del calibre 32.

     El Coronel Stepney sacudió la cabeza. —Nosotros tenemos que ser prudentes y objetivos, Herb. Usted conoció a ese individuo en el barco y él hizo que usted simpatizara con él. Usted va a tener que echar todo eso a un lado.

—Desde luego. Pero yo no voy a poner mi conciencia del otro lado.

     —Nadie va a pedirle a usted eso, pero si nosotros fuésemos por el otro camino, Herb, tenemos que estar seguros de nuestros hechos y de que podemos seguir adelante. Tendremos que demostrar que Trenton es inocente. Y hacer eso resulta virtualmente imposible. Él tenía en su poder esa pistola. Tenía disparados dos proyectiles y confiesa que él los disparó.

—Ya lo sé —dijo el doctor Dixon. Yo no puedo decir lo que voy a encontrar..., probablemente nada.

—Si usted encuentra algo, entonces encuentre un montón de cosas.

—Yo estoy tratando de encontrar todo lo que pueda, Coronel.

     El Coronel Stepney paseó por el cuarto unos momentos; después dijo despacio: —Muy bien. Nosotros actuaremos con rectitud, doctor. Al diablo con las conveniencias.

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