V

 

   Tres días después, un viernes por la noche, Guevara tenía pensado dirigirse al Razzmatazz. Pero aún era temprano, no se va a una discoteca antes de las dos de la mañana. Así que mientras tanto bebía ron Havana Club y escuchaba música de jazz. Le gustaba el jazz, y en aquella ciudad el jazz tenía mucha fuerza. Había aprendido a tocar el saxofón desde pequeño por influencia de su padre, que también lo tocaba. A veces iba a las jam sessions a tocar, y lo hacía bastante bien. Vivía en un piso del Poblenou, un antiguo barrio industrial que cada vez más cambiaba de cara y cobraba nueva vida. Lo que más ambicionaba era poder vivir en un loft en alguna vieja nave remodelada y tener un buen espacio. Por ahora debía conformarse con aquel piso de alquiler bastante insulso con vista a un patio interior, pero barato. El disco de jazz se acabó. Guevara encendió el televisor. Publicidad. En todos los canales había publicidad. Mundos perfectos creados digitalmente, gente exitosa y guapa que todo lo compraba, que poseía la última generación de la tecnología, gente que dominaba el mundo, que con solo apretar un botón podía comprar y comprar sin parar. En televisión todo brilla pensó Guevara. Todo es perfecto, una hermosa burbuja. Quizás también contra eso se revelaban todos esos movimientos de protesta; contra esa imagen utópica del mundo que contrasta con la cruda realidad de tantos otros mundos miserables y pobres. Marketing, rating, dinero, deseo material, competencia, moda, lujo y frivolidad. Una cultura ciertamente efímera, un presente luminoso pero un futuro incierto, peligroso. Un mundo perfecto e inocente. No entiendo como hay gente que no ama este mundo" decía la chica guapa de la publicidad, yo si quiero algo solo tengo que pulsar el teclado de mi nuevo móvil multimedia de última generación, ¿que esperas para comprarlo?. Bastaba con ver el telediario: un terremoto terrible ha devastado una región extensa de la India, hay cincuenta mil muertos. Se lo contamos después de la publicidad... Disfruta el nuevo coche Xp3  con 200 caballos y DVD incorporado y págalo en 137 cuotas. Nueva tarjeta de crédito Gold Plus, todo es posible. Cincuenta inmigrantes fallecen ahogados cuando intentaban cruzar el estrecho. En treinta segundos se lo ampliamos. Ahora puedes tener el cabello un 70 por ciento más sano con el nuevo acondicionador con micro proteínas avanzadas, se fijarán en ti. Bah, pensó Guevara. No era un idealista, pero ciertamente algo no funcionaba bien, porque aquel camino no podía llevar muy lejos. Pero al parecer eso a nadie le importa en una cultura demasiado liviana, tan light como los alimentos que consume. El detective volvió a lo suyo, el caso de Anterraglo.  Ya era hora de salir, el Razzmatazz esperaba.

   Es un edificio muy grande, una antigua fábrica o algo así. En realidad hay dos discotecas comunicadas entre sí. El Razzmatazz y el Loft. Guevara pagó la entrada pues no le interesaba llamar la atención de nadie enseñando su placa. Primero recorrió todos los espacios, inventariando las distintas barras e intentando intuir quién podía ser el amigo de Luigi, si es que aún trabajaba ahí. En este ambiente poca gente se queda mucho tiempo en el mismo sitio. El hecho de ser joven le favorecía porque no desentonaba. Superaba en solo algunos años la media del local y mantenía un aspecto juvenil que unido a su vestimenta lo hacía pasar por uno más. En la zona del Loft sonaba una música electrónica bastante agresiva. Mirabe había dicho que el supuesto amigo trabajaba en el Razzmatazz, pero se trataba del mismo edificio y había que fijarse en todas las barras. No vio a nadie que le llamara especialmente la atención. Cierto es que las apariencias engañan y podía ser cualquiera, pero confiaba en su instinto, y en esa especial energía que desprenden las personas y revela un poco de su personalidad. Fue en una sala llamada Pop Bar donde un joven le llamó la atención. Tendría unos veintitrés años. No iba vestido como un okupa, pero su aspecto era particular. Tenía un pendiente en una oreja y una par de piercings en el labio inferior. Llevaba un corte de pelo poco ortodoxo. Tenía aspecto de buena persona, un semblante simpático. Sonreía constantemente a los clientes y también a sus colegas. Guevara se acercó a la barra con la intención de observarlo un poco antes de abordarlo. Primero le pidió un cuba libre y le preguntó el precio para escuchar su acento. No cabía duda, era de origen italiano, el acento era fácil de reconocer.

 

-Perdona, quería preguntarte algo.

-Si, claro...

-Verás, es acerca de Luigi, creo que era amigo tuyo...

-¿Luigi? (Guevara observó con claridad como su rostro se ensombrecía)

-Sí, Luigi Anterraglo, ¿lo conocías verdad?

-Yo... Espera, tengo que hacer algo, ahora regreso.

 

   El italiano se alejó por el lado opuesto de la barra con paso nervioso y el inspector comprendió que no tenía intención de regresar. Rápidamente lo siguió para interceptarlo, pero el chico se fue velozmente, casi corriendo. Guevara no tuvo más remedio que abrirse paso un tanto violentamente por entre la gente que lo miraba extrañada y molesta por los empujones. El italiano bajó por unas escaleras que llevan a la pista principal, también él iba empujando a todo el mundo. Parecía asustado. Guevara no lo perdía de vista pero le era difícil acercársele porque la discoteca estaba muy llena. Se dirigían hacia la zona del Loft. Cada tanto el italiano se daba vuelta para ver si aún lo seguían, parecía muy asustado. Subió las escaleras que van a la terraza y cruzó corriendo como un loco. Algunos le gritaban al paso y también al inspector, y si no hubiese sido por la velocidad a la que iban, más de uno les hubiese pedido explicaciones. Guevara había ganado terreno, solo estaba a unos diez metros de distancia. Pero al pasar frente a la puerta del lavabo chocó violentamente contra un tipo enorme que salía, todavía ajustándose la bragueta. Por suerte para el inspector no era un sujeto violento y en vez de cabrearse pidió disculpas pensando que había sido culpa suya. Guevara se reincorporó y reanudó la marcha. Poco después se llevó por delante la copa de otro que se cabreó bastante y le gritó varios insultos y que volviese si era hombre, "¡cabrón!". El italiano ya estaba saliendo por la puerta del local y bajaba las escaleras que llevan a la entrada del patio del Loft. Guevara vio como uno de los seguratas se disponía a interceptarlo en una ocasión ideal para hacer la parte de su trabajo que más les gusta y que más esperan con ansia estos personajes: la de intervenir físicamente. Rápidamente sacó su placa y antes de que el grandote se le viniese encima se la mostró gritándole "Policía, no me jodas". El segurata optó por no intervenir. El italiano ya estaba llegando al portón de salida y ahora con la vía libre corría a gran velocidad. Pero Guevara no se quedaba atrás. Para algo salía a correr todos los días por la playa de la Marbella y había quedado décimo quinto en la última carrera urbana de diez kilómetros, justo por detrás de los profesionales. Además conocía bien el barrio, lo cuál lo favorecía. El italiano había cogido la calle Almogàvers y corría desenfrenadamente hacia la avenida Marina. Guevara ganaba distancia y le gritó que se detuviese. El chico miró hacia atrás y nuevamente pudo verse su gesto de miedo, casi de terror. "Policía, detente" gritó el inspector. Ya estaba apenas a unos veinte metros de distancia. Poco antes de llegar a Marina le dio alcance y realizando un placaje al estilo Rugby consiguió inmovilizarlo contra el suelo.

-¡Por favor, por favor no me haga nada, no me haga daño!

-Tranquilo chaval, tranquilo, no quiero hacerte daño, no te preocupes. Solo quiero hablar contigo. Voy a soltarte vale, pero no intentes nada, quédate tranquilo, no pasará nada, ¿entiendes?

-Yo no sé nada, no sé nada de Luigi, tiene que creerme, no me lastime...

-No voy a lastimarte. Bien, te soltaré, ya sabes, tranquilo... Venga, siéntate ahí contra esa pared y respira, vaya maratón nos has hecho pegarnos. Y encima no me pude acabar mi cubata. Claro que tampoco lo pagué... Bueno, ¿estás más tranquilo? ¿Como te llamas?

-Giancarlo.

-Giancarlo, bien, yo soy Josep, Josep Guevara. Soy inspector de policía, investigo el caso de Luigi Anterraglo. ¿Le conocías verdad?

-Si.

-¿Era tu amigo?

-Si, éramos amigos, yo le quería mucho. Era muy bueno, demasiado bueno...

-¿Como lo conociste?

-En Italia, venimos del mismo pueblo, desde pequeños somos amigos.

-¿Y os vinisteis juntos para Barcelona?

-No, Luigi vino el año pasado. Yo ya estaba aquí, pero no sé donde estuvo antes, nunca me dijo.

-Vino para tomar parte en las protestas de la cumbre europea, ¿no es cierto?

-Si, pero él no quería, el era bueno... no fue su culpa...

-¿El qué no fue su culpa, de qué hablas?

-Todo aquello, lo que pasó, Luigi no quería formar parte, pero tenía miedo, tiene que entender, el miedo es terrible, él era muy frágil...

-¿De qué hablas? ¿Qué fue lo que pasó?

-Los disturbios, la violencia y los enfrentamientos, fue horrible para él, él era pacífico, odiaba la violencia, los golpes...

-¿Dices que participó en los enfrentamientos?

-Luigi era bueno...

-Dime, ¿por qué  tienes tanto miedo? ¿A qué le temes? Pensaste que yo quería hacerte daño, estabas aterrado, ¿por qué?

-Creí que eran ellos, tengo miedo...

-¿Ellos? ¿Quién carajo son ellos? Ya es la segunda vez que me hablan de "ellos", dime lo que sepas ahora mismo.

-Yo no sé mucho, se lo juro. Luigi siempre hablaba de "ellos", tenía mucho miedo y sufría. Pero no me explicaba más nada, decía que para mí era mejor no saber nada, que eran gente peligrosa. Y cuando murió fue terrible... Comprendí por qué siempre estaba aterrado, pocas veces sonreía sabe... Para mi era muy triste, quería ayudarlo pero no sabía como.

-Que más puedes decirme, tienes que decirme todo lo que sepas, quizás pueda ayudarte también a ti, ¿o prefieres vivir con miedo siempre?

-Todo empezó después del accidente, él cambió tanto.... Cuando volví a verlo se había vuelto callado y estaba siempre muy preocupado...

-¿Qué accidente? ¿Hablas de la muerte de sus padres?

-Nunca supe por qué se marchó, justo cuando todo podía haber ido bien, hubiese podido vivir conmigo y mi madre... Y luego cuando volví a verlo ya no era el mismo... Pero nunca me contó que había pasado, yo le preguntaba pero él no contestaba...

-¿Qué quieres decir con "justo cuando todo podía haber ido bien", te refieres a que habían muerto sus padres?

-Usted no lo comprende... Luigi siempre sufrió, por eso me quería tanto a mí, éramos como hermanos. Yo era su amigo, confiaba en mí, y siempre que podía estaba conmigo, para escapar...

-¿Escapar?

-Por favor, no me haga hablar de ello, se lo prometí a Luigi, ¡juré que no hablaría nunca de ello!

-Pero tu amigo está muerto ahora, y tú puedes ayudarme.

-No puedo, de verdad, por favor... hable con el padre Antonio, el podrá ayudarle... Él lo sabe todo, de verdad, mejor que yo...Luigi no me perdonaría, él me ve desde el cielo, lo sé, y cuando volvamos a vernos, sabrá que no lo he traicionado...

-Bueno, tranquilo... Por ahora es todo, te dejaré en paz. Pero quizás vuelva a necesitarte. ¿Donde vives?

-En la calle Ample, número 15, el primer piso.

-Vamos, te acompaño a por un taxi.

-No, no... Tengo que volver a la discoteca,  a trabajar.

-Está bien. Una cosa más. ¿Como se llama el pueblo donde se criaron Luigi y tú?

-R...

-¿El padre Antonio verdad?

-Sí. Por favor, no le hable de mí. No le hable a nadie de mí...

-No te preocupes. Anda, vuelve al trabajo. Ya nos veremos.

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