Chapter 24

     El sheriff Landes y Norton Berkeley, el Fiscal del Distrito, se hallaban sentados conferenciando.

     Había un resplandor de triunfo en la mirada del sheriff Landes, y el Fiscal del Distrito, que tomaba apuntes, hacía de vez en cuando con la cabeza una seña afirmativa de aprobación.

     Landes dijo: —Nosotros tenemos ya todo cosido y envuelto en papel de celofán. Hemos hecho un trato con la Policía del Estado. Ellos van a libertar a Marvus Gentry y él nos va a proporcionar todo lo que necesitamos para ligar a Robert Trenton con el cargamento de narcóticos.

"Y —continuó el sheriff— eso es miel sobre hojuelas. Ahora tenemos una bomba que usted puede hacer estallar en el Tribunal, y que constituye la causa perfecta para haber realizado el crimen.

—¿Qué es? —preguntó Berkeley.

     —Cuando nosotros registramos el cuarto de Harvey Richmond, descubrimos que él había estado cablegrafiándole a las autoridades de Suiza. Allí hay un pequeño parador administrado por un hombre llamado René Charteux. La señora Charteux murió repentinamente, al parecer envenenada por comer una seta, la cual había sido incluida en una salsa hecha con hongos que ella acostumbraba a ponerle a la carne.

     "Aparentemente Richmond tenía sospechas, por una u otra razón. Y le envió un cable desde el barco a las autoridades de Suiza. Las autoridades de Suiza empezaron a trabajar en el asunto. ¿Y qué cree usted que descubrieron?"

—¿Qué descubrieron?

—Que la señora Charteux había muerto porque había tomado arsénico suficiente para matar a un caballo.

—¿Podemos nosotros comprobar eso con Robert Trenton?

—Robert Trenton estaba en el parador.

—¿En qué fecha?

     —Bueno —confesó el sheriff Landes—, hay un poco de discrepancia en esto. Aparentemente él llegó al parador un par de días después del entierro. Pero él estaba muy familiarizado con el esposo. Y Harvey Richmond obtuvo los indicios para actuar en ese crimen, gracias a lo que oyó hablar en el barco cuando él estaba averiguando sobre Trenton. Las copias de los mensajes radiotelegráficos revelan todo eso.

     "Ahora lo que yo me figuro es que usted puede arrojar todo eso en la declaración de apertura del juicio, o puede, si usted quiere, reservarlo para después".

     El Fiscal del Distrito dijo: —Es difícil obtener las pruebas de Suiza de forma que nosotros podamos utilizarlas.

—¿Significa eso que nuestras manos están atadas?

     —No del todo. Hay un montón de formas de sacarle la piel a un gato. Yo puedo esperar hasta que Trenton se encuentre en el estrado de los testigos y entonces empezar a lanzarle preguntas en el interrogatorio, preguntándole si no es un hecho que él estuviera hospedándose en ese parador y si no es un hecho que esa señora Charteux murió muy de repente, y si él no sabía que Harvey Richmond estaba averiguando los hechos relacionados con la muerte de la señora cuando Richmond fue asesinado.

El sheriff asintió con la cabeza. —Eso resultará bien.

Berkeley dijo: —Incidentalmente, no hay razón alguna por la cual usted tenga que mantenerse callado en esto, usted ya sabe.

—¿Quiere usted decir la Prensa?

     —Yo no quiero decir nada —dijo colérico Norton Berkeley— pero no veo causa para que eso sea guardado en secreto. ¿Dice usted que encontró las pruebas allí entre las cosas de Harvey Richmond?

     —Así fue. Allí había copias de los mensajes por radio que él envió y también había un radiograma que él recibió de las autoridades de Suiza el día que él murió. Las autoridades de Suiza están lanzadas en la investigación.

     —Bueno —dijo Berkeley mirando fija y significativamente al sheriff—. Yo no creo que sea necesario que esto permanezca en el plano confidencial por lo que a nosotros respecta.

—Bien, eso es magnífico —contestó el sheriff—. Los periódicos de la ciudad me han pedido una declaración y...

—Mejor déjeme manipular eso a mí —interpuso Berkeley rápidamente. Hay algunos puntos legales que necesitan consideración.

     —Muy bien. Se hará como usted dice. Y aquí hay algo más para agregar a ese complot de envenena¬miento. Cuando los agentes de la Aduana registraron a Trenton, le encontraron dos cápsulas llenas con un polvo blanco en el bolsillo de su albornoz.

—¡Diablos! ¿Fue así? ¿Dónde están las cápsulas?

—Harvey Richmond se las pidió a ellos. Los agentes de la Aduana se las dieron y han desaparecido. Nosotros no podemos encontrarlas.

     Las maneras de Berkeley mostraban excitación. —Entonces es por eso que Trenton lo mató. Él tenía esta prueba que ataría a Trenton a este crimen de Suiza, y entonces Trenton lo mató y recuperó las dos cápsulas. Llame a uno de los agentes de la Aduana para que declare que él ha visto antes polvo de arsénico y que aquellas cápsulas contenían un polvo que era del color del arsénico.

—¿El color del arsénico? —preguntó el sheriff—. Aquellos hombres de la Aduana nunca abrieron las cápsulas. Ellos no las probaron, ni las olieron, ni...

—El color del arsénico —repitió Berkeley.

—Hay demasiadas cosas con ese color. Harina, soda, el substituto de la levadura...

     —No le importe eso —dijo Berkeley—. Usted llame a esos agentes de la Aduana a declarar. Pregúnteles si las cápsulas contenían un polvo que era parecido al arsénico.

     —Muy bien —dijo el sheriff Landas—. Ahora yo he hecho un arreglo para conseguir la libertad de Gentry en esa acusación por la posesión de los narcóticos. Él va a cooperar con nosotros.

—¿Está dispuesto a eso?

—Seguro que lo está. Yo pienso que sería una buena idea para nosotros hablar con él.

     Berkeley jugueteaba con su lápiz. Es mejor tener todas las cuestiones preliminares aclaradas antes de que un testigo como ese hable oficialmente con el Fiscal del Distrito.

     —Ya lo sé, ya lo sé —dijo Landes—. Yo sé lo que usted piensa sobre eso, pero esta es una ocasión en la que nosotros no podemos arriesgarnos a sufrir algún mal entendido. Yo creo que sería una buena idea si usted comprobase conmigo estas cosas. De esa forma nosotros los dos podríamos..., bueno, nosotros vamos algo así como unidos en esto.

—¿Dónde está él ahora?

—Esperando fuera en el otro cuarto, bajo la custodia de uno de los auxiliares.

 

—Muy bien —dijo Berkeley— Tráigalo aquí.

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