XIII

El capitán Sánchez abrió la puerta del despacho indicándole que tomase asiento. Su gesto era poco amistoso y parecía bastante nervioso.

 

-Guevara, no puedo admitir este informe.

-Por qué  jefe, es un trabajo serio, ahí está todo...

-Te lo advertí Guevara, te dije claramente que este caso estaba cerrado, que no te metieses en líos.

-Si jefe, pero ya ve que no era tan simple. Ese informe contiene toda la verdad, explica lo que en realidad pasó.

-¡Me importa un carajo lo que pasó! ¿Me entiendes? Te diré yo lo que pasó, el puto italiano la palmó en una pelea, y listo, no puede estar más claro. ¡Qué te pasa Guevara! ¿Tú qué coño quieres..., quieres acabar tu carrera a los treinta años? ¿Quieres acabar rellenando denuncias por robo de carteras en un jodido escritorio?

-Solo he hecho mi trabajo jefe, nada más, resolver el caso.

-¡Y una mierda! En primer lugar, este no era tu trabajo, tu trabajo era el  caso de los colombianos. Tú mismo me dijiste que de esto te ocuparías en tu tiempo libre. ¿Y en cambio que has hecho? Meterte en este berenjenal de cuidado, y de los colombianos nada. Vuelve a lo que te toca Guevara y olvídate del jodido Luigi Anterraglo.

-Pero jefe... ¿Qué hay de Montes Serrano? ¿Qué hay de los dos otros dos chicos asesinados? Tenemos todas las pruebas necesarias, tenemos su declaración.

-Montes Serrano ya no existe, ¿me comprendes? Y por lo que a mí respecta nunca existió, no sé nada de ningún Montes Serrano. En cuanto a esos chavales asesinados de que hablas, se tiene constancia de una muerte violenta por resistirse a un atraco y de una desaparición. No se contempla ninguna relación entre los crímenes.

-¡Qué dice capitán! ¡Yo mismo encerré a ese cabrón asesino anoche en una celda! Venga, hable con él...

-¡Guevara cálmate! No hay nadie en ninguna celda más que unos jodidos camellos marroquíes. Te lo he dicho, el tipo del que hablas nunca ingresó detenido, y no se guarda historial de nadie con ese nombre. Métetelo en la cabeza.

-No puede ser... ¿Pero por qué Señor? ¿No quiere hacer nada? Creía que usted estaba afuera de esto, hubiese jurado que usted no estaba implicado capitán...

-Escúchame: voy a destruir este informe ahora mismo, y más vale que te olvides pronto de todo este asunto si no quieres tener problemas serios, ¿has entendido? Deberías agradecerme que me preocupe por ti. Algunas cosas no están al alcance de nuestras manos, que te quede claro. Nosotros somos funcionarios del estado, no unos putos dioses, no podemos morder la mano que nos da de comer, o estaremos bien jodidos.

-La mano que nos da de comer es la gente jefe, con sus impuestos, los otros son los que nos clavan las dagas...

-¡Joder! ¿Pero será posible Guevara? Me cago en... Sal de aquí Guevara, y más te vale que reflexiones entiendes, ¡o el camino se te llenará de piedras!

-Lo haré jefe, lo haré...

 

   Guevara deambuló por las calles sin rumbo fijo. Bajó por Las Ramblas pero esta vez, a diferencia de tantas y tantas otras en que la fuerza de la costumbre le hacían ver el emblemático paseo como  a una calle más, esta vez observó con atención todo lo que ocurría en esa fuente de vida en constante ebullición, la arteria principal de  Barcelona. Qué cantidad de artistas callejeros, músicos, estatuas vivientes, poetas, cómicos, mimos. Cuántos personajes anónimos que por ahí pasaban cada día en un ir y venir infinito. Algunos eran admirables realmente. Qué diferentes pueden ser las perspectivas. A veces el todo no es más que un frío cúmulo de estadísticas, un dato informado en un telediario, un argumento lógico y racional. Pero a veces es misticismo puro, tremenda sensibilidad, energía misteriosa y particular, como ese bailaor flamenco bajo la galería que entrega todo lo que tiene en una simple actuación callejera.

   Anduvo por el Paseig Colón hasta llegar al Parc de la Ciutatela. Poco a poco iba cambiando su decaído ánimo, transformándolo en nueva energía. Un poco más arriba, a la altura del Hivernacle hay un café bastante especial. Cuando uno entra ahí parece que viajara hacia atrás en el tiempo. Guevara iba a menudo y pasaba largos ratos. Al entrar, una chica muy bonita que tomaba un capuchino en una mesa le sonrió. Se notaba que era extranjera y tenía una figura espectacular. Guevara se dirigió directamente hacia ella sonriendo también.

 

-Hola.

-Hola.

-Te parecerá extraño pero... ¿puedo sentarme en tu mesa?

-Claro, siéntate.

-¿Cómo te llamas?

-Jeanne, ¿y tú?

-Josep.

-Encantada.

-Y yo más... (Sonríe) No eres de aquí ¿verdad?

-Soy de Bélgica.

-Que bien. Estás de viaje supongo...

-Bueno, un poco sí, pero también estudiando español.

-¿Te gusta esta ciudad?

-La verdad es que me encanta, quisiera quedarme mucho tiempo.

-Pues quédate...

-(sonríe, es encantadora) ¿Y tú que haces?

-Vaya, buena pregunta. Justamente acabo de cambiar de trabajo, acabo de tomar la decisión hace apenas unos minutos.

-¿Ah sí?  ¿Y cuál es tu nuevo trabajo?

-Verás, estoy pensando en escribir un libro.

-Que bien. ¿Qué tipo de libro?

-Una novela, basada en hechos reales...

-Ya veo... ¿Puedo saber de qué se va a tratar, o es información confidencial?

-Lo era, pero ahora ya no...

-¿Entonces?

-Te lo contaré, pero antes dime, ¿te gustaría hacer algo esta noche? Puedo enseñarte lo mejor de la ciudad...

-Mmm... (Jeanne esboza una sonrisa pícara) Depende.

-¿Depende? ¿De qué?

-De si me gusta tu historia...

-(Sonríe) Pues no lo sé. Verás, es un poco autobiográfica. Va de un detective que investiga la muerte de un okupa...

-¿Un qué?

-Un okupa, un squatteur, como dirías tú. Muere asesinado en Barcelona y el detective va descubriendo una conspiración en la que intervienen policías, gobernantes, medios de comunicación y grandes intereses económicos. Ese es el argumento principal.

-Suena bien. ¿Me dejarás leerlo?

-Claro, tendrás tiempo de sobra cuando vivamos juntos...

-(Hermosa sonrisa con final en gesto de amistosa reprimenda) Eso se verá... Pero dime, ¿cómo termina?

-¿El qué?

-La historia, ¿qué pasa al final?

-Ah, la historia... Por un momento pensé que...

(Guevara se pierde unos segundos en distantes meditaciones volviendo enseguida a la realidad mirándola fijamente)

-Nada, al final no pasa nada. Todo sigue igual bajo el dorado sol mediterráneo de Barcelona...

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