PRÓLOGO

      Cuando la Policía de Massachussets se encuentra con un caso de asesinato particularmente difícil, entonces llama al Dr. Alan R. Moritz.

      El Dr. Moritz se considera a sí mismo primariamente un patologista. Pero yo lo considero un detective científico. Sea lo que sea, tiene una mente tan aguda como el filo de una navaja de afeitar.

      Allí donde una mente menos perceptiva dejaría desdeñado un objetivo, el Dr. Moritz, con su aguda percepción mental para conseguir aquel objetivo, corta con la precisión de un bisturí micrométrico abriendo una incisión en un ejemplar de laboratorio.

      Algunos hombres que tienen grandes títulos universitarios acompañando a sus nombres, experimentan dificultades para aplicar prácticamente lo que saben. Estos hombres pueden enseñar pero no pueden operar.

      El Dr. Moritz, sin embargo, es diferente. Su mente es un instrumento de exacta precisión. Su educación no consiste en un conjunto de hechos abrillantados y obtenidos de las páginas de los libros, sino que está basada en un fondo verdadero de conocimiento enciclopédico. Su mente está constantemente y con insistencia actuando en busca de la verdad.

      Como patologista podía muy bien contentarse sólo con examinar los órganos vitales de una víctima y determinar la causa de la muerte, estudiar los huesos de un esqueleto y dar fe de su edad, peso y sexo. Pero él hace mucho más que todo eso. Cuando él investiga sobre un esqueleto en busca de claves, entonces su mente funciona como un detector científico del crimen y sus investigaciones son implacablemente llevadas adelante.

      Es muy posible que él presente a lo mejor una hoja de afeitar rota y oxidada que para el profano puede parecer sólo algo sin valor. Pero el detective que lleva dentro el Dr. Moritz lo capacita para saber que esta hoja fue rota durante una lucha que precedió al asesinato sobre el campo y que un examen botánico de laboratorio le podrá decir que la vegetación de que está impregnada la hoja, madura durante la última semana de junio así como que la hoja resultó rota aproximadamente una semana antes de aquella madurez.

      Entonces, más bien de manera natural, el Dr. Moritz le sugerirá a la policía que ésta empiece a buscar a un hombre de unos cincuenta y cinco años que es susceptible de sufrir artritis en la espina dorsal y en la rodilla derecha y como resultado de ello camina inclinado y ligeramente cojo; un hombre que abandonó su hogar sobre el veinticinco de Julio y no ha vuelto a ser visto desde entonces.

      Pero lo que me interesa a mí más que nada es la manera en que el Dr. Moritz es capaz de sostener el más absorto interés de los oyentes en una clase cuando da una conferencia en un tono de voz de simple conversación.

      Las gentes aprenden y recuerdan las cosas en las cuales están interesadas. Pero son susceptibles de olvidar las cosas que no consiguen interesarles.

      Durante mi carrera como abogado en los tribunales, aprendí la necesidad de sostener el interés de un jurado durante una controversia y estoy libre para confesar que yo recurrí a gestos, poses, cambios de paso e inflexiones de voz, y hasta a maltratar al abogado adversario, todo ello con objeto de conseguir mi propósito. Por lo tanto, cuando yo tuve el privilegio de inscribirme en una de las clases del Dr. Moritz sobre Investigación de Homicidios, en los cursos de la Escuela Médica de Harvard, no pude impedirme el maravillarme por la forma en que este hombre conseguía mantener por completo la atención de la clase sin apelar ni al más pequeño recurso de trucos oratorios. Virtualmente no había gestos ni elevaciones en la voz ni movimientos del cuerpo. El Dr. Moritz estaba sentado tranquilamente a la cabecera de la mesa y hablaba. Aunque de vez en cuando él tiene un interesante truco para cambiar el paso de su voz, lo interesante verdaderamente y que mantiene la atención de su auditorio es la manera en que este hombre cataloga, clasifica y expresa sus ideas. Sus pensamientos son interesantes porque el hombre que los posee es por sí mismo interesante. Él sabe ver debajo de la superficie y yo creo que él es impaciente en cuanto a cualquier teoría que no puede ser puesta en uso práctico.

      Yo estoy consciente de que es muy popular el menospreciar a la policía en una novela detectivesca. El lector cierra el libro con un suspiro diciéndose a sí mismo: “Bueno, yo no era tan inteligente como el detective privado, pero por lo menos era mucho más inteligente que ese policía tonto”.

      Y a causa de que esta actitud se ha hecho casi una cosa estereotipada en el campo de la novela de misterio, el efecto acumulativo de cientos de tales historias ha resultado ser manifiestamente injusto para la policía. En este libro y, por lo tanto —y quizá por vía de compensación—, yo he tratado de retratar a la Policía del Estado tal cual ellos son: como un cuerpo extremamente eficiente de hombres que representan un crédito para su profesión.

      Para conseguir un fondo auténtico, yo observé a la Policía del Estado en media docena de Estados del Este. Dormí en sus barracas, asistí a sus clases de entrenamiento, salí con ellos en patrullas de carretera y tomé notas mientras ellos investigaban delitos.

      Espero que el lector encontrará de su agrado el retrato de la Policía en este libro y que en cierta forma podrá compensar por el retrato casi universal de los policías presentándolos como unos estúpidos e incompetentes.

      Por lo tanto, presento mis respetos a un maravilloso cuerpo de hombres y al Dr. Alan Moritz por el trabajo que ha realizado al ayudar al entrenamiento de muchos de esos hombres, de forma que estén más familiarizados con el alcance del campo en el cual los técnicos médicos pueden colaborar con ellos en sus investigaciones.

      Y sobre todo, quiero hacer reconocimiento público de mi deuda con el Dr. Alan Moritz por su estímulo intelectual, que ha significado grandemente para mí, así como también por la instrucción que recibí mientras asistía a los cursos en los cuales él era conferencista.

 

Y así, yo dedico este libro al DR. ALAN R. MORITZ

Estás leyendo en Ablik

Cerrar