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  Trabajo en un carguero. No soy más que un grumete,  me paso el día en la cocina haciendo las faenas más pesadas. El jefe de la cocina es un chino, se llama Lee, y es un cabrón como he visto pocos. Siempre busca la forma de joderme. Me trata peor que a una rata de caño y no deja de fastidiarme ni un momento. Me encarga las peores tareas una tras otra, mientras su ayudante, otro chino amigo suyo, pasa de todo sin llevarse reprimenda alguna.

   Lee es sucio y desordenado cuando prepara la comida. Me ha encargado el preparado y la limpieza de los alimentos pero como ellos dos apenas se ocupan de esas labores siempre termina cocinando con la mitad de los ingredientes sucios y a menudo en mal estado. Todo eso le da igual. La cocina está siempre grasienta e inmunda aunque yo trabaje como un burro para evitarlo. Ellos ensucian al doble de velocidad de lo que yo soy capaz de limpiar. He visto como las ratas y los ratones circulan impunemente por las estanterías. Parece que Lee simpatiza con esos animales.

    La tripulación no parece enterarse de las malas maneras del cocinero, los hombres comen hambrientos y felices, aunque alguna vez se hayan quejado de encontrar elementos extraños en sus platos. Es normal, la vida en el barco es dura y la comida se ve como un descanso reparador y es uno de los mejores momentos a bordo. En cuanto al capitán y sus hombres, no tienen motivos de sospecha. En eso sí se afanan el cocinero y su maldito segundo. Para los de arriba todo es inmaculado. Jodidos hipócritas. Si hay algo que no soporto es la hipocrecía, es el peor rasgo que un hombre puede tener. No hay nada más vil. Está lleno de posibilidades por ahí, lleno de opciones negras o rojas. Pero nada peor que la hipocresía, me da asco. Muchas veces he pensado en hablar con el capitán, en informarle de las inmundas condiciones de la cocina. No le hablaría de mí, de como me explotan, solo de que los cabrones se ríen de la tripulación. Pero no puedo hacerlo, no soy un chivato, solo la idea de chivarme me pone enfermo. Quisiera enfrentarme con Lee y su segundo, me gustaría poder hacerlo. Pero no creo que tuviese demasiadas posibilidades, apenas soy un insignificante grumete. No es que físicamente no tenga mis opciones. Creo que podría superarlos, contaría con la ventaja de la táctica y la sorpresa. Pero y después qué, como justificar mi reacción violenta, como explicar que he agredido a mi superior. En el mar no se puede escapar, tendría que atenerme a las consecuencias, y no me fío del espíritu traicionero del cocinero.

   Desearía ser el capitán, y así ocuparme mejor del barco. En mi barco no habría lugar para ese vil cocinero, lo arrojaría por la borda. Estoy exagerando, no haría eso. Pero seguro que no hubiese subido a mi buque, y de haberlo hecho, no habría pasado mucho tiempo sin que yo me enterase de sus sucias acciones. Es obligación de un capitán velar por sus hombres. Yo sería un gran capitán. Sería un gran hombre si me encontrase en una situación de poder. Pero apenas soy un insignificante grumete, y nadie ve en mí más que eso. He intentado acercarme al capitán Kipstas más de una vez, he intentado demostrarle que valgo más de lo que piensan, pero me ha ignorado completamente. El capitán no es un hombre fino, no parece que le importen esas cosas, no creo que vaya por ahí dándole oportunidades a los marineros ni a nadie. Él solo va a lo suyo. Creo que la mayoría son así, van a lo suyo. Intentaré hacer mi trabajo lo mejor que pueda, quizás logre conseguir algo con el tiempo. No lo sé, espero que no tenga que lidiar con más gente como Lee, no creo que tuviese la paciencia para soportarlos. Maldito Lee, un día de estos tendré que patearle el culo.

 

   Por la mañana ha venido Catherina, ya saben, mi vecina. Esta vez no he querido abrir la puerta. Ha sido horrible, porque ella sabía que yo estaba en casa, siempre estoy en casa, y tuve que oírla llorar. Hablaba a través de la puerta y me pedía ayuda, pero yo era incapaz de responder. Creo que estaba preocupada por sus gatos, me pareció entender que se estaban peleando entre ellos, y uno estaba gravemente herido. No lo sé. La verdad es que yo mismo me encontraba en un estado de extraña introspección, sumido totalmente en un tembloroso letargo. A veces me ocurre, es como un trance en que me inunda la más terrible desazón y apenas tengo fuerzas para respirar. No deseo nada, no quiero ni siquiera pensar, solo acurrucarme y aguardar, aguardar a que ese estado se aleje de mí.

   Me apena mucho lo de Catherina. Estuvo intentándolo varios minutos y luego se marchó, pero no sé que habrá pasado. Ahora que me siento mejor he pensado en subir a verla, quizás aún pueda hacer algo por ella. Pero es un rollo, todos esos gatos por ahí, y el olor tan desagradable. Su casa está más sucia que la mía, de verdad, pero ella está acostumbrada.  Me cuesta juntar la fuerza suficiente para llamar a su puerta y además, no creo que pudiese serle de ninguna utilidad.  Espero que no haya ocurrido nada grave, me sentiría culpable por ello. La verdad que la culpa es algo que me hace mal. Me apesadumbra y me provoca ansiedad. Hay tantas cosas que he hecho mal, ojalá pudiese cambiarlas. Lo siento, lo siento de verdad. Es difícil saber por qué  hacemos algunas cosas. Lo que me más duele es haber hecho daño. Nunca quise hacerle daño a nadie, todo eso me hace sentir triste.

 

   Cerca de la medianoche. He escuchado el instrumento. La melodía hizo eco en la parte olvidada del flujo vital. Reluce, es cierto que reluce. Pero también es azul, lo han experimentado algunos entendidos. Pretenden obviar la explicación más básica, se alejan hacia la intelectualización más tautológica. No me dejaré engañar aunque lo digan ellos, los que aseguran saber pero han girado subjetivamente por el arrabal del espiral centrado. Algunas idealizaciones presentan un grado ininteligible por el cuál circulan los farsantes del pensamiento, pero mueren, no llegan a la ciudad alomórfica donde están situados los otros, los que han dicho sin hablar. Y ahora la nota es más opaca, porque sabe ejecutarla en el espacio borderline y está igual de lejos que cerca. Siente que lo persiguen pero no tiene miedo porque sopla sin la frase analítica aunque el conocimiento es anterior, para qué decir que no. El micrófono está inclinado pero no es casualidad y el intervalo existió en ese único lugar con ese tono diferente. ¿Hacia donde va? ¿Podemos saberlo? Es el esnobismo del aplauso el que no concuerda. O si, se debe a la inferioridad de la expresión; es pasajero, sí, es pasajero, pero está allí, ha adquirido su protagonismo. El vacío ha ganado seis batallas sin contar la última.

  

   He construido un disgresor de energía invasora. Me he valido de las piezas de un viejo transistor de radio de esos de diseño antiguo. Si mis cálculos son acertados, será capaz de hacerse con el flujo electrostático que utilizan para espiarme dentro de mi propia casa. Todo depende de la potencia que decidan emplear, pero me he empeñado en dotarlo de las mejores prestaciones. El aparato está hecho a partir de una bobina imantada conectada a una antena auto amplificada que a su vez es capaz de evacuar a través de una conexión a la toma de tierra. La energía negativa captora proviene de una fuente de poder de doce voltios a mil amperios, y aunque parezca poco, sospecho que el rendimiento será superior de esta manera.

   Estoy ansioso por ver si funciona, sería un golpe magistral contra ellos, constatarían de una vez mi verdadero potencial. Lo que pasa es que me parece que están preparando una nueva estrategia. He visto como el comando de enfrente se marchaba de su base hoy mismo. Lo que más me cabrea es que me subestimen, no lo comprendo, deberían respetar al enemigo, por muy insignificante que pueda parecerles. Me refiero a que han intentado hacerme ver que se iban definitivamente, todos juntos, en una furgoneta. Sabían que les estaría observando, y han montado un número lamentable. Cargaron maletas y objetos en la furgoneta, y hasta se despidieron del conserje uno por uno, y el cabrón le regaló un dulce a la pequeña. Se notaba perfectamente que era un número teatral, que él estaba implicado también. Patético. Como si no fuese a darme cuenta yo de lo que traman. Pero así son ellos de retorcidos, y sé que no me dejarán tranquilo nunca. Es cuestión de estar preparado. Solo espero que no desistan de volver a utilizar el flujo electrostático. Deseo darle buen uso a mi sofisticada arma defensiva.

 

   Hay un par de cosas que me hubiese gustado hacer. Me viene a la mente ese plano nocturno de una imponente ciudad llena de luminosos rascacielos. Siempre he querido volar en uno de esos helicópteros que van sobrevolando los edificios y observar desde el cielo la grandiosa ciudad. Está llena de movimiento, llena de luz, y esconde infinitas historias. Es sorprendente lo que hemos construido, de verdad. Seguro que saben a que imagen me refiero, lo han visto, está en el repertorio de todos. Me pregunto si las imágenes que hemos conocido por la televisión valen lo mismo que las demás. Quiero decir, ¿quién no conoce Norteamérica? La prueba está en el inconsciente. Él no sabría distinguir. Todos hemos visto las mismas imágenes, da igual si son reales o virtuales. ¿De eso se trata no? Conseguiremos reproducir la realidad hasta no poder discernir, ¿acaso alguien lo duda? También la inmortalidad está al alcance. No tiene sentido dudarlo puesto que estamos hechos a imagen y semejanza del señor. Nadie parece entender el verdadero significado de esa frase. Yo lo comprendo, no es tan complicado. Significa que todo es posible, es solo cuestión de tiempo. Me pregunto si nos alcanzará, quiero decir, si no nos autodestruiremos antes. Claro que la vida siempre acaba por algún motivo o por otro, no podría ser de otra manera. Pero no existen impedimentos para que vivamos mil años, o más. Solo se trata de reproducir la realidad artificialmente, no es una idea rara.

    Me hubiese gustado ver la imagen aérea real de esa vista nocturna, solo para ver si es tan diferente de la proyección virtual, de ese recuerdo confuso que conservo. Que alguien lo haga por mí.

 

   El cocodrilo es inquietante pero admirable. Él es la prueba de la dualidad inicial. Si nosotros fuéramos el blanco y quisiésemos encontrar al negro, tendría que ser el cocodrilo. No me refiero a bueno o malo, ese es un típico error de la moral, el de encadenar series de conceptos duales y adjudicarles valor en función de otra dualidad, en vez de simplemente entenderlos por sí mismos. Lo que quiero decir es que el cocodrilo no ha necesitado cambiar en millones de años, es una máquina perfecta. Simplemente porque es posible que exista. Pretendemos que es necesario llegar lo más lejos posible, menospreciamos a quién conserva un estilo de vida no evolutivo, incluso dentro de nuestra propia especie. Nuestra arrogancia no nos permite percatarnos de que tiempo atrás elegimos un camino erróneo. Está prohibido mirar hacia atrás, y también hacia adelante, así lo indica el paradigma. El cocodrilo seguirá allí, o quizás nos lo llevemos con nosotros, pero en el cómputo final, nos habrá derrotado.

 

    He estado pensando que si lo hubiese conseguido, quiero decir, lo de salir adelante y ganar pasta, y todo eso, me hubiese gustado tener un cocodrilo disecado en mi propia casa. Uno bien grande, y así poder observarlo detenidamente siempre que quisiese. Tendría la boca abierta para que se viesen sus imponentes dientes y su gesto sería amenazador.

 

   Otro sueño que solía tener antes era el de volar. Aparecía periódicamente, cada seis o siete meses, o así. No es que yo volase libremente como un pájaro, no era eso. Casi siempre iba corriendo hasta llegar a una barrera natural, como un lago o un precipicio, y entonces, en vez hundirme o caer por el abismo, era capaz de caminar sobre las aguas, o elevarme y planear. Se trataba de un sueño tan real que yo mismo dentro del sueño pensaba: "¡sabía que era posible!", como si en mi ser consciente yo tuviese la teoría de que sí era posible, de que siempre hay una manera de hacerlo, y solo hacía falta encontrarla. Era verdaderamente un sueño intenso, cuando me despertaba me costaba un momento entender que se había tratado de un sueño. Es eso de que la propia mente consciente es capaz de funcionar dentro de un sueño, y elaborar pensamientos lógicos. El consciente no está  necesariamente excluido del inconsciente.

    Sé lo que significaba aquél sueño. Siempre lo he sabido. Pensaba que desaparecería en el preciso momento en que llegasen los logros, en que mi talento por fin viese la luz y fuese reconocido. Sabía que volar era haberlo conseguido.

    No he vuelto a tener el sueño y no me sorprende, porque ya no deseo volar. Hay algo bueno en todo, siempre lo hay. El final del deseo me ha aliviado tremendamente.

   Ayer fue uno de los peores días. Y eso de que dormí cantidad, muchas horas. Pero me sentí peor que nunca. Ni siquiera acurrucándome entre las sábanas y abrazando la almohada conseguí un poco de paz. Flashes y más flashes se me pasaban por la mente y no había manera de detenerme un momento. La ansiedad es lo más terrible. A veces siento como me sube la tensión y como se descontrola mi corazón. Siento un dolor profundo en el pecho, justo en el centro, como si lo causase un vacío enorme que se lo hubiese devorado todo. Es la peor de las sensaciones. Quisiera que alguien me ayudase, que alguien estuviese cerca de mí y me entregase una parte de su ser a modo de alivio. Pero no tengo a quién recurrir, estoy solo, no me quedan amigos. Mi hermana está lejos, ella me quiere más que nadie, y mis padres, aunque no vivan a mucha distancia de aquí, se han alejado demasiado, ya no saben como acercarse a mí. No los culpo. A veces siento rabia, pero en el fondo, sé que no tienen la culpa.

   Solían decir que yo era guapo, que las chicas se morían por mí. Ojalá pudiese sentir el calor de un cuerpo una vez más, aunque solo fuese por un rato.

 

   Hace horas que oigo a un cachorro aullar. Supongo que echará de menos a sus amos, pero la verdad es que me causa pena oírlo. Cada aullido es como un gemido punzante en mis oídos. El sonido proviene del piso de abajo, no sé quién vive allí. Quisiera poder consolarlo, estar ahí con él. Seguro que está sufriendo, seguro que tiene miedo, mucho miedo, y eso es lo peor. Lo que me consuela es saber que sus amos volverán y entonces experimentará una felicidad extrema. Ojalá que lleguen pronto para que deje de aullar. No debería quejarse, su vida no puede ser tan mala. Pero él aún no lo sabe, es muy joven, es un cachorro inocente.

 

 

    No soporto más sus aullidos, ese perro no sabe lo que es ser atacado por el cocodrilo, de lo contrario guardaría silencio. No es de extrañarse que después fallen en la contumancia. El veredicto llegó tarde y no lo supieron aceptar. Si no mis padres hubiesen actuado según el impulso natural. Pero ahora oigo los aullidos y tengo que conformarme con una consideración de baja alcurnia, o los aullidos determinan la línea de acción. Lo que está claro, aunque no lo quieran entender, es que se equivocaron y ahora nadie reconoce lo que estaba en la base por el tema del orgullo dominante. Se trata de eso al final, es una cuestión de cantidad y la forma es menos relevante de lo que se considera. No sé a donde quieren llegar, me gustaría que me lo explicasen, ¿o acaso me tengo que hacer responsable yo del resultado del devenir al completo? Eso no es justo, pero a mí nadie me escucha y yo lo tengo que aceptar todo y callarme ¿verdad? 

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