Chapter 30

La voz del doctor Dixon llegó desde la oscuridad preguntando:

—¿Está usted herido?

Su propia voz le sonó extraña a Rob cuando contestó: —Creo que estoy un poco aturdido.

—Vengan aquí dentro.

     Se encendieron unas luces y entonces Rob vio que estaba en un dormitorio sencillo pero confortablemente amueblado.

     En una silla cerca de una ventana, con las manos atadas detrás del respaldo de la misma, se hallaba Linda Carroll. Sus tobillos estaban atados a las patas de la silla y Rob pudo darse cuenta de la palidez del rostro de la muchacha.

—¡Rob, oh, Rob! —exclamó la muchacha y después se quedó silenciosa.

El Teniente Tyler encendió más luces.

     Moose Wallington echó su manaza agarrando del brazo al prisionero y le dijo: —No haga ahora ningún movimiento. Usted puede resultar maltrecho si no obedece.

     El doctor Dixon cruzó el cuarto diciendo: —Ahora, todo se va a arreglar —y desató los nudos que aprisionaban los tobillos de la muchacha sujetos a las patas de la silla. Un momento después, sacó su navaja y rápidamente cortó las cuerdas que le ataban las muñecas preguntando: —¿Cómo está usted? ¿Se siente bien?

—Sí —contestó ella—. Yo... —Rió nerviosamente, y después volvió a guardar silencio.

     El doctor Dixon dijo: —Nosotros somos de la Policía del Estado. ¿Le importaría a usted decirnos...?

—Yo no tengo nada que decir.

     El rostro del doctor Dixon se oscureció. —Usted no puede permitirse el lujo de adoptar esa actitud ahora, señorita Carroll. Después de todo, fue su coche el que se utilizó para el contrabando.

—Lo siento, pero yo no tengo nada que decir. No quiero hacer declaración alguna.

     Rob se dirigió hacia el doctor Dixon y dijo: —Yo creo que puedo decirle a usted todos los hechos más esenciales.

     El doctor Dixon arqueó las cejas en forma enigmática y le dijo a Rob: —La Policía del Estado tenía órdenes de seguirlo a usted cuando se apease de mi coche. Usted probablemente no sabía que lo seguían; pero, sin embargo, parece que sabía exactamente adonde tenía que ir y lo que tenía que hacer cuando vino aquí.

     Rob, un poco cabizbajo, contestó: —Yo supongo que debí de confiarme a la policía.

     —No necesitó hacerlo —dijo con una sonrisa el doctor Dixon—. Creo que nosotros ya sabemos en términos generales lo que ocurrió. Y creo que nuestros razonamientos son paralelos a los suyos, Rob, pero yo no sé cómo usted averiguó este lugar y lo que estaba usted buscando aquí.

     Rob contestó: —Después de todo, es bien sencillo. Tenía que haber alguna mujer envuelta en este asunto. Alguna mujer que conociese a las personas de ese parador de Suiza. Una mujer que pudiera tener fácil acceso al sedan Rapidex. Yo sabía que no era Linda Carroll. Entonces solamente podía ser otra persona, Linda Mae. Esta encerró en el escritorio con llave la pistola y le dio una llave a Ostrander. Ella siempre se refería a la llave, pero es más que razonable el suponer que tenía que tener dos llaves de ese escritorio.

     —Desde luego, las tenía —replicó el doctor Dixon—. Es la única explicación. Yo comprendo que a la señorita Carroll le desagrade declarar contra su propia familia, pero creo que eso simplificaría el asunto, y si ella dijera su historia.

     —Muy bien —dijo Linda desalentada—. Yo creo que ya no hay que tratar por más tiempo de ocultar las cosas.

     "Mi tía siempre ha sido excéntrica y decididamente sin escrúpulos. Ella tiene cierto talento pero posee una imaginación muy limitada. Puede pintar como cualquiera, pero tiene gran dificultad en encontrar el tema para pintar.

     "Hace un año, cuando ella estaba en Suiza, encontró un cuadro muy original, hecho por algún artista poco conocido en Suiza. Una pintura del amanecer en un lago, con una fogata en uno de los lados de aquél y el humo subiendo derecho como una flecha y después desparramándose en una larga y confusa nube.

     "Bueno, sencillamente Linda Mae robó ese cuadro. Es decir, ella no lo tocó, pero estudió el colorido, la composición y el tema en general de la pintura. Después, cuando regresó a casa, lo imitó y lo vendió a una compañía impresora de almanaques. Eso fue la ruina de ella, porque el calendario atrajo la atención tanto y se hizo tan popular, que finalmente una de esas copias fue enviada a Suiza y... bueno, la cosa estaba guardada en secreto; pero gentes que estaban en posición de hacer valer la reputación del verdadero artista, lo supieron.

     "Eso fue un terrible golpe para tía Linda Mae. Ella estaba conquistando una gran reputación con esa pintura. Yo puedo comprender un poco de lo que eso tuvo que significar para mi tía. Bien, ella fue a Europa. Y por entonces yo no sospeché nada, pero me di cuenta de que de repente mi tía Linda Mae se volvió muy espléndida. Me figuré que debía de haber algo de contrabando, aunque no tuve ni la más remota idea de que se tratase de contrabando de narcóticos. Pensé que sería relacionado con joyas solamente.

     "Este año yo decidí ir a Europa. Me llamó algo la atención el ver que Linda Mae no trataba de acompañarme y que ella insistiera en cambio en que yo me detuviese en ese parador para saludar a la señora Charteux y a su esposo.

     "Analizando las cosas ocurridas ahora, ya puedo verlo todo con claridad. Tía Linda Mae, claramente decidió usarme a mí como una trampa. René Charteux era el cómplice de ella en el contrabando. Y para él únicamente era necesario tener el coche unas horas a su disposición para poder meter en él el contrabando y hacer una pequeña fortuna cuando ese contrabando fuera introducido en los Estados Unidos y vendido al menudeo.

     "Yo creo que la esposa de René Charteux sospechó algo de lo que René estaba haciendo y trató de impedirlo diciéndolo a la policía, y esa fue la causa por la que ella desapareció repentinamente y que se muriera en forma que aparentemente había sido un caso de setas envenenadas.

     "Confieso ahora que yo fui un poco tonta. Yo no logré sumar dos y dos hasta después que Rob me dijo lo que él había encontrado en el coche. Y sólo después que Rob fue detenido y acusado de asesinato me di repentina cuenta de lo que debía de haber sucedido. Y aun entonces fui tan tonta que no acudí a la policía. Pensé que yo sola lo podría arreglar.

     "Intenté jugar a ser inteligente. Comprendo que yo estaba completamente ignorante de todas las siniestras complicaciones. Intenté engañar a tía Linda Mae y hacer como si nada hubiese ocurrido y como si yo no me diese cuenta de nada. Pero ella, que es ladina como un reptil, tuvo que haber leído en mí mente. Y ahora creo ya seguro que ella supo con más precisión que yo misma el momento en que yo al fin sumé dos y dos. Ella insistió en que tomáramos una taza de té. Y antes de cinco minutos de haber tomado el té, me di cuenta de que éste estaba narcotizado. Traté de reaccionar para tener tiempo suficiente de hacer una llamada telefónica, pero mis piernas me daban la sensación de estar blandas como agua y mis manos pesadas como el plomo. Simplemente no era capaz de levantarlas. Me desplomé en el suelo y me dormí.

     "Cuando desperté estaba aquí. Yo no sé lo que tía Linda Mae pensaba hacerme. Quizá ella misma tampoco lo supiese".

El doctor Dixon miró al Teniente Tyler.

     El Teniente Tyler dijo: —Bueno, yo creo que las cosas están ahora aclaradas. Nosotros queremos que ustedes vengan a la Jefatura de la Policía y que hagan una declaración y la firmen.

     Linda dijo: —Mire, no es tanto lo que yo sé como lo que me figuro. Por ejemplo, esa noche, cuando Merton Ostrander y yo llegamos a la casa, tía Linda Mae nos dijo que ella ya estaba en la cama. Su pelo se hallaba suelto y algo caído encima de su rostro y ella tenía toda la apariencia de salir realmente de la cama y..., bueno, ella me engañó. Yo creí que realmente estaba acostada.

El Teniente Tyler, con expresión ceñuda, le dijo a Rob Trenton:

—Todavía no comprendo como usted logró verse mezclado en todo esto.

     Rob le contestó: —Sencillamente, después que analicé la declaración del doctor Dixon, vi con claridad que alguien tenía que haber disparado dos balas en el cuerpo de Harvey Richmond con la pistola que yo tenía en mi poder cuando abandoné el barco. Desde el momento en que esas balas fueron disparadas después de empezar el incendio, tuvieron que haber sido disparadas después que el arma había sido guardada bajo llave en el escritorio. No había otro camino.

     "Entonces empecé a pensar en un montón de cosas. Pensé que una mujer tenía que estar mezclada con esa banda. Yo había visto a una mujer cuando empezó el fuego en el barco. La había oído a bordo del mismo poco antes de eso. Hubo una mujer que fue con el hombre a desenterrar los narcóticos. Ella se había escapado y tuvo que ser por ella por quien los contrabandistas se enteraron tan rápidamente de que la policía estaba esperando en el lugar donde yo había enterrado el cargamento de contrabando.

     "Después recordé que todos se habían puesto muy excitados cuando aparecí en la casa de Linda Mae, y que ella me dio un vaso de leche caliente y que yo en seguida me dormí profundamente y no desperté hasta ya tarde la próxima mañana. Tiene que haberle puesto algo de narcótico en esa leche para que tal sucediera.

     "Y Linda Mae le había dado instrucciones a Merton Ostrander para que éste llevara el coche y lo estacionara en un lugar en el Mercado Midget y lo dejara allí con las llaves puestas.

     "Ella pudo muy bien haber narcotizado a Linda y a Merton Ostrander, lo mismo que me hizo a mí, poniendo algún narcótico en mi vaso de leche caliente. Después fue a su escritorio y sin duda alguna tenía una llave duplicada de aquél. Por lo tanto, tuvo que haber sido fácil para ella abrir el escritorio, tomar el arma, ir al Mercado Midget y conducir el coche que estaba allí a algún sitio para comunicarse con sus cómplices..., y gracias a mi estúpida charlatanería, contarles toda mi historia, pues ella tenía todos los detalles de lo que había ocurrido.

     "Cuando Linda Mae estuvo a bordo del barco a primera hora, ella se había enterado de que Harvey Richmond había sido apaleado y llevado a bordo del barco. Verdaderamente yo fui un muñeco en sus manos.

     "Cuando los gangsters fueron a desenterrar ese contrabando, Linda Mae fue lo suficientemente inteligente para mantenerse a distancia del coche, pues en caso de que alguna cosa no saliera bien, ella podía escapar con facilidad. Probablemente, ella fue después a cualquier teléfono para llamar a otro de sus cómplices, el cual vino con un coche a recogerla y, a causa de que la Policía del Estado estaba buscando a una mujer que se hallase en la carretera pidiendo a los automovilistas el ser llevada de favor, ella pudo eludirlos y regresar al barco.

     "Una vez hecho eso y sabiendo que Linda Carroll había desaparecido..., bueno, ustedes ya pueden ver las cosas lo mismo que yo".

El Teniente Tyler asintió con la cabeza y, volviéndose a Linda Carroll, dijo: —Yo quiero que usted venga a la Jefatura de la Policía y hable con el Coronel Stepney. Él está poniendo toda la historia en orden. De hecho su tía se encuentra ya bajo arresto.

     —¡Ella es el demonio! —dijo sin saber lo que decía Rob Trenton. El doctor Dixon, sonriéndole, dijo secamente: —Dios Santo, joven, yo espero que no se crea que es usted el único que logró sumar dos y dos. La Policía del Estado empezó a trabajar en este asunto tan pronto como mi informe completo les aclaró la causa de la muerte.

Rob Trenton, algo abatido, dijo: —Yo... creo que cometí un error. Yo debí de haberme mantenido al margen de todo esto.

     —Bueno —dijo el Teniente Tyler—. Nosotros no lo comprendíamos, pero queríamos saber exactamente hasta qué punto estaba usted mezclado en todo esto y quisimos darle un poco de amplitud al asunto para saber si usted se embrollaba o no. Y, según las apariencias, usted ha hecho un buen trabajo.

—¿Qué hay sobre Ostrander? —preguntó Rob Trenton.

     —No creo que sea necesario el tratar de esa cuestión ahora —contestó el Teniente Tyler.

     El doctor Dixon lo miró significativamente como queriendo indicarle algo; después miró a Linda Carroll y volviendo su cabeza ligeramente hacia donde estaba Rob Trenton, dijo tranquilamente: —Si me es permitido hacer una sugestión, Teniente, yo creo que estos muchachos merecen una explicación. Yo ya he hablado con Rob Trenton sobre aquellas cápsulas que fueron encontradas en el bolsillo de su albornoz por los agentes de la Aduana.

El Teniente Tyler, con algo de sorpresa, miró al doctor Dixon.

     Una tímida sonrisa se marcó en los lados de la boca del Teniente Tyler. Asintió su conformidad al doctor Dixon y dijo: —Creo que en verdad merecen esa explicación, doctor.

     Y después volviéndose hacia Rob Trenton y cuidando de que lo que él dijese fuera perceptible para Linda Carroll, pero que su explicación decididamente no fuera dirigida a ella, dijo:

     —Merton Ostrander es aparentemente un aventurero muy poco escrupuloso, un oportunista y un voluble. Estuvo hospedado en el parador de René Charteux. Es difícil determinar con exactitud lo que él averiguó de las actividades de      Charteux sobre ese contrabando, pero lo que desde luego es un hecho es que él sabía algo. Parece ser, sin embargo, que Charteux definitivamente no se confió a nadie en lo relacionado a la conspiración del contrabando en el sedan Rapidex. Y también parece ser que alguno de los socios de René Charteux trató algo relativo a contrabando con Ostrander, y que éste decidió que él podía pasar alguno taladrando el metal de las campanillas de las esquilas suizas y metiendo en ellas el contrabando.

     "Después, por alguna razón, Ostrander perdió el temple y nunca llevó a efecto esa operación, y al empezar a darse cuenta de que había sido registrado su equipaje cuando estaba a bordo del barco, sintió tanto miedo de que los agujeros que él había hecho en las campanillas de las esquilas fueran descubiertos, que arrojó todo el cargamento de esquilas al mar. Todas excepto las cuatro que la señorita Carroll le pidió que se las regalara y que él no pudo negarle, las cuales, por venir en el equipaje de la señorita Carroll, pasaron sin ser registradas por los de la Aduana".

Rob Trenton pensó un poco sobre esto. —¿Y las cápsulas? —preguntó.

     El doctor Dixon sonrió. —Como ya le dije a usted, las cápsulas fueron recogidas por los de la Aduana para dárselas a Harvey Richmond. Después desaparecieron, al menos eso parecía. Nadie sabía lo que había ocurrido con ellas. No estaban entre sus objetos personales. Entonces nosotros pensamos lo que era evidente... y yo estoy libre de confesar que nuestros rostros estaban un poco ruborizados...

—¿Qué es lo que era evidente? —le interrumpió Trenton.

—Que él las había enviado a un químico para ser analizadas. Y que nosotros las encontramos en el laboratorio del químico. Y puede ser que le interese a usted conocer su contenido.

—¿Qué? —preguntó Rob Trenton.

—Era bicarbonato de soda, pepsina y un poco de menta —dijo secamente el doctor Dixon.

     El Teniente Tyler, volviéndose a Linda Carroll, le dijo: —Creo que mejor será irnos ahora, señorita Carroll. Usted puede venir con nosotros y...

     El doctor Dixon lo interrumpió: —Yo espero que usted me perdone si hago de nuevo otra sugestión, Teniente. Rob Trenton tiene un coche aquí. Y si a usted no le importa, la señorita Carroll podía ir con Trenton y podrían analizar juntos los sucesos ocurridos, ahora ya a la luz de sus conocimientos presentes. Creo que eso ayudará a cada uno de ellos a recordar alguna cosa que puede ser de gran significación para la prueba.

El Teniente Tyler dudó.

—Yo me hago responsable de eso —añadió el doctor Dixon.

 

El Teniente Tyler añadió con la cabeza y dijo: —Muy bien, iremos delante.

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