Chapter 27 ( cont )

—¿Usted comprobó la causa de la muerte? —preguntó con indiferencia Irvine.

—Si, la comprobé.

—¿Cuál fue?

—La muerte fue causada primeramente por quemaduras —dijo el doctor Dixon.

—¿Por quemaduras? —repitió con sorpresa Irvine.

—Exactamente.

—¿Y qué sobre las balas? —dijo repentinamente el abogado.

—Bueno —contestó el doctor Dixon—, yo no tuve oportunidad de ver las balas alojadas en el cuerpo; pero, sin embargo, creo que la muerte no fue producida por los tiros sino por quemaduras.

     Staunton Irvine, volteó la hoja de papel. La segunda página estaba en blanco, allí no había más preguntas.

—Eso es todo —le susurró Rob Trenton.

—Pero ahora estamos solamente empezando —dijo Irvine.

—Sin embargo, no haga más preguntas —le dijo Rob.

—¿Pero, por qué? Nosotros podemos tener ahora alguna oportunidad.

—Yo no lo sé pero esa es la forma que el doctor Dixon lo planteó.

—El Fiscal del Distrito lo partirá en dos mitades al repreguntarle —cuchicheó Irvine.

     —Vamos, vamos, caballeros —reconvino el Juez—. Vamos a continuar con el juicio.

—Eso es todo, Su Señoría.

El Juez miró al Fiscal del Distrito.

     Norton Berkeley, con cierto aire de burla, se levantó y dijo: —Bien, doctor, así es que usted declara que supone que Harvey Richmond murió a consecuencia del fuego. ¿Es eso exacto?

—Sí, señor, lo es.

—Sin embargo, usted no vio en dónde se hallaban alojadas las balas fatales, ¿verdad?

—Me supongo —dijo el doctor Dixon— que las balas fatales a que usted se está refiriendo son las presentadas con el número uno y dos como pruebas del Pueblo.

—Así es.

—No, señor, yo no vi en dónde se hallaban alojadas esas balas en el cuerpo.

—¿Y vio usted las placas de los Rayos X?

—No, señor, tampoco las he visto.

     —Écheles un vistazo ahora, entonces —invitó Berkeley—. Le voy a mostrar a usted las pruebas números cuatro y cinco. ¿Ve usted donde estaban alojadas? Es decir, ¿puede usted orientarse por sí mismo, doctor? ¿Puede usted interpretar la anatomía de esas fotografías?

—Yo puedo hacer eso por mí mismo muy bien, gracias.

—¿Y ve usted las balas tal y como esas fotografías las muestran?

—Sí, las veo.

—¿Cree usted que esas balas pudieran haber sido disparadas sobre el cuerpo de un ser humano viviente sin causarle la muerte?

—No, señor.

—Más bien una muerte instantánea, ¿verdad?

—Sí, señor.

     —¿Y no obstante usted dice que por el examen que usted realizó en ese cuerpo cree que ese hombre resultó muerto a consecuencia del fuego?

     —Yo estoy seguro de que así fue —dijo despacio el doctor Dixon—. Y ahora, si usted me lo permite, le explicaré esta seguridad mía. Quiero añadir también que Harvey Richmond se vio envuelto en alguna pelea, una pelea que precedió inmediatamente a su muerte; que recibió en el curso de ella varios golpes en el cuerpo; que después de eso fue golpeado en la cabeza y entonces es muy posible que su cráneo resultase fracturado y por eso perdió el conocimiento; mientras sé hallaba inconsciente, el barco fue incendiado, pero Harvey Richmond vivía aún; aunque estaba inconsciente, vivió algún tiempo después de empezar el fuego; lo suficiente para que el incendio le causara la muerte.

     —¿Y usted quiere decirnos que todo eso lo dedujo usted de un examen en los restos carbonizados del cadáver? —preguntó Berkeley con gran sarcasmo—. ¿O quizá usó usted una bola de cristal para adivinarlo, doctor?

—Lo deduje solamente de los hechos patológicos que encontré al examinar el cadáver.

—Bueno, entonces, en razón de todo lo que esto significa para nosotros, díganos usted exactamente cómo descubrió usted todo eso.

     —Empezaré diciendo —dijo el doctor Dixon— que yo era amigo de Harvey Richmond. Yo sabía que él era de complexión fuerte y corpulento. Lo que no es generalmente creíble es que más bien toda la gente tiene una capa subcutánea de grasa y que ésta varía según el individuo. En el caso de Harvey Richmond tenía una capa subcutánea de grasa muy definida.

—¿Y qué tiene eso que ver con todo esto? —pregunto Berkeley.

     —Pues sencillamente esto. En el caso de que una persona reciba violentos golpes en su cuerpo, algunas de las células de la grasa subcutánea se rompen y se desligan de la estructura general de grasa y entran en la sangre fluyendo en forma de glóbulos. Una vez que esos glóbulos grasientos han entrado en la sangre, son llevados por aquélla a los pulmones, por medio de la circulación natural. Pero en los pulmones algunos de los vasos sanguíneos son tan pequeños que los glóbulos grasientos obstruyen a los pequeños vasos. Y examinando los tejidos de los pulmones bajo un microscopio, esos glóbulos grasientos pueden ser realmente identificados.

Berkeley dijo: —Doctor, eso me suena a mí a increíble.

—Sin embargo, es un hecho.

—¿Y encontró usted esos glóbulos grasientos en los vasos de los pulmones?

—Sí, los encontré.

     —¿Doctor, podría usted presentar una autoridad competente que apoyara esa aserción?

     —Ciertamente —dijo el doctor Dixon—. Es generalmente conocida en las esferas de los mejores patologístas. Sin embargo, si usted lo desea, yo puedo presentar una autoridad.

     Abrió una cartera, sacó un libro y dijo: —Aquí está un libro que se titula "Investigación de Homicidios por el Dr. Lemoyne Snyder". El doctor Snyder dice en la página 170: "Todas las personas tienen una cierta cantidad de grasa depositada debajo de la piel, en la cavidad abdominal y en el hueso medular. Si la persona es golpeada violentamente, alguna de esa grasa será desprendida y llevada por la sangre mediante la circulación y de regreso al corazón. Desde allí pasará a los pulmones, pero aquí la sangre pasa a través de unos vasos sanguíneos tan pequeños, que esos glóbulos grasientos son obligados a permanecer allí obstruyendo el paso de la sangre porque la grasa no puede pasar a través de esos vasos sanguíneos tan pequeños. Y cuando un patologista examina el tejido de los pulmones bajo un microscopio, esos glóbulos grasientos pueden ser realmente identificados, por medio de un colorante especial. La piel y la grasa fundamental allí donde el muerto haya recibido los golpes puede haber sido destruida anteriormente por el fuego, pero si los glóbulos grasientos son encontrados en los pulmones, eso significa dos cosas: Una, que el muerto sufrió violencia directa en alguna parte de su cuerpo. Dos, que él estaba vivo cuando esa violencia fue infligida".

     El Fiscal del Distrito, tratando de refutar la declaración del doctor, dijo sonriendo con naturalidad: —Ya veo, ¿y sólo porque usted encontró unas pocas células grasientas en los pulmones de este hombre, llegó usted a la conclusión de que él había sufrido violencia antes de la muerte?

—Así fue.

     —Y por consiguiente, las balas fatales no tuvieron particular significado en esa muerte, ¿verdad?

     —Hay otras razones las cuales entran también en mi opinión —dijo el doctor Dixon—. Por ejemplo, cuando un cuerpo es expuesto al fuego hay ciertos medios de determinar si esa persona estaba viva o muerta en el momento de empezar el incendio. Si la persona estaba viva, entonces estaba respirando. Y si estaba respirando necesariamente tuvo que inhalar ciertas partículas de hollín, y esas partículas pueden ser encontradas por medio de un examen cuidadoso de los órganos de paso del aire. Yo hice el examen y encontré muchas de esas partículas en los pasajes de aire del muerto. Por esta razón yo sé que él estaba vivo y respiraba mientras el fuego se desencadenaba a bordo del barco.

—¿Pero usted no sabe si él estaba consciente o no?

—Yo virtualmente estoy seguro de que estaba inconsciente.

     —Inconsciente porque estaba tendido en el suelo a causa de las balas que había recibido y las cuales por alguna extraña razón no fueron inmediatamente mortales —dijo el Fiscal del Distrito como pensando finalmente dar por terminada la declaración del doctor.

     —Usted me va a perdonar —dijo el doctor Dixon—, pero yo sé que el hombre había sido golpeado en la cabeza y que esto había sido poco antes de iniciarse el fuego y que estaba sin duda alguna inconsciente cuando el fuego empezó.

—Eso es una contribución más de su vidente medicina, me supongo, doctor —dijo Berkeley tratando por medio del sarcasmo de destruir los peligrosos efectos que la declaración del doctor pudieran causar en el Tribunal.

     —No hay nada de vidente en todo esto. Esto es un asunto de determinación científica. Cuando...

     —Bueno, yo no creo que estemos interesados en todas esas cosas llamadas también charlas científicas —le interrumpió el Fiscal del Distrito—. Se ha establecido por medio de competentes e inalterables declaraciones médicas que a ese hombre le dispararon, que él fue alcanzado por balas disparadas de una cierta arma y que esas balas le hubieran causado una muerte instantánea. Yo no creo que necesitemos hacerle perder más tiempo al Tribunal con cualesquiera nuevas disertaciones sobre ciencia abstracta.

     —Usted me va a perdonar —replicó el doctor Dixon—, pero usted me preguntó a mí cómo es que yo sabía que ese hombre había recibido un golpe en la cabeza y estaba inconsciente poco antes del tiempo de empezar el fuego. Y yo quiero contestar a esa pregunta.

—Bueno, a mí no me interesa oiría —dijo el Fiscal del Distrito—. Eso es todo.

     El Juez interpuso: —Parece ser que el doctor está tratando de explicarnos alguna cosa y nosotros quisiéramos saber qué es.

     —Yo retiro mí pregunta —dijo el Fiscal del Distrito. Yo reconozco el deseo por parte del doctor Dixon de mostrar su erudición médica, y aunque estoy enteramente dispuesto a declarar que es un hombre dotado de gran capacidad científica, no veo razón para que se oscurezcan los objetivos en este caso únicamente para proporcionarle al doctor el hacer pública ostentación de sus conocimientos, que yo gustoso reconozco.

     —Yo creo —dijo fríamente el doctor Dixon— que usted ha tergiversado absolutamente el propósito de mi declaración.

     —Bueno, de cualquier forma mi interrogatorio ha concluido —dijo el Fiscal del Distrito—. Eso es todo lo que tenía que repreguntarle, doctor.

     El Juez miró hacia donde se encontraba el Defensor. —¿Tiene usted que hacer algún interrogatorio redirecto? —le preguntó.

     Staunton Irvine sacudió su cabeza en forma negativa, pero antes de que él pudiera decir, “No hay interrogatorio redirecto", Rob Trenton interpuso una pregunta: —¿Cómo supo usted que el hombre recibió un golpe en la cabeza poco antes de empezar el fuego, doctor?

     —Un momento, un momento —interrumpió Berkeley—. Su Señoría, me opongo a esa clase de interrogatorio. El acusado está representado por un abogado y si aquél quiere, puede ciertamente trasladarle sus habilidades a él. Pero no necesita levantarse y venir aquí con comentarios, interpelaciones y preguntas. El abogado ha significado que no hay más preguntas.

     —Creo que es al abogado a quien le corresponde hacer las preguntas —señaló el Juez.

—Haga esa pregunta, entonces —le ordenó a su abogado Rob Trenton.

—Me opongo a eso —replicó Berkeley—; el abogado ya ha significado que no hay preguntas en el interrogatorio redirecto. Él sacudió la cabeza en forma negativa.

     Rob Trenton preguntó: —Su Señoría, ¿es que no tengo yo algún derecho en este caso? Yo...

     —Un momento —interrumpió el Juez—. El abogado puede haber sacudido su cabeza, pero eso no quiere decir nada en cuanto al protocolo se refiere. El ahogado tiene que decir algo para informar al Tribunal y que éste pueda oírlo con objeto de guardar todas las cosas en orden. Ahora, pues, señor Irvine, ¿tiene usted algún interrogatorio redirecto que hacer?

Irvine dudó.

—Haga la pregunta —dijo Trenton.

Irvine susurró: —Yo creo que nosotros nos estamos metiendo en...

—Haga la pregunta —le repitió Trenton.

     —Muy bien —dijo Irvine de mala gana—. ¿Cómo sabe usted que el hombre recibió un golpe en la cabeza y que estaba inconsciente poco antes del incendio, doctor?

     —Porque —dijo el doctor Dixon— cuando yo abrí el cráneo encontré un coágulo de sangre en el interior de aquél, el cual había sido muy evidentemente causado por violencia. Probablemente por un golpe que había sido infligido en el cráneo.

—Eso es todo —dijo Irvine. No hay más preguntas en el interrogatorio redirecto.

     El doctor Beaumont cuchicheó excitadamente con el Fiscal del Distrito y éste, sonriendo triunfalmente, dijo: —Un momento, doctor. Yo tengo algunas repreguntas. ¿Así que usted declaró que usted encontró algo de sangre en el cráneo del muerto cuando usted abrió éste?

—Así fue.

—¿Y usted cree que eso fue resultado de un golpe en la cabeza?

—Sí.

     —¿No sabe usted, doctor, como cuestión de hecho, que en casos de quemaduras el calor puede muy bien causar fracturas del cráneo, de forma que patologistas dotados sólo de relativa experiencia..., y yo digo esto no con idea de personalizar sino únicamente con el propósito de establecer un hecho especifico... aceptarían una fractura producida por el calor como prueba de que la violencia directa hubiera sido sufrida antes de la muerte?

     —Yo estoy muy enterado de todo eso —dijo el doctor Dixon—; pero yo analicé la sangre del cerebro para ver si encontraba carbón monóxido y no lo hallé. Me fue posible reunir una muestra de sangre del hígado y la analicé y encontré en ella un alto porcentaje de carbón monóxido. Es por lo tanto un hecho, que no puede ser puesto en duda seriamente, que la sangre que formó el coágulo en la cabeza había formado éste antes de empezar el fuego, pues esta sangre había dejado de circular cuando el fuego empezó. Y por el contrario la sangre que estaba circulando a través del corazón y de las vías respiratorias se contaminó con carbón monóxido. Yo sé por esta razón que la herida que había causado ese substancial coágulo de sangre había sido infligida antes del incendio. Por consiguiente, yo estoy obligado a la conclusión de que el hombre se hallaba inconsciente cuando el fuego empezó y que él vivió lo suficiente después de empezar el incendio para inhalar partículas del hollín del humo y tener la sangre que estaba circulando impregnada con un gran porcentaje de carbón monóxido, el suficiente también para causar la inconsciencia y probablemente la muerte antes de que las llamas, de hecho, llegaran a su cuerpo. Y también sé que él había recibido violentos golpes en el cuerpo poco tiempo antes de la muerte. Es por lo tanto mi conclusión que las dos balas que fueron halladas en una parte del cuerpo donde ordinariamente tendrían que haber causado la muerte instantánea, fueron deliberadamente disparadas en el cuerpo después que la muerte ya se había producido.

     —Pero eso no pudo haber sido, doctor —gritó el Fiscal del Distrito—. Su declaración es contraria a todas las pruebas. El arma fue disparada dos veces poco antes del momento de empezar el incendio y después de eso el arma permaneció guardada todo el tiempo.

     —¿Cómo sabe usted que el arma estuvo guardada todo el tiempo? —preguntó el doctor Dixon.

—Fue encerrada con llave en un escritorio.

—¿Y quién tenía la llave de ese escritorio?

     El Fiscal del Distrito exclamó: —Pero esta es una situación absurda, Su Señoría. Él supone una fantástica y grotesca ilación de los sucesos de la cual aquí no hay prueba.

     Merton Ostrander, de pie, dijo desde su sitio al frente de la línea de espectadores: —Su Señoría, yo guardé esa llave. Esta no salió de mi poder en toda la noche. Siento cualquier implicación que sea hecha y pido una oportunidad para justificarme a mí mismo.

     —Un momento —observó el Juez, dando con su mazo sobre la mesa para poner orden—. Usted ya ha declarado, y si el Tribunal desea alguna declaración más de usted, lo llamará al estrado de los testigos donde usted, bajo juramento, nos aclarará todo eso. Yo no admito ningún comentario de los espectadores.

El Juez puso su mano sobre la frente y después la pasó por la cabeza pensativo.

     Staunton Irvine dijo: —Su Señoría, yo creo que todos nosotros pasamos por alto un hecho muy significativo en la situación. Estaba presente en esa casa una muchacha, Linda Carroll, sobrina de Linda Mae Carroll. Es en el coche de esta joven donde fue encontrada la expedición de narcóticos. Esta muchacha estaba en la casa cuando el acusado llegó con su arma automática y ahora esta joven ha desaparecido misteriosamente. Yo he tratado de citarla a ella a comparecer y ha sido imposible encontrarla. Está bien claro que la policía la ha buscado, pero ha sido en vano. Ahora yo creo que mi cliente tiene derecho a...

     —No diga una sola palabra contra mi sobrina —gritó Linda Mae poniéndose de pie—. Ella es una buena muchacha y se presentará cuando sea ocasión de presentarse. Ella no va a consentir que su nombre sea arrastrado por el fango, y además estar nerviosa. Ella...

El Juez golpeó furiosamente con el mazo sobre la mesa y dijo:

     —Ya lo he repetido varias veces advirtiendo a los espectadores que no interpongan comentarios.

     —Yo no estoy interponiendo comentarios dijo Linda Mae. Yo estoy tratando de impedir que este Tribunal haga el ridículo.

     No obstante la excitación de los espectadores y el respeto al Tribunal, hubo una explosión de risas.

     El Juez golpeó con el mazo por un momento, después repentinamente sonrió y parecía tener alguna dificultad él mismo en contener la risa. Sin embargo, dijo: —Ya basta. Siéntese, señorita Carroll. El Tribunal considerará este asunto en su debido orden.

     Staunton Irvine dijo: —Su Señoría, yo creo que los comentarios de Merton Ostrander están claramente en orden. Aunque es verdad que yo estoy representando al acusado en este proceso, yo conozco a Merton Ostrander desde hace años y puedo atestiguar por...

—¿Para qué está usted aquí? —le interrumpió el Juez.

—Cómo, Su Señoría, yo estoy tratando de lograr que se haga justicia.

—Se supone que usted está representando a este acusado —dijo el Juez.

     —Y lo estoy, Su Señoría, pero no puedo dejar de declarar que yo conozco a Merton Ostrander y puedo garantizar su honradez.

     —Usted no tiene que garantizar la honradez de nadie —le contestó el Juez—. Se supone que usted está aquí representando a este acusado, y si hay alguna explicación por lo que sucedió que lo proclame a él exento de culpa, el deber de usted es llamar la atención del Tribunal.

     —¿Incluso sí yo sé que eso es demasiado absurdo para ser defendible, Su Señoría? Yo deseo señalar el mismo punto que anteriormente dije de que había otra persona presente en esa casa y...

Rob Trenton, repentinamente, echó su silla para atrás y se levantó: —Su Señoría —preguntó—, ¿puedo tener el privilegio de hacer una manifestación?

—No, mientras usted tenga un abogado que lo represente.

—¿Tengo el derecho de poder despedir este abogado?

—Lo tiene usted si así lo desea —dijo el Juez.

Trenton, volviéndose al abogado, dijo: —Está usted despedido.

     —Eso me ofende —dijo Irvine—. Yo me he esforzado consecuentemente en proteger sus intereses en una forma que...

     —No se preocupe de hablar sobre lo que se hizo antes —dijo Trenton—. Yo quiero realizar mi propia defensa de ahora en adelante, y como para hacerlo tengo que despedirlo a usted, por eso lo hago. Así, pues, está usted despedido. ¿Entendió usted eso?

     —Lo entendí, pero yo creo que una acción de esas, particularmente en el sitio donde estamos y en una forma pública, es ofensivo a mi dignidad profesional, a mi reputación y...

     —Muy bien —interrumpió el Juez—, usted está despedido. Y ahora, joven, usted quería decir alguna cosa. ¿Qué es?

Trenton dijo: —Yo quiero hacerle al doctor Dixon algunas preguntas.

     —Muy bien, hágalas. El Tribunal también tiene unas pocas preguntas que le gustaría que fueran contestadas. Este proceder es probablemente un poco irregular, pero nosotros vamos a tratar de llegar al fondo de este asunto.

Trenton dijo al doctor Dixon: —¿Tiene usted algunos hechos, doctor, que puedan darnos alguna luz de lo que sucedió?

     La voz del doctor Dixon era implacablemente fría y sistemática: —Hay varias cosas. En primer lugar, uno no sabe por qué las balas, presentadas como pruebas uno y dos, no pasaron enteramente perforando el cuerpo de parte a parte sino que permanecieron alojadas en los órganos vitales.

     "Si uno examinase esas balas cuidadosamente encontraría ciertas marcas en ellas, las cuales son virtualmente idénticas; sin embargo, no fueron hechas por las estrías interiores del cañón del arma presentada como prueba número tres.

     "Parece evidente que esas son marcas hechas con alicates y que las balas fueron primeramente extraídas de los cartuchos de forma que algo de la carga de pólvora pudo serles quitada a aquellos, y luego las balas fueron colocadas de nuevo en los cartuchos y después disparadas dentro del cuerpo del finado.

     "Se recordará que el incendio se apagó poco después de medianoche, y que las autoridades no inspeccionaron el barco hasta bastante después de amanecer el día.

     "Yo puedo declarar más ampliamente que esta mañana recuperé una bala de uno de los pilares del pequeño desembarcadero al cual el barco había sido amarrado. Esa bala, aparentemente, era una bala fresca, y había sido disparada por la automática que ha sido presentada como prueba con el número tres. Yo examiné personalmente esa bala y la comparé con una bala de ensayo bajo un microscopio de confrontación, y como resultados supe que fue disparada recientemente y por la misma arma.

     "El Tribunal también notará que en el caso de que el finado encontrase la muerte en un intervalo apreciable después de empezar el fuego, la muerte estaba fuera del límite territorial de este Estado, porque el barco, conforme a la declaración de los testigos, y conforme a la inspección que con todo cuidado se ha hecho, fue arrastrado por la corriente y después de cruzar el río encalló en un arenal, que efectivamente se encuentra fuera del límite jurisdiccional de este Estado".

     —¿No hay un estatuto que prevea la jurisdicción conjunta en casos de delitos los cuales ocurran dentro de una razonable distancia de los límites de los dos Estados? —preguntó el Juez.

—Yo soy médico, no abogado —dijo el doctor Dixon.

     El Fiscal del Distrito dijo: —Hay varios estatutos. Yo no sé si ellos abarcan a este caso o no. Hay un estatuto que determina que cuando una persona intenta cometer un delito y hace cualquier cosa en este Estado que culmina en la comisión de un delito fuera del Estado, los efectos son los mismos que si el delito hubiese sido cometido enteramente en este Estado, y hay también un estatuto proveyendo que cuando un delito es comenzado a realizar fuera del Estado pero es consumado dentro del Estado, aunque el acusado estuviera fuera del Estado en el momento de cometerse el delito, el acusado está incurso en pena exactamente igual que si se hubiera encontrado en este Estado.

     Rob Trenton dijo: —Bueno, Su Señoría, yo no soy médico ni abogado, pero me parece a mí que las condiciones citadas por el Fiscal del Distrito no corresponden a este caso. Si Harvey Richmond fue muerto por balas disparadas antes de empezar el fuego, ese crimen pudo muy bien haber sido cometido en este Estado, pero si fue muerto por el fuego, aparte del hecho de que hubiera recibido un golpe anteriormente en la cabeza, es una cuestión de saber dónde ese hombre fue muerto.

—O si el fuego fue provocado deliberadamente —dijo el Juez.

     El Juez, con los labios apretados y la expresión ceñuda, se rascó una vez más la cabeza y después, repentinamente, se volvió al Fiscal del Distrito y dijo: —Señor Fiscal del Distrito, según yo entiendo, el Tribunal tiene el poder en este caso de procesar y detener al acusado para juicio y después, y en consecuencia de lo que los testigos declaren, libertarlo o meterlo en la cárcel, y el Tribunal tiene también el poder de descartar el caso enteramente. Ahora, según yo entiendo, si el caso está descartado, eso no constituye ningún impedimento para arrestar a este hombre otra vez, en caso de ser halladas otras pruebas ocultas que lo relacionen a él con el crimen.

     —No —dijo un poco dudoso el Fiscal del Distrito——. Yo no supongo que exista ningún impedimento, pero desde luego, hay el efecto moral, Su Señoría. Y el asesinato no es una acusación que esté inclusa en la libertad bajo fianza.

     —También —señaló el Juez— hay otra cosa que usted tiene que tomar en consideración, señor Fiscal, y es que si el Tribunal detiene a este hombre con esta acusación y después aparecen pruebas ocultas que señalan a alguien más como culpable, el hecho de que estaba detenido este acusado también va a tener un efecto moral. Si yo estuviera en su lugar, mejor olvidaba todo esto por en cuanto y haría una nueva investigación.

     —Desde luego, Su Señoría —dijo el Fiscal del Distrito—, el doctor Beaumont está enteramente convencido de las causas de la muerte.

     —Desde luego que él lo está —replicó el Juez—, y yo no estoy diciendo ninguna cosa contra el doctor Beaumont. Él practicó una autopsia hasta que encontró lo que él pensaba que era la causa de la muerte y después dejó de buscar porque ya había encontrado lo que buscaba... Él pensaba que lo había hallado; pero si él hubiese investigado un poco más a fondo, hubiera encontrado las mismas cosas que halló el doctor Dixon y probablemente hubiera llegado a las mismas conclusiones.

     "Lo que el Tribunal quiere señalarles a todos los interesados, es el hecho de que si no hubiera sido porque el doctor Dixon entró en escena y realizo una nueva investigación, la cual descubrió esos extraños hechos, que yo considero indiscutibles, el acusado en este caso habría sido confinado por asesinato y sin duda alguna habría sido declarado convicto de asesinato en primer grado y probablemente ejecutado. El hecho de que el doctor Dixon hiciera una nueva autopsia, constituye una lección que yo no creo que dejaremos de tener en cuenta ninguno de nosotros.

     "Así pues, ahora, el Tribunal rechaza la demanda fiscal contra este acusado, y en cuanto a lo que al Tribunal respecta, aquél queda libre incondicionalmente. El Tribunal cree que hay multitud de nuevas oportunidades para investigar este caso y creo que es el camino más claro para esclarecer eso en una investigación dirigida de una manera imparcial y eficiente. El acusado queda en libertad sin fianza y la audiencia es aplazada".

 

     El Juez golpeó el mazo con decidida contundencia, poniendo silencio efectivo a las semiprotestas del Fiscal del Distrito.

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