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Todo comenzó un día 1 de agosto del año 2016, me encontraba realizando un estudio acerca del origen de las estatuas de la isla de pascua, las cuales han sido un gran misterio desde hace muchos años atrás, hace no mucho tiempo se habían descubierto unos caracteres ocultos en su superficie mediante el uso de un nuevo tipo de luz creada por científicos rusos, la novedosa luz Ismov, los misteriosos caracteres parecían estar recubiertos de una sustancia extraña que estaba impregnada al material del que estaban hechas las estatuas y era imperceptible a nuestra vista sin el uso de la luz Ismov. Las letras o símbolos que estaban sobre aquellos Moais no se asemejaban a nada que haya visto antes a lo largo de mis 20 años como investigador de simbologías ancestrales.

La noticia debió ser de carácter global, pero a pesar de mis esfuerzos por difundir la información, esta nunca llegaba a los noticiarios del país y mucho menos a los noticiarios extranjeros. Dentro de mi equipo de trabajo se veía cierta tensión debido a esto, según Johannes Verg, que era un arqueólogo de mi equipo, durante una noche comenzó a buscar archivos sobre diversos pueblos nómadas de la región para encontrar similitudes con los símbolos, pero nada lograba ser siquiera levemente parecido a lo escrito en las estatuas, luego intentó investigar en un sentido más amplio, es decir, culturas a lo largo del mundo que tuvieran alguna similitud con el extraño fenómeno, pasó hora tras hora leyendo información procedente de prestigiosos sitios web de arqueología a los que él tenía acceso, pero no logró atrapar el santo grial que tanto buscaba, sin embargo, recordó haber escuchado en algún momento de su vida sobre el viaje del doctor Charles Whaterbee a Valparaíso durante el siglo 19, viaje en el cual se había descubierto una isla sin precedentes que estaba impregnada de objetos que jamás habían sido registrados, excepto por el cilindro que traía una momia que fue sustraída de esa isla antes de desaparecer por completo luego de unos días, al investigar acerca del artefacto y la isla solo encontró documentos que hablaban acerca de una momia que fue robada hace años y una isla que jamás existió.

 

Mi colega me dijo también que desde el momento en que comenzó a indagar en el asunto, comenzó a sentirse como si fuera una persona claustrofóbica, se sentía observado y no lograba concentrarse. Debido a esos hechos mi compañero me dijo que quizás deberíamos buscar otro tema de investigación, ya que los medios no habían querido difundirlo y había un cierto aire de ocultismo dentro de los símbolos, asentí, pero a la vez mentí.

Ese mismo día comencé a recorrer toda la ciudad, buscando a expertos en geografía, historiadores, reconocidos científicos y otros expertos en simbologías ancestrales como yo. Recuerdo haber pasado unas 10 horas dando vueltas en torno a Valparaíso y posteriormente en Viña del mar y Santiago, llevaba un maletín cargado de fotografías de estos símbolos inexplicables. Cada vez que preguntaba a un experto en diversas áreas si reconocían algún símbolo la respuesta final era un no, me hacían sentir una frustración que nunca antes había vivido, además cuando llegaban a preguntarme de donde había conseguido tales imágenes, les decía que era de un simulador que estábamos probando dentro de la universidad de Valparaíso, para preparar a futuros profesionales en el área de arqueología y simbología para potenciar su capacidad de análisis observacional.

Eran ya las 2 de la madrugada y había terminado la visita a un amigo que era bastante culto con respecto a pueblos antiguos, el viejo Stan Weiss me habló acerca de las teorías conspiratorias del pueblo sumerio, que habría adorado a seres procedentes de otro planeta y que existían diversas pruebas alrededor del globo que explicaban como ellos parecían creer en dioses que habían descendido en naves espaciales y vivían entre nosotros debido a su gran similitud con nuestra raza.

Me pareció un poco loco el tema y el cansancio me obligó a volver, entré por la puerta principal de mi casa y avancé por el pasillo hacia la habitación donde me esperaba dormida mi señora. Me quité la ropa formal que usaba al trabajar y me puse mi pijama, recuerdo estar unos momentos recostado sobre la cama mirando hacia el techo de la habitación mientras intentaba no moverme demasiado para así no despertar a mi mujer. Miraba una y otra vez los símbolos como si estuvieran tallados sobre el techo de la pieza, intentando encontrar la similitud que parecía inexistente  no logré progresar en lo absoluto y el cansancio me hizo dormir al rato.

 

 

Desperté, abrí los ojos, me sentía mareado, tenía un dolor punzante sobre mi cabeza y podía escuchar una voz distante, intenté relajarme pero al cerrar mis ojos podía ver como si estuviera dentro de otra dimensión dentro de la realidad, en ella podía ver a lo lejos a un enorme estatua que parecía ser del tamaño de una isla y a unos cuantos metros de él a una multitud de personas gritando algo que parecía ser:

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu

 

Durante un momento sentí miedo, pero al pasar el tiempo sentí un poco de serenidad en aquella figura abismante, parecía estar compuesta de un tejido de color gris y diversas ventosas brotaban de ciertos puntos de su cuerpo. Me acerqué volando hacia la multitud para ver mejor que era lo que hacían, al parecer era un grupo de personas de raza negra que adoraban a la estatua, entre la multitud de personas había una mujer de raza blanca que destacaba entre el resto, podía ver como el resto de las personas comenzaba a intentar empujarla hacia la figura.

Un hombre vestido con ropajes de color blanco de manera similar a los trajes de los antiguos emperadores griegos, desenvainó una espada y le lanzó una estocada letal a la mujer en su torso. Pude ver la sangre escurrirse por la tierra del desierto en el que estaba la multitud y como la víctima se movía por última vez mientras se desangraba y nadie parecía interesado en socorrerla. Cuando finalmente la mujer dejó de moverse, un par de niños se acercaron y la tomaron desde sus brazos, la arrastraron durante un par de minutos hacia una mesa que se encontraba al frente de la estatua, desde ese punto podía distinguir la cabeza de la estatua que parecía ser similar a la de un calamar, poseía 2 enormes lóbulos frontales que se asimilaban a los ojos de un ser humano y en la parte donde estaba la boca de una persona, estaba plagada por tentáculos de una enorme magnitud.

 

 

 

Los niños dejaron a la mujer sobre la mesa y el hombre de los ropajes blancos se acercó al lugar donde yacía su víctima, comenzó a realizar cortes a lo largo de su cuerpo, no podía distinguir bien que era lo que hacía pero notaba que deslizaba su arma como si se tratara del pincel de un talentoso pintor mientras creaba una obra de arte. En el momento en el que terminó de cortar a la mujer pude notar algunos símbolos similares a los que se encontraban en las estatuas de la isla de pascua, símbolos teñidos de sangre que eran prácticamente idénticos a los misteriosos caracteres que estaban impregnados en lo más profundo de las estatuas, como si se tratara de un mensaje destinado a seres que carecen de toda humanidad, seres que nos preceden y poseen una naturaleza inexplicable para nosotros.

Al momento de terminar con los cortes, el hombre se alejó de la mesa y gritó:

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn

 

La multitud al oír aquel grito comenzó a corear al unísono:

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu

 

Se acercaron corriendo hacia la mesa y comenzaron a tirar del cadáver, lentamente destrozaron cada extremidad de la difunta mujer y la sangre saltó hacia todas partes, se podía ver a personas de todas las edades luchando por acceder a la sangre de la mujer, los que lograban impregnarse con ella se marcaban un símbolo en su frente, el cual era un circulo con una cruz en diagonal en su centro. Al momento de recibir la marca se acercaban a la estatua y se arrodillaban ante ella mientras recitaban la escalofriante plegaria.

Mientras observaba el macabro culto a la estatua, pude sentir por un momento que esta me estaba observando detenidamente y el pánico que me generó la idea de que podría volverse real me hizo desmayar.

Volví a despertar, después de un rato  me levanté de la cama y mi cuerpo estaba en un estado de tensión indescriptible, empecé a tambalearme hacia todas partes del nerviosismo y cuando me intenté apoyar sobre la pared vi como unos números resplandecientes aparecían por arte de magia sobre ella, los números eran los siguientes:

49,51 – 128-54

De pronto me caí y al despertar me di cuenta que todo lo que hice al despertar, había sido parte del mismo sueño, si bien el episodio me aterró había algo que aún me faltaba por hacer, investigar acerca del famoso Charles Whaterbee del cual me había hablado mi ayudante hace 2 días.

 

 

 

 

 

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