Breve justificación del tema

La rápida implantación de las Tecnologías de Información y la Comunicación (TIC) en todas las esferas de la sociedad, ha dificultado que las familias y educadores/as podamos acompañar a l@s menores en un uso crítico y responsable de las mismas. Sin embargo, en parte, es posible que también nos hayamos desentendido de nuestra responsabilidad educativa en este ámbito tecnológico.

La frecuencia de actualización y el ritmo vertiginoso con el que evolucionan las TIC, nos generan estrés, frustración y miedo. El resultado es una actitud de no intervención y abstención educativa en este ámbito que se traduce en comentarios como “no podemos hacer nada porque los niñ@s saben más que nosotras las personas adultas”. Sin embargo, nuestra responsabilidad educativa no debe centrarse en capacitar tecnológicamente a l@s menores, sino corresponsabilizarles en una correcta escala de valores en el uso de las TIC. Además, afirmaciones como la anterior no son del todo ciertas, l@s menores sólo dominan un cierto uso de las tecnologías y algunas herramientas concretas, pero les falta una visión amplia y compleja y desconocen una gran cantidad de herramientas, posibilidades y usos.

Tampoco podemos caer en pensar que las TIC han traído un panorama repleto de riesgos inherentes a la propia tecnología. Aun sabiendo que la tecnología no es neutra,  su uso y evolución si va a depender fundamentalmente del uso que le demos y de nuestra capacidad de apropiación.  Las TIC, como herramientas que son, en muchas ocasiones cumplen un papel reproductor y reforzador de los valores dominantes. Unos valores en los que actualmente predominan la competencia y el individualismo, con una violencia presente que no solo no es cuestionada sino que a veces se premia.

Sin embargo, para l@s menores, tecnologías como los móviles o las herramientas online al servicio de las Redes Sociales (en adelante Redes Sociales[1]) no sólo no entrañan riesgos, sino que resultan de un enorme atractivo. Suponen un espacio en el cual son protagonistas, donde se relacionan con otros semejantes si la mediación de la figura adulta, usan su propio lenguaje y donde caben muchos de sus gustos e intereses. Tanto es así, que según un estudio de CCS propiedad de Carat, el 70% de los menores se siente perdido sin su teléfono móvil y el 76% lo consideran una parte esencial de su vida social[2].

A partir de esa motivación, la única propuesta capaz de mejorar el uso de las TIC por parte de l@s menores, es combinar medidas de prevención, con un proceso educativo donde estén implicados todos los agentes relacionados con el menor y donde éste juegue un papel protagonista. El objetivo es educar en un uso crítico y responsable de las herramientas tecnológicas. De esta forma, tengo la convicción que no sólo no serán herramientas para la reproducción social, sino que se convertirán en recursos para la transformación.

Sin embargo, frente a los riesgos que sufrimos derivados de un mal uso de las TIC, ya llevamos algunos años realizando protocolos de actuación, cambios legislativos, medidas de carácter punitivo… todas ellas con un marcado carácter reactivo (Uruñuela, P. 2016), es decir, se actúa después de que el problema haya generado consecuencias negativas. Si bien es cierto que también se disponen de Planes de Prevención en muchas instituciones y centros educativos, es habitual que tras su elaboración éstos no se implementen y sólo se actúa una vez surgido el problema. Además, a menudo, estos planes no han sido elaborados de forma participada (por lo que es imposible interiorizar su importancia) ni han tenido en cuenta a los propios menores ni a las familias.

El modelo de intervención reactivo predominante es un modelo individualizado y con una incidencia puntual. Sin embargo, los problemas derivados de un mal uso de las TIC tratan de algo generalizado y estructural. Detrás de estos problemas hay una cultura de la violencia, problemas de autoestima, conflictos en las relaciones sociales… aspectos que tienen más que ver con la educación en valores que las características de las TIC.

Este modelo reactivo se está demostrando ineficaz, va por detrás de los acontecimientos. La Línea de Atención sobre Ciberbullying atendió en 2012 a 343 menores que denunciaron casos de acoso a través de Internet, mientras que en 2007 los casos denunciados fueron 227. Supone una subida del 151%[3].

Actualmente, según Save the Children[1] el 5,8% de los niños y niñas han sufrido ciberacoso ocasional en España, mientras que un 1,1% lo sufre de forma frecuente.

Con respecto a la edad en la que las víctimas sufren ciberbullying, según la Fundación ANAR[1], la edad media es de 13,6 años. Y las cohortes generacionales de mayor frecuencia son las de 14 años de edad (23,6% de casos) y la de 16 años (17,3%) y, por el contrario, existe un número de casos muy reducido de menores de 9 años (0,8%). Este rasgo de mayor presencia de adolescentes que de niños/as en ciberbullying puede estar determinado por la edad de acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación en España, en concreto en cuanto al teléfono móvil; mientras que un 30% los niños/as de 10 años tiene teléfono móvil, a los 14 lo posee un 83%.

 

Tras estos datos, queda de manifiesto la ineficacia de los actuales modelos reactivos mayoritarios de intervención. Bajo mi punto de vista, el principal motivo de este fracaso, puede deberse a que no se tienen en cuenta ni se actúa desde los procesos de socialización de l@s menores. En este sentido, el enfoque sistémico (Bertalanffy 1976), ecológico (Bronfenbrenner 1987), la teoría de la Complejidad (Edgar Morín) y la teoría de la Comunicación (Shanon 1981) con influencia ya en algunos ámbitos de la intervención social, pueden ayudarnos también a desarrollar modelo de prevención holísticos e integrales. Todos estos enfoques tienen en común el reconocimiento de la influencia de las relaciones y los contextos en las personas y las estructuras sociales. Por tanto, una verdadera intervención que genere una transformación a nivel estructural, debe tener en cuenta esta sociabilidad.

Esta intervención, y desde el enfoque de la prevención frente al modelo reactivo, puede ser llevada por un modelo de convivencia proactiva (Uruñuela, P. 2016). Según el ex-inspector de educación y profesor de filosofía Pedro Uruñuela “la sociabilidad nos permite alcanzar la condición de personas. Trabajar por la convivencia es trabajar por nuestro desarrollo como personas”. Esto permite realizar un tratamiento integral con los múltiples agentes de socialización, incluidos l@s propi@s menores.

En este trabajo se defiende que figuras como maestr@s, educadores/as sociales, trabajadores/as sociales… pueden ser profesionales de referencia que puede dar una respuesta efectiva a la problemática derivada de un mal uso de las TICs por parte de l@s menores, realizando una intervención multidimensional e interdisciplinar. Desde todas esas figuras profesionales se puede articular una intervención que incluya a la familia como sistema, oriente a educadores y centros escolares en la creación e implementación de planes de prevención, apoye a la víctima acosada, desarrolle una labor de sensibilización en el grupo de espectadores cómplices, influya en la figura acosadora o realice una labor de mediación entre los múltiples agentes implicados. Incluso, podría también realizar acciones encaminadas a influir en otros ámbitos como medios de comunicación y políticas de infancia, educación o género.


[1] Fundación ANAR (2016): I Estudio sobre ciberbullying según los afectados (www.anar.org/documentacion).

 



[1] Informe Yo a eso no juego. Bullying y Ciberbullying en la infancia (2016): Save The Children (Coord: Ana Sastre) (https://www.savethechildren.es/sites/default/files/imce/docs/yo_a_eso_no_juego.pdf).

 



[1] Si tuviéramos que ser coherentes con un correcto uso del lenguaje no sería del todo correcto usar el término Redes Sociales para referirnos sólo a las plataformas tecnológicas que todos conocemos, ya que las Redes Sociales se trata de algo más complejo y amplío.  Sin embargo, por economía del lenguaje y facilitar la comprensión usaré la terminología más extendida y asumida.

[2] Europa press, 29 de marzo de 2016. “El 70% de los menores se siente perdido sin su teléfono móvil, según un estudio de CCS”. Europa press social. Consulta 28/06/2016: http://www.europapress.es/epsocial/noticia-70-menores-siente-perdido-telefono-movil-estudio-ccs-20160329144851.html

[3] Alejandra Agudo, 19 de marzo de 2016. “Un menor al día denuncia haber sido ciberacosado en España”. El País (versión digital). Consulta 23/03/2016 (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/19/actualidad/1363700296_848102.html)

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