IX

El avión aterrizó en el aeropuerto del Prat a las cuatro de la tarde en punto. Guevara cogió el aerobus hasta la Plaza Catalunia y desde allí el metro hasta su casa. No poseía ningún medio de transporte particular. A veces utilizaba un coche de la policía cuando la situación lo requería, pero en general se desplazaba en el transporte público y no tenía problemas. Quizás más adelante se compraría una moto, una vieja Triunph o algo así.

   En el contestador automático había un mensaje de su jefe, el capitán Sánchez. Le decía que se presentase en su oficina cuanto antes, tenía que hablar con él urgentemente. Tomó un baño y se cambió. Después de tomarse un café con leche con un croissant viejo, salió en dirección a la jefatura de policía.

   La puerta del despacho de Martínez estaba cerrada. Golpeó dos veces y entró. El jefe levantó la mirada y sin siquiera saludarlo lo interrogó:

 

-Guevara, ¿que coño hacías en Italia? ¿Acaso estás de vacaciones? Si es así sería interesante que me lo comunicases, ¿no crees?

-Trabajo en un caso jefe, pero ¿como se ha enterado de que estuve en Italia?

-¿Que como me he enterado? ¡Da igual como me he enterado! Pero dime, que tiene que ver Italia con los sicarios colombianos, espero que me des una explicación convincente...

-El caso de Luigi Anterraglo, ya sabe, el italiano de la Plaza Real...

-¿Luigi Anterraglo eh? Jodido Guevara... Ese caso está cerrado, ¿me comprendes? ¿Quién te mandó reabrirlo? ¿Te ordené yo que investigases al maldito okupa?

-No jefe, pero es que surgieron nuevos indicios, y yo...

-¡Basta Guevara! Estoy esperando resultados en el caso de los colombianos, ¿está claro?, olvídate de lo otro, ¿me has comprendido?

-Si jefe, pero es interesante, debería dejar que le explique...

-No quiero oír nada. No me interesa un carajo. Tú a lo tuyo y punto.

-De acuerdo. Aunque en mi tiempo libre...

-¿Qué has dicho? Creo que no te he oído bien...

-Nada jefe. Los colombianos...

-Bien. Venga, a trabajar. ¡Y no me falles Guevara!

-Tranquilo jefe, todo en orden.

 

   Los siguientes días Guevara los dedicó exclusivamente al caso de los dos colombianos muertos a balazos unas semanas antes. Hizo algunos progresos de interés descubriendo una conexión entre los sudamericanos y una banda de ladrones de coches albanesa. Sin embargo su investigación se estancó en un punto y no tenía la suficiente motivación para profundizar. Su mente estaba puesta en el caso de Anterraglo. Se sentía demasiado involucrado ahora como para dejarlo, necesitaba proseguir, llegar hasta el final. Sin duda era de vital importancia saber lo que había ocurrido con el italiano luego de la muerte de sus padres, probablemente ahí estuviese la clave del asunto. Aquello no parecía fácil. Las veces que había intentado obtener información de sus colegas italianos los resultados habían sido nulos. Ningún informe policial, tampoco antecedentes penales, ningún rastro de los pasos que siguió.

   Guevara pasó muchas horas revisando la prensa correspondiente a los días de la Cumbre Europea de Barcelona. Sabía que Anterraglo había participado de las protestas y los enfrentamientos con la policía. ¿Que había querido decir su amigo Giancarlo con que él no quería...? Entre él no quería y ellos había forzosamente una relación. Guevara se detuvo en una foto en primera plana de un periódico de los más importantes. En ella se veía a un grupo de manifestantes que lanzaban con violencia objetos contra vidrieras. El titular ponía: "Un grupo de radicales antisociales provocan destrozos y agrieden a las fuerzas de seguridad del Estado". El sujeto que aparecía en primer plano de la foto arrojando una piedra infundía miedo, aunque no podía vérsele el rostro porque iba encapuchado, apenas los ojos. Parecía en estado de enajenación. Era un tipo de gran envergadura e iba vestido con ropas vulgares, nada que lo pudiese identificar con claridad. Atrás, en segundo plano, se veía otro manifestante que solamente ocultaba media cara con un pañuelo. Guevara  lo reconoció inmediatamente por su peinado y sus estilo de Okupa; era Luigi Anterraglo.

   Continuó revisando portadas y se sorprendió al ver a Luigi en otro periódico, pero no era la misma foto, sin duda se trataba de otro momento y otro lugar, el entorno era diferente. Los artículos que correspondían a las fotos se ocupaban principalmente de resaltar como las marchas de protesta se veían "empañadas" por grupos activistas radicales antiglobalización que provocaban disturbios y destrozos obligando a la intervención de las fuerzas de seguridad y el cuerpo Antidisturbios. En los telediarios de televisión el mensaje era más o menos el mismo, aunque se agregaban entrevistas a exasperados vecinos que no entendían cómo aquellos inadaptados terroristas callejeros destruían sus comercios y quemaban contenedores en la calle. Ellos solo intentaban trabajar y salir adelante pero se lo impedían aquellos gamberros y las pérdidas materiales eran lamentables; era indignante, no había derecho... Pero lo que  más le llamó la atención al detective fue volver a ver a Anterraglo esta vez en imágenes televisivas. Parecía que le encantaban los primeros planos. No podía asegurarlo pero en una toma creyó ver también al grandote de la portada del periódico. La imagen no permitía una visión clara pero era un sujeto enorme  que bien podía ser el mismo.

   El detective prosiguió su investigación intentando encontrar una relación formal entre Anterraglo y el movimiento Okupa de Barcelona. Recorrió casas ocupadas y centros sociales alternativos de toda la ciudad; en el barrio de Sants, en Gracia, en Sant Andreu, en el Casc Antic. Se entrevistó incluso con dirigentes okupas haciendo todas las averiguaciones posibles. Nada, nadie tenía información. Algunos reconocían su nombre y recordaban la noticia de su muerte, pero no habían tenido contacto directo con él. Todo eso era extraño, ya que en este tipo de colectivos cuando ocurre un hecho trascendente como el encarcelamiento de uno de sus miembros, o algo tan grave como una muerte, no suele quedar en el olvido. Por el contrario, se convierte en un signo inequívoco de lucha.  Este tipo de solidaridad trasciende las fronteras y existe una estrecha relación entre los grupos de los distintos países, sobre todo en Europa, en una especie de globalización paralela. Era extremadamente curioso que nadie supiese nada de Luigi Anterraglo, que nadie se preocupase por él. Sin duda debía de tratarse de un completo outsider, alguien independiente que pese a las apariencias, no estaba directamente ligado a los movimientos ni en España ni en Italia.

La investigación estaba estancada. No se vislumbraba ningún camino posible.

   Guevara decidió jugarse su as. Aún no había interrogado seriamente a Julio Gutiérrez, el argentino. Estaba seguro de que algo sabía sobre el caso Anterraglo y había llegado el momento de averiguar qué. Intentaría abordarlo por las buenas, pero si no quería hablar usaría otros métodos.

   Una vez más se dirigió al viejo edificio del Teatro Okupa. La idea de volver a ver a la chica alemana lo motivaba, aunque lo ponía nervioso también. No podía negar que ella lo atraía, aunque fuese tan diferente. Ni siquiera le gustaba su forma de vestir, pero tenía algo que trascendía cualquier opción estética. Se preguntaba si estaría allí, si podría verla. Quizás estuviese más dispuesta a colaborar, quizás tuviese algo más para contar sobre Luigi. Pero ahora el objetivo principal debía ser Gutiérrez. Después de reflexionar sobre la estrategia a seguir y dejando a Mirabe para después, Guevara resolvió que al igual que había hecho con ella en su momento, era mejor interrogar a Gutiérrez fuera de su territorio, no en su propia casa. Optó por esperarlo fuera y seguirlo antes de abordarlo, para ver en qué andaba metido. Una vez más hizo guardia en la misma esquina fumando, hasta que por fin lo vio salir cerca de las siete de la tarde. Iba solo y caminó hacia el lado de la vía Laietana. Cruzó la avenida y siguió en dirección a la catedral. Guevara observó una vez más la fachada de la majestuosa iglesia gótica. Muchas veces había entrado solamente para sentarse y contemplar aquella sorprendente obra. No dejaba de impresionarle.

   Gutiérrez se internó por las callejas medievales del Barrio Gótico. La luz empezaba a disminuir y el ambiente se tornaba un tanto surrealista en esas callejuelas angostas llenas de una mezcla entre el presente y el pasado. El Casco Antiguo sigue siendo una ciudad medieval, llena personajes que de haber nacido unos siglos atrás, bien podían haber sido lazarillos o buscones, mercaderes de variados enseres, bufones, trovadores u otros. Ahora son músicos callejeros, estatuas vivientes, vendedores de cerveza ambulantes, okupas flautistas, vagabundos y gentes de de todo tipo que buscan un lugarcillo para ganarse el pan o simplemente expresarse en un entorno enormemente cosmopolita, lleno de energía innovadora también.

   El argentino se detuvo frente a un local y entró. Guevara se acercó lentamente. En la pared exterior había dos pinturas. En una se veía un teléfono móvil y una inscripción que ponía "No es  la Libertad". La otra representaba una urna de votación y decía: "No es la Democracia". En el interior había mucha gente sentada que al parecer esperaba algo. En un afiche pegado en la puerta se leía: "Hoy charla de Álvaro Santamaría, presidente de la plataforma "Nueva Democracia".

   El detective entró y se sentó en el fondo. Gutiérrez había desaparecido en una habitación contigua a la sala principal. Minutos después reapareció junto a un tipo de unos cuarenta años que debía de ser el ponente. El argentino se sentó en primera fila sin percatarse de la presencia de Guevara. El tal Álvaro Santamaría comenzó su charla.

 

-Todos habréis podido ver las pinturas del exterior del local. Debo agradecer a María Avellaneda por su excelente trabajo. No están ahí por casualidad, precisamente de ellas, o más bien de lo que representan vengo a hablarles...

 

   Guevara observaba al público presente, en su mayoría gente joven y de diversas nacionalidades. Todos escuchaban con atención la charla; al parecer era alguien importante, o al menos respetado.

 

-Permítanme preguntarles, ¿cuántos de los aquí presentes poseen teléfono móvil? Todos ¿verdad? Yo mismo poseo uno y reconozco que lo utilizo mucho. Es indudable que en esta sociedad nos hemos hecho dependientes de este pequeño aparato, casi adictos. No es de extrañarse ya que su función básica es la comunicación, y a todos nos gusta comunicarnos, lo necesitamos. Más allá de los grandes intereses que están detrás del marketing del teléfono móvil, los gigantescos esfuerzos que se hacen para lograr que la gente los utilice más y más; más allá de las estafas de las grandes empresas que se aprovechan de esa necesidad creada con tarifas abusivas, no pretendo aquí abogar en contra del teléfono móvil. La tecnología -y su constante evolución- es sin duda una de las bases de esta sociedad actual, que tiene por fin último el consumo. Los inventos tecnológicos son sin duda atractivos, además de confortables en muchos casos, y es difícil escapar al confort una vez que nos hemos instalado en él. Esto no es antinatural; pidámosle a un gato o a un perro que duerman en el suelo una vez que los hemos acostumbrado a un almohadón de plumas. No lo aceptarán con facilidad.

   Está claro que la tecnología (y su constante evolución) va de la mano con nuestra sociedad de consumo. Coches nuevos y más potentes, electrodomésticos ultra avanzados, móviles de tercera generación, etc. La pregunta es, ¿que uso le damos a la tecnología? O más bien, ¿cuál es fin último para lo cual tantos investigadores trabajan incansablemente desarrollando nuevos inventos? La respuesta es fácil, lo mencioné antes; el consumismo. Todos sabemos que la mayoría de las investigaciones actuales son financiadas por las grandes empresas para conseguir nuevos productos de venta. No es ninguna novedad. No hay impedimentos en el desarrollo de aparatos siempre y cuando sean destinados a la venta.

   Pero dejemos un momento de lado la tecnología y vayamos a nuestra segunda pintura. No se trata de un aparato de última generación. Es una urna, una simple caja cerrada con una ranura, el símbolo gráfico más representativo de esa palabra tan, tan grande, esa palabra que tanto suena últimamente; la Democracia. Que palabra que impone respeto, ¿no es cierto? Déjenme decirles algo, no es casualidad que esta palabra suene tanto últimamente. No se habla tanto de algo cuando está perfectamente sobreentendido. Sin embargo políticos de todos lados no paran de hablar de Democracia. Quizás esto sea un síntoma de debilidad. Pero claro, cuidado con quién ose poner la más leve duda sobre el valor de este término, será crucificado inmediatamente. Son increíbles las cosas que se hacen en nombre de la democracia. No necesito hablar de guerras, violación de derechos humanos, y otras atrocidades. Va mucho más allá de eso, alcanza la esencia de nuestra "perfecta" sociedad occidental. Pero yo pregunto, ¿por qué tanto miedo a replantearse el verdadero significado de la  palabra Democracia? ¿Acaso no está intrínseco en la propia base del concepto? No nos engañemos. La táctica parece clara: reforzar y reforzar el término en sí, como si la sola palabra fuera un mandato divino, oponiéndola a su nueva contrapartida diabólica, el terrorismo. Este simple mecanismo asegura la total continuidad e impunidad de algunos, degradando la esencia misma del concepto de democracia, el gobierno por la mayoría de los pobladores. Fíjense, el procedimiento es el mismo para el término que encarna al efervescente enemigo. No nos cansamos de oír la palabra terrorismo a diestra y siniestra, fijándola en el inconsciente de la gente como al peor enemigo mortal. Pero ¿quién oye debatir acerca de las verdaderas causas del terrorismo? Nadie, eso no entra en la cuestión. Solo un demagogo puede pretender que existen miles de personas cuyo único fin es destruir por pura maldad la idílica sociedad occidental. Algunos habrá por supuesto, fanáticos siempre los ha habido. No es mi intención justificar ningún acto violento, matar a traición es un acto de la peor vileza ya que las víctimas no pueden defenderse; la violencia ha de rechazarse siempre. Pero no solo la de los terroristas. Un hombre que se estrella en un coche lleno de bombas contra un tanque invasor es un terrorista; un oficial del ejército que lanza una bomba sobre una casa matando a niños y civiles es solo un soldado en acto patriótico. Antes el vil enemigo de la Democracia era el Comunismo. Ahora es el terrorismo, y mientras haya un temible enemigo externo, pocos se cuestionarán si todo va bien en casa, es un viejo truco político...

 

   El orador sudaba mucho por el esfuerzo, y sin embargo su discurso era fluido y calmado. El público seguía con atención la evolución de la charla. Algunos tomaban notas, otros grababan con cámaras de vídeo. Santamaría era ciertamente un tipo carismático, y su forma de hablar generaba expectación. Guevara se acomodó un poco en su incómodo asiento.

 

-Nuestra plataforma Nueva Democracia pretende generar un cambio en la idea general de Democracia. No estamos en contra de este sistema de gobierno, sin duda es el más adecuado si se aplica siguiendo su verdadera esencia. Los países latinos vamos a la saga de Europa. Que decir de Sudamérica. Yo me pregunto: ¿como podemos creer que Democracia significa depositar un voto en una urna cada cinco años? El discurso político pretende que lo que hacemos es elegir representantes directos del pueblo que gobiernan según la voluntad general. Es una terrible falacia. La gente debería estar en contacto directo con las decisiones, lo políticos no deben tener impunidad basándose en que representan legítimamente la voz de los votantes. Todos sabemos como se ganan las elecciones, las estrategias de marketing y de imagen, los discursos vacíos y atractivos. Sabemos que las instituciones políticas suelen velar más por su propia supervivencia y los intereses de algunos que por los intereses reales de la mayoría de la gente.  ¿Y luego que sucede? Los políticos deciden que hay que arruinar un ecosistema e instalar una nueva central nuclear y hemos de aceptarlo porque no hacen más que seguir el mandato de las urnas. Algún líder ambicioso y fanático decide invadir un país y no se puede hacer nada pues fue elegido democráticamente.

   Esto es lo que debe cambiar. ¿Como? En primer lugar replanteándonos la teoría. ¿Cuál es la verdadera esencia de la Democracia? ¿Es el control de los países por parte de  clanes de políticos afianzados que esperan turno para gobernar en nombre del pueblo? ¿O es la posibilidad de los ciudadanos de tomar parte activa en las decisiones principales que los afectan? Yo me inclino por la segunda acepción.

   En segundo lugar es necesario generar un nuevo concepto de gobierno a través de la Tecnología. Estamos en condiciones de hacerlo. Mediante su desarrollo podemos conseguir implantar una nueva democracia más honesta. En vez de depositar un papel en una urna una vez cada cuatro años los ciudadanos debemos poder participar activamente de las decisiones importantes. No es tan difícil de implementar si se tiene la voluntad de hacerlo. ¿Acaso no tenemos todos nuestras tarjetas del cajero automático que es personal y segura, y nos permite sacar dinero sin peligro a cualquier hora del día y de la noche todo el año? Si se trata de consumir y gastar no hay problema. ¿Por qué no entonces unas avanzadas máquinas diseñadas para votar? A través de los diversos medios de comunicación, que llegan a un gran porcentaje de pobladores, se informaría de la ley o decisión a ser votada en determinado plazo, y entonces una verdadera mayoría podría decidir de forma efectiva y anónima,  ajena a maniobras políticas  e intereses sectoriales. ¿Que no estamos preparados para eso? Pero sí estamos preparados para abrir cuentas en bancos, pedir créditos, comprar a plazos o a través de sofisticados teléfonos móviles, etc. Por supuesto que estamos preparados. No se trata de votarlo absolutamente todo, los políticos pueden continuar teniendo su lugar porque de lo contrario el mecanismo perdería eficacia. Su función de elaboradores de planes es fundamental, así como la institución ejecutora de esos planes. Se trata simplemente de la posibilidad para los ciudadanos de intervenir directamente en las decisiones más cruciales de su país. No me parece una idea tan estrafalaria..., no excede el sentido común.

   Ese es el cometido de nuestra plataforma y por él trabajamos. No hablamos desde la negatividad, no perseguimos ninguna utópica revolución armada, simplemente queremos el fin de la hipocresía entorno a ese Dios tan alabado por sus sacerdotes los políticos: la Democracia... Gracias.

 

   La gente se puso de pie aplaudiendo. Santamaría conservaba un gesto serio que alternaba con algunas sonrisas de reconocimiento. Algunos se le acercaron  para hacerle preguntas y saludarlo personalmente. Guevara observaba al argentino. Este pareció darse cuenta y giró la vista hacia el detective. Sus miradas se cruzaron un instante. Sorprendentemente se acercó con paso decidido hasta el detective.

 

-Ya sé que me seguiste, no sé qué estás buscando.

-No soy periodista, soy detective de homicidios, y tengo que hacerte unas preguntas.

-Estaba claro que eras poli, no es difícil darse cuenta aunque no vayas por ahí uniformado.  Se te nota igual.

-Interesante charla la de tu colega. Supongo tú estás metido en esto también.

-¿Metido en esto? Parece que hablásemos de un turbio negocio. Yo no soy un delincuente, no te confundas.

- ¿Luigi Anterraglo participaba de este movimiento también?

-¿Luigi? Vos no te enterás de nada, Luigi no tenía nada que ver con esto, somos gente sana, gente pacífica.

-¿Qué quieres decir, que él no lo era?

-Por lo que yo sé, se dedicaba a agitar y provocar disturbios. Las apariencias engañan detective, vos me juzgás por mi pinta de chico de la calle. Nací en una villa, es cierto, un barrio pobre de Buenos Aires. Pero siempre metí huevos para salir adelante, luché desde niño y no perdí la dignidad. En cambio el italiano, quién lo hubiese dicho con esa pinta de pan mojado que andaba en esas movidas.

-Así que lo conocías bastante ¿eh? La otra vez me dijiste que no.

-Y vos me dijiste que eras periodista. Cada uno dice lo que le conviene.

-Que tal si me cuentas ahora todo lo que sabes.

-Solo sé que iba a las protestas y agitaba disturbios. Era de los que tiran piedras a la cana y arman todo el lío posible. Yo mismo lo vi un par de veces, se tapaba la cara, pero no era difícil reconocerlo.

-Sabes si tenía relación con otra gente, ya sabes, algún grupo organizado.

-Eso no lo sé. Pero para mí andaba solo. Creo que era un tipo solitario. Llegó un día a la casa de Gracia y pidió para quedarse un tiempo, pero yo nunca lo vi con nadie. No hablaba mucho con los demás. Tampoco yo me preocupé mucho por él, cada uno es como quiere y listo.

-¿Luigi tenía teléfono móvil?

-Tenía si. Ahora que pienso algunas veces lo oí hablar con alguien, se ponía muy serio cuando lo llamaban.

-¿Tienes idea de quién lo llamaba, mencionó algún nombre?

-No, las veces que lo oí yo, no. Atendía con el clásico ¿pronto? de los tanos. Ya te digo que se ponía serio al toque, seguro no le gustaba recibir esas llamadas.

-Ya veo... ¿Te sorprendió su muerte de esa forma violenta?

-Mirá, cuando uno se cría en un barrio pobre del Sudamérica, esas cosas no te sorprenden. Casi nada te sorprende.

-¿Hay algo más que recuerdes, alguna información de utilidad?

-No, nada che, es todo lo que sé. Era un tipo raro, si te sirve de ayuda.

-De eso estoy seguro... Bueno, te agradezco por la información. Suerte con vuestra causa.

- No es cuestión de suerte, es cuestión de determinación. Volvé cuando quieras...

- Adiós.

-Chau

 

 

   Guevara salió del local pensando que la antigua sabiduría popular una vez más tenía razón. Quizás se había equivocado en juzgar de antemano al argentino, al final parecía ser trigo limpio. De la entrevista no había sacado demasiado, salvo la confirmación de que Anterraglo había participado en  incidentes callejeros violentos. Por otro lado estaba lo del teléfono móvil. No se había encontrado ningún teléfono junto al cadáver, pero sí otros efectos personales y dinero. El móvil se lo había llevado intencionadamente el asesino.

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