Chapter 31

     Rob Trenton, llevando encendida su pequeña linterna para alumbrar el camino, acompañó a Linda Carroll por la vereda hacia el ángulo de la pradera, atravesando entre los árboles y dirigiéndose al sitio donde él había dejado su automóvil.

     La noche estaba tranquila y silenciosa. No había una ráfaga de viento ni la más pequeña nube. Las estrellas resplandecían con un brillo fijo.

Linda Carroll, apoyando su mano en el brazo de Rob, preguntó:

—¿No vamos demasiado de prisa, Rob? ¡Hay algo tan majestuoso en esta noche! ¡Oh, Rob, yo siempre quise a este lugar!

—Y por eso, me supongo —dijo Rob—, era por lo que usted quería esas cuatro esquilas.

—Desde luego. Apenas llegué aquí le puse las esquilas a las vacas. Fue lo primero que hice después de desempaquetar las maletas ¡Escuche!

     Algún ruido de la noche hizo que el ganado se moviese... Una profunda campana musical rompió el silencio, siguiendo inmediatamente otra campana. Por un momento sonaron en rápido y mezclado ritmo, como si los animales corriesen alarmados por algo. Después, al aquietarse, las campanas pasaron a un lento ritmo de musical armonía.

     —Es como en Suiza —dijo suavemente ella—. Oh, Rob, cómo desearía que nosotros estuviéramos otra vez allí y que todo esto que ha sucedido fuese solamente una pesadilla.

     —Yo también lo desearía —dijo Rob—. Pero nada podemos hacer sobre ello. Me figuro que la información respecto a Merton Ostrander debió de ser un terrible choque para usted.

—Oh, sólo en parte —dijo ella—. Pero por otra parte yo ya lo había juzgado.

—¡Usted lo hizo! —exclamó Rob con sorpresa—. Yo..., ¿por qué?, yo pensaba que a usted le gustaba él.

     —Yo soy la que le gusto a él —dijo ella sonriendo—, pero la razón por la que yo gustaba de él era porque él lo arrastraba a usted. Él hacía que usted hablase, Rob.     Yo quería escucharlo a usted. Merton conocía el país y la gente y era un buen observador, pero..., bueno, usted sabía más de la filosofía fundamental, de las gentes y de la vida. Pero si no hubiera sido por Merton Ostrander que lograba de alguna forma hacerlo hablar, usted se hubiera sentado allí y se hubiera embebido con el paisaje.

     Rob Trenton meditó sobre eso un rato. Después tomó a Linda por el brazo y la llevó al automóvil.

    —El doctor Dixon —dijo con firmeza— quiere que nosotros comparemos los hechos en lo ocurrido. Yo tengo la seguridad que no tenemos gran prisa en regresar, y puesto que a usted le gusta estar aquí, nosotros podemos entonces... Yo estoy seguro de que el doctor Dixon quiere que investiguemos y analicemos bien toda la situación.

—Sí —dijo ella con modestia—. Eso parece ser más..., más...

—Provechoso —terminó Rob.

 

 

 

FIN

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