El Billete

Apartamento 1Ab

 

           
    Un niño de 4 años en su cama. Junto a él su madre, sostiene su mano y lo mira; no oye el ruido nocturno de la ciudad. Es un apartamento de un solo espacio, pequeño. Un apartamento de alquiler, de muebles baratos y una televisión, uno como tantos otros.

            -Todo irá bien pequeño ya lo verás. Mamá está aquí, contigo, mamá cuida de tí. No tengas miedo. Mamá no te dejará solo nunca, nunca. Tú duerme pequeño, descansa. Debes descansar...

 

            Los ojos del niño contemplan a su madre con una mirada perdida, casi indiferente. La mirada de un niño enfermo. Pero su mano siente el calor del amor materno, y su interior se alivia.

 

            -Recuerdas el paseo por el parque, lo recuerdas? Jugaste con el perro grande, trepaste en el árbol viejo. Todo volverá a ser igual pequeño, no pasará nada. Y te llevaré a otros parques más grandes y más bonitos. Te compraré una pelota especial, y haremos un picnic, con pan y mermelada, con leche chocolatada, y después dormiremos a la sombra de un árbol. ¿Qué te parece pequeño? Ahora duerme, solo duerme, para que por la noche venga el mago y deposite su poción  sobre ti. Entonces despertarás fuerte, y correrás y reirás como antes. Duerme pequeño. Duerme...

 

            El niño cede al cansancio y cierra los extenuados ojos. La madre cierra los suyos también. Su rostro brilla, iluminado por las luces de neón que invaden la sala desde el exterior. Abre sus ojos húmedos, pero no se permite más que ese instante de escapismo. Solo hay lugar para la determinación. El niño duerme. La madre corre a la cómoda, abre el cajón inferior, abre la lata de galletas, y coge el billete, él único billete, volviendo a cerrar la lata, ya sin riqueza, excepto por algunas monedas sueltas de poco valor. La mujer aprieta el puño y en su interior el billete, arrugado, estrujado, con rabia, con la fuerza de la sangre propia.

 

            El reloj de de plástico marca las 9. La madre se detiene una vez a contemplar al niño. Observa sus movimientos, su cabello revuelto, escucha su respiración. Luego sale del apartamento en silencio cerrando la puerta tras de sí.

 

Apartamento 1B

 

            -Entonces quieres que te haga un trabajo...

            -Sí, es para el niño. Lo mejor que tengas, que se cure por fin y vuelva a ser el de antes.

            -No será un trabajo fácil, ya lo sabes. La situación del niño es complicada, el niño está  muy             comprometido, se necesita mucho poder para sacarlo de ahí, me entiendes? Mucho poder,             mucha fuerza. Y eso... no será barato, lo sabes...

 

            La mujer apoya el puño cerrado sobre la mesa y aguarda unos instantes, dominando su ansiedad. Luego abre la mano y produce el billete, soltándolo, deshaciéndose de él sin remedio. Entonces exclama con pasión desesperada "¡es todo lo que tengo!".

            La bruja, tras años de oficio, sabe bien disimular sus emociones, detiene cualquier reacción espontánea que sus rasgos puedan producir, no puede permitirse una traición estúpida y lo sabe.

            Pero el brillo de sus ojos, el brillo de la codicia no tiene disimulo posible al ver el billete. Sin embargo la clienta tiene preocupaciones más grandes, y esperanzas más grandes aún, potenciadas por la inocencia y la desesperación, y no percibe nada.

 

            -Con esto se podrá hacer algo. Se podrán pagar los gastos de un trabajo bueno. El niño saldrá, tú no te preocupes mujer...

            -De verdad? Se recuperará, volverá a ser el niño alegre y travieso que siempre fue? Por favor hay que hacerlo ya, ya, no puedo verlo sufrir así.

            -Espera mujer, cálmate. Esto no es cosa de un minuto. Son espíritus fuertes lo que están de por medio. Se necesita preparación. Paciencia, que todo se arreglará. Déjame hacer, ok? Mira, vuelve mañana por la mañana, con el niño. Entonces ya estará todo preparado, me entiendes? Ahora déjame trabajar mujer, que es tarde. Tu ve y descansa, y cuida del niño.

            -Está bien. Hasta mañana entonces. No sabe cuanto se lo agradezco Mae, me está destruyendo, me está partiendo el corazón y el alma, no puedo seguir así...

            -Esa es la fuerza de ÉL mujer. Alguien que no te quiere lo llamó, y vino a ti. Vino a tú niño, que es tu amor más grande. No es por él, es por ti me entiendes? Pero vete tranquila, porque yo sé como anular este mal que te controla. Yo también soy poderosa, y tengo ayuda, ya verás. Anda ve, ve a descansar para mañana...

 

Apartamento 1C

            La bruja está de pie frente a la puerta, en el pasillo. Claramente contrariada. Golpea la puerta. No hay respuesta. Vuelve a golpearla. Una voz cascada e irritada suena desde el interior: "¿Quién es?"

 

            -Soy yo, Mabel. Abre la maldita puerta.

           

            La puerta se abre y aparece un viejo de piel arrugada y ojos amarillentos. En una mano sostiene un cigarrillo, en la otra una petaca de brandy. Está desarreglado y sucio.

 

            -Que mierda quieres ahora bruja, no estoy para visitas sociales.

            -Calla viejo verde. No vez que vengo a alegrarte la noche. Déjame entrar, y sírveme una copa.

            -¡Una copa! No pienso servirte nada bruja, ya no fio nada, y menos a ti. Como te atreves a venir a verme, a joderme la noche, a pedirme una copa... Me debes dos meses de alquiler, y aquí el dinero no sobra, lo sabes bien. Estoy harto de lidiar con gente sin compromiso, no soy papá millonario, también tengo que comer, me entiendes, que carajo haces acá si no es para pagarme, eso me pregunto bruja, tú y tus malditos 'trabajos', trabajar, eso deberías hacer, y así pagar tus deudas... Pero ya no te queda crédito Mabel, ya me cansé de...

 

            -Ya vale borracho, cierra ese maloliente pico. Calla de una vez con tu moralina barata. Aquí tienes, aquí tienes viejo asqueroso, lo vez? Todo para ti...

 

            La bruja produce el billete y lo pasea frente al rostro anonadado del viejo, que no le quita los ojos. Ojos que brillan también al ver el dinero, con fuerza y deseo; brillan por codicia, y un deseo lujurioso.

 

            -¿Te gusta eh viejo? Parece que te cambió el rostro. Ah mira, pero si tienes dientes... Nunca los había visto. ¿Estás sonriendo? Anda, cógelo, regodéate con él. Sé bien que te va a durar poco, y sé donde lo vas a gastar viejo inmundo. Pero me da igual, mientras no tenga que volver a ver tu sucia cara por otro mes. Anda, sírveme esa copa, hasta arriba...

 

           

            -Ha ha ha... Ahora sí que me has sorprendido bruja. ¿De dónde lo has sacado?

            -Eso no es asunto tuyo. Es dinero, no hay más.

            -Claro, claro... Por mí como si te lo hubiese dado el mismísimo Satanás...

            -¡Calla insensato! ¡Cómo te atreves a nombrarlo! A ti no te salva nadie Josué. Te quemarás en el infierno, lástima que no podré estar allí para verlo...

            -Ha ha ha... Eso ya lo veremos bruja. Los estafadores también tienen plaza reservada, no lo olvides. Ahora entra y disfruta, invita la casa...

 

Apartamento 1D

            Una adolescente se arregla frente al espejo del baño. Tiene apenas diez y seis años, pero su cuerpo es el de toda una mujer. Las curvas perfectamente delineadas, la piel lisa, el pelo lacio y largo. Está contenta, mientras se arregla sonríe. Lleva una toalla blanca por toda ropa. Sale del baño con paso sensual y entra en la habitación. Sobre la cama doble, semidesnudo, el viejo aguarda, lleno de deseo lujurioso por la manzana que está a punto de comerse. Es su perdición, lo sabe, pero es su gloria también, y no le importa nada.

 

            -Ven aquí pequeña, estás para comerte de un solo bocado. Ah, qué guapa eres, y toda para mí. Te voy a probar toda, poco a poco, pero te comeré entera...

            -Si Josué, soy toda para ti... Ya verás como no te olvidarás de esta noche nunca...

 

            La joven se quita la toalla dejando ver la perfección de su cuerpo. Los ojos del viejo se abren enormes, y su corazón anciano late con intensidad. Sobre la mesa de luz, neutral y poderoso, el billete.

 

Apartamento 1E

            Jimmy se quita el sudor de la frente con la mano. Lleva una musculosa blanca manchada y unos pantalones vaqueros. Está fumando, y pensando. Golpea la mesa con los nudillos rítmicamente. Tiene unos treinta años de edad, y piensa en grande, en tiempos mejores y rodeado de riqueza. Le da asco su situación. Suena el timbre. Jimmy se levanta y se acerca a la puerta. Se queda en silencio al otro lado, esperando.

 

            -Soy yo amor, abre la puerta...

 

            Es la voz de la chica, la adolescente.

 

            -Que quieres ahora Angelie, estoy ocupado, nos veremos mañana.

            -Jimmy, por favor, abre, quiero verte...

            -No me jodas niña. Te digo que estoy ocupado, vete, mañana te digo...

            -Pero Jimmy... Tengo algo que te gustará...

 

            Jimmy cambia de actitud, sabe lo que significa. Abre la puerta y entra Angelie, sonriente, se abraza a Jimmy con pasión.

 

            -Amor, deseaba tanto verte... Un día entero sin ti, que tortura!

            -Corta el rollo Angelie. ¿Qué traes?

 

            Jimmy se la saca de arriba poco delicadamente.

           

            -Eres cruel Jimmy, ¡no me quieres!

 

            La muchacha se da vuelta exagerando su enojo, amagando irse y Jimmy comprende la situación.

 

            -Espera pequeña. Tú sabes que eres mi diamante. Ven acá. Vamos, ven con Jimmy.

 

            Ella no lo piensa dos veces y se zambulle en su pecho, dejándose llevar.

 

            -Tranquila niña. Sabes bien que cuido de ti, y sabes que dentro de poco nuestras vidas cambiarán para siempre, y saldremos de esta mediocridad por la puerta grande, juntos Angelie, tú y yo...

            -¿Cuándo Jimmy?, ¡no puedo esperar más! Solo quiero tu cuerpo amor, tus manos, y las de nadie más...

            -Y así será niña, ya lo verás. Pero se necesita un esfuerzo. Tú a lo tuyo pequeña, yo me encargo del resto. Venga, qué me traes...

 

            La niña saca el billete de dentro de su escote, en un gesto sensual, destinado a excitar a su hombre. A ella no le importa el dinero, solo le importa él. Pero la excitación de Jimmy no se debe a la sensualidad de Angelie. Es el billete que la produce.

 

            -¡Muy bien niña, muy bien! Así te quiero. ¿Quién te lo ha dado?

            -El viejo.

            -Viejo de mierda. Ya le arreglaré las cuentas cuando llegue el momento. Pero por ahora nos sirve. Bien hecho Angelie, bien hecho. Ahora tengo que salir...

            -No Jimmy, no te vayas, quédate conmigo esta noche, te deseo tanto...

            -No puedo Angelie, no seas pesada. Tengo negocios que atender, y son importantes. Mañana podemos vernos ok? Vamos, vete ahora.

 

            La joven se da vuelta con gesto de frustración, y se dirige a la puerta. Jimmy la detiene agarrándola de la cintura con fuerza, y la reconforta con un beso profundo. Las cosas en su lugar.

 

Apartamento 1F

            Jimmy y su hermano mayor Carlos están sentados a la mesa, con dos botellas de cerveza. La televisión está encendida, pasan una película de gangs mafiosos. Pero los hombres no se preocupan de la tele. En el centro de la mesa está el billete.

 

            -Qué te parece hermano. ¿No te lo esperabas eh? ¡Ya ves que cumplo con mi parte!

            -Muy bien Jimmy, muy bien, sí hermanito, buen trabajo...

 

            Ambos ríen y brindan con sus cervezas: 'por el futuro'

 

            -¿Y cómo conseguiste está pieza Jimmy? Trabajando no habrá sido, ha ha...

            -Ha ha, no, ni loco. Yo no trabajo ni mierda. La pendeja, me lo entregó la pendeja.

            -¡Vaya cabrón eres, hermano! ¿Le sacaste esto a la pendeja? ¿Y ella a quién carajo se lo sacó? Ha ha, mejor ni pregunto. Esa pendeja es una mina de oro. Pero cuidado hermano, porque ahora empiezan los negocios serios, y no podemos permitirnos que nos joda una muñeca.

            -Tranquilo. Ya me la voy a sacar de arriba. Pero no digas que no está buena eh? Está divina la muy puta...

 

            Ambos ríen y beben más cerveza. En la tele un dealer le vuela los sesos a otro dealer en el medio de la calle, y luego regresa al bar con sus hermanos.

 

            -Tú y tus mujeres Jimmy, siempre metiéndola por ahí, en cualquier lado, y sin pausa...

            -Venga hermano, sabes bien que elijo mejor que tú. Y no hago cagadas tan grandes, "papá..."

           

            Dice 'papá' con ironía y se ríe. Su hermano ríe, pero no con una risa tan espontánea.

 

            -Mira que cogerte a la vecina, una noche solamente, y dejarla embarazada... haha, eso sí que es suerte. Y después tener que verla siempre, no entiendo hermano, tu masoquismo, ¿por qué carajo no te mudaste?

            -No sé, no quiero hablar de eso ahora Jimmy.

            -Oí que el niño está enfermo. Jodido, jodido. Ya no tendrás que preocuparte de la manutención, ha ha...

            -Basta Jimmy, que te calles ahora te digo.

            -Vale vale, no digo más (se contiene la risa).

 

            Hay unos momentos de silencio incómodo. Jimmy bebe y disimula mirando la película, Carlos está serio. Jimmy habla.

 

            -Entonces hermano, ¿crees que habrá suficiente con esto? Quiero decir, con esto y lo que ya tenemos claro...

 

            Jimmy ha cogido el billete y juega con él.

           

            -Sí, ya está todo. Mañana voy a hablar con el turco, y él arreglará con el contacto. Tenemos para un kilo, de la mejor calidad que hay por ahí. Después la cortamos, y la convertimos en cuatro. Empieza el juego Jimmy. A partir de ahora nada de pendejadas, tenemos que actuar con seriedad. Pero lo vamos a conseguir hermano, lo vamos a conseguir.

 

            -¡Sí! Ha ha, por fin, la puta madre que me parió, por fin. La cosa va a cambiar, estoy harto de ser un comemierda.

            -Nada de comemierda Jimmy, no hables así, me entiendes, somos gente importante, ya, a partir de ahora, no quiero oír nada de eso (habla con tono imperativo).

            -Ok hermano, tranquilo, tranquilo. Sabes que estoy ready.

            -Bien. Ahora a dormir, es tarde, y mañana es un día importante. Necesito descansar.

 

            Jimmy se levanta, bebe un último trago y se marcha, silbando una melodía. Carlos se queda en la mesa, pensativo. Se levanta, apaga la televisión, coge una botella de whisky y se sirve en un vaso pequeño. Se bebe un shot. Luego se sienta otra vez. Y observa el billete, con gesto serio.

Apartamento 1A

            El reloj de plástico marca la medianoche. Suena el timbre. La madre no está en casa, solo el niño, que duerme. El timbre suena otra vez. El niño se despierta. Abre los ojitos brillosos, y mira la puerta. Se levanta con esfuerzo de la cama, y se dirige a la puerta. La abre sin preguntar quién es. Frente a él está Carlos. El niño no sabe quién es, sin embargo ambos se miran fijamente.

 

            Se miran a los ojos durante varios segundos, pero ninguno habla. Luego Carlos le extiende la mano produciendo el billete. El niño observa el billete, y luego a Carlos, una y otra vez. Carlos mantiene el brazo extendido, y la mirada fija en el niño. Finalmente el niño coge el billete con su pequeña mano, y se queda a la espera. El hombre simplemente se da vuelta y se marcha. El niño lo ve entrar en su apartamento, y cerrar la puerta. El niño cierra su puerta, y se queda unos segundos quieto, observando el billete. Luego se dirige hacia la cómoda, abre el cajón inferior, coge la lata de galletas, la abre, y guarda en su interior el billete, junto a las monedas de poco valor. Luego cierra la caja y la deja en su lugar. Vuelve a la cama, y se acuesta, tapándose con sus sábanas.

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