5

   Me he enterado de algunas novedades sobre lo que ocurre en el barco. Durante los últimos días he hecho esfuerzos para intentar relacionarme más con algunos hombres de la tripulación. He conseguido un acercamiento positivo con Landon, el inglés. Landon es el hombre de confianza de Johansen, se conocían antes de embarcarse en este barco. Tiene unos treinta años y aunque de complexión delgada, posee una resistencia física extraordinaria y sus manos son fuertes como tenazas.

   Landon no es un hombre de muchas palabras. Pero tengo la impresión de que le caigo bien, quizás debido a mi juventud y a mi condición de grumete. En más de una ocasión bromeó amigablemente conmigo y su actitud me hace sentir seguro, porque no siento que sea uno de esos espíritus traicioneros que tanto abundan por ahí.

   No me ha dado ninguna explicación clara sobre lo que está sucediendo a bordo, pero ha soltado algunas valiosas pistas. He podido saber que la relación entre el capitán y Johansen a traspasado el punto en que una reconciliación es aún posible. Creo que se debe a ciertos planes o intenciones un tanto oscuras del capitán. Hasta ahora tenía la duda de si todo esto tenía alguna relación con lo ocurrido al marinero malayo; al parecer se trata de un asunto bastante más grave. Supongo que Landon ha preferido mantenerme al margen con el fin de protegerme. O quizás simplemente no confía en mí, piensa que puedo soltar la lengua por ahí. Él sabe perfectamente que entre mis obligaciones está el atender al capitán en ocasiones, y también sabe que estoy a las órdenes de Lee, aunque es posible que haya notado mi aversión por el cocinero pues no he hecho esfuerzos para ocultarla. Landon sin duda conoce el valor de la discreción.

   Por su parte Lee está más raro que nunca. Últimamente ha dejado de fastidiarme como en épocas anteriores. Me huelo algo, esa actitud tiene que responder a alguna intención oculta. Creo se ha dado cuenta de que en caso de que se produzca un enfrentamiento radical, yo estaré en el bando enemigo. Lee es en el fondo un cobarde. Seguramente ha comenzado a considerar las consecuencias de su anterior conducta en caso de los acontecimientos degeneren hacia la impunidad de la violencia. Sabe que en el contexto de un enfrentamiento radical no podrá escudarse en su estatus a bordo ni en mi condición de grumete. Su actitud responde a cierto recelo hacia un enemigo potencial. Los personajes como él se guardan de encontrarse en situaciones de indefensión, porque saben que no serán capaces de responder físicamente. Lee conoce que pese a mi edad lo supero ampliamente en fuerza y destreza, incluso si contase con el apoyo de su ayudante, otro ser de bajas intenciones pero de espíritu débil.

   De todas formas mantengo los ojos abiertos, no me fío ni un pelo del cocinero. Sé que es capaz de cualquier acto traicionero para protegerse, y como no podrá vencerme en un enfrentamiento directo, intentará valerse de alguna treta ignominiosa para reducirme. Por eso he comenzado a cuidarme, no exponiéndome a situaciones de riesgo. Por lo pronto he decidido ocuparme personalmente de mi alimentación. En otras circunstancias Lee no me lo hubiese permitido, seguramente me habría intentado dejar en ridículo frente a los demás o se habría chivado con el capitán argumentando que me creo superior al resto de la tripulación y no accedo a comer del mismo plato que los otros. Es el tipo de argucia que utilizaría. Sin embargo no se ha manifestado al respecto; he podido actuar con libertad. Lo considero una prueba más de sus intenciones ocultas.

    El barco está completamente dividido. El capitán y su bando están arriba y se dejan ver poco. Ellos tienen el control del buque, y por ahora dominan la situación. Por otra parte poseen armas de fuego y eso les otorga una considerable ventaja. Pero tengo entendido que para llevar a cabos sus planes dependen del resto de la tripulación en determinado momento. Al parecer hay mucho dinero de por medio, un botín para repartir entre todos, aunque no a partes iguales. Sólo que algunos hombres, influenciados por Johansen, no han querido aceptar las condiciones. Aún no poseo una visión clara de todo lo que está ocurriendo, pero según he podido enterarme por ahí a través de conversaciones sueltas y de acuerdo con mis propias conclusiones, el problema es de difícil solución; todo apunta hacia algún tipo de desenlace dramático. Por lo pronto he decidido hablar con Johansen personalmente para aclarar mi situación. Pienso ofrecerle mis servicios y mi apoyo incondicional, sea cual sea el origen del conflicto. Creo que conseguiré convencerlo de que puede confiar en mí, solo se trata de actuar de la forma adecuada. Si logro que me tenga en cuenta, dispondré de una buena oportunidad de demostrar lo que valgo.

                                                            

   La entrevista con Johansen ha sido un éxito. He podido expresarle mi deseo de colaborar con él y le he manifestado claramente mi posición con respecto a la situación en el barco. El noruego me escuchó con atención y en ningún momento me perdió el respeto pese a mi juventud y mi condición a bordo. Al hablar con él he comprendido por qué los hombres le siguen y obedecen. Su actitud es la de un gran líder.

   Me ha sido encargada una misión. Mi deber es intentar acercarme lo más posible a las posiciones del capitán y acumular toda la información que pueda conseguir. El noruego se mostró especialmente interesado en tres puntos cruciales. En primer lugar la cuestión de las armas; debo hacer un inventario lo más preciso posible sobre el tipo de armamento que poseen y su cantidad. Mencionó que era posible que algunas se encontrasen almacenadas u ocultas, pero Johansen no cree que esto sea muy probable. Piensa que exponer el armamento de forma explícita es un buen mecanismo de intimidación y persuasión. Por otra parte considera que en estos momentos la situación es demasiado tensa como para que el capitán y sus secuaces no tomen las debidas precauciones.

   En segundo lugar debo prestar atención a cualquier información relativa a la posición del buque y las coordenadas fijadas para el rumbo a seguir. Al parecer Johansen tiene una idea aproximada de la ubicación del buque según sus propios cálculos, pero es necesaria una mayor precisión acerca del destino previsto por el capitán. Esta inquietud por parte del noruego me llamó la atención. Deduzco que los planes del capitán pasan por hacerse con el carguero y no llevarlo a su puerto de destino. Intenté obtener alguna respuesta de Johansen a este respecto pero el noruego evitó explayarse y opté por no insistir. Sin embargo me cuesta imaginarme un motivo por el cuál Kipstas quiera hacerse con este decrépito buque, no es el tipo de embarcación que se pueda secuestrar sin más.

   El tercer elemento de máximo interés tiene que ver con las fechas. Debo estar extremadamente atento a cualquier información referente a una fecha determinada en los próximos días. Tampoco el noruego me aclaró nada a este respecto, pero creo deducir el motivo. La impresión que tengo es que el capitán y su gente planean llevar a cabo una acción determinada en breve, y es de vital importancia conocer la fecha prevista.

   Le he prometido resultados a Johansen. Estoy muy orgulloso de que haya confiado en mí y no pienso defraudarlo. Soy consciente del riesgo que corro, sobre todo porque el sucio cocinero estará pendiente de mí y cualquier movimiento en falso me descubriría. Pero nada de eso me amilana, pienso dar lo mejor de mí. Espero ganarme totalmente la confianza de Johansen y de esa forma conseguir que se me revele definitivamente el motivo de su enfrentamiento con el capitán.

 

   Ha ocurrido algo imprevisto. He encontrado una forma de vengarme de Lee, de burlarme públicamente de él. Sólo que lo he estado pensado y no sé  si deba aprovechar esta oportunidad, no consigo decidir si sería favorable o no para el desarrollo de la misión que me encargó Johansen. Probablemente no lo sea, quizás deba esperar a más adelante, pero la tentación es enorme.

   He descubierto que el cocinero y su segundo mantienen relaciones homosexuales. Los he visto con mis propios ojos. Cometieron un descuido, quizás fruto de un momento de pasión o tal vez de un simple error, pero la escotilla del camarote de Lee estaba abierta y allí estaban ellos, entregados totalmente uno al otro. Ni siquiera se percataron de que habían sido descubiertos. No pude evitar reírme en silencio. Soy consciente del escarnio que una situación así puede provocar entre los hombres duros del mar. No se lo perdonarían, llegarían incluso a renegar de la comida del cocinero. Me imagino dejando escapar un comentario sutil a la hora de la cena. Los hombres no perderían la ocasión de interrogarlo al respecto y el cocinero no podría ocultar su malestar ni su incomodidad frente a las miradas burlonas de la tripulación. La verdad es que disfrutaría de verlo pasándolo mal, el maldito Lee me las ha jugado en incontables ocasiones. Pero debo ser cauto, no conviene que Lee se obsesione en contra mío. Por el momento lo necesito para acceder a los de arriba, aunque últimamente se ha estado guardando de llevarme a servir al capitán, quizás se huela algo. Ese Lee es un ladino, espero tener ocasión de cobrarle viejas cuentas.

  

   He observado este techo en incontables ocasiones. Paso muchas horas del día echado en la cama con la mirada fija en la pequeña fisura que puede verse contra una de sus esquinas. Pienso que es una perfecta representación material de la inconstancia de todas las cosas, de la ruptura de la continuidad. El techo se mantiene casi inmaculado, ajeno a la corrupción a la que se ve sometida el resto de mi morada por causa de mi dejadez y del desorden imperante. Reflexionar es un acto tranquilo cuando la situación es propicia. Algunos momentos puedo describirlos como de total neutralidad, y a falta de sensaciones más vivas, se convierten en un plácido descanso frente al continuo azote del sufrimiento moral.

 

   Ha funcionado... casi no puedo contener mi excitación. He podido comprobar el éxito del disgresor de energía invasora. Ha sido esta mañana. Al despertarme noté inmediatamente la presencia del flujo electrostático invasor. Al principio me sentí desorientado, pero reaccioné con rapidez y puse en funcionamiento el mecanismo. Automáticamente se produjo la digresión y percibí con alivio y satisfacción como la carga se reducía sensiblemente en pocos minutos, hasta llegar a la total eliminación del flujo. Dudo que consigan reorientarlo hacia la fuente generadora, aunque no es imposible que posean los medios para hacerlo. Ha sido una gran victoria, sin duda tomarán consciencia de que no soy un objetivo que puedan subestimar. Se verán obligados a respetarme.

   He estado reflexionando sobre los pasos a seguir. No puedo contar con que desistan. Sé que no lo harán, no tendría sentido. La única salida que me queda es obtener la victoria final y conseguir la total disolución de toda la conspiración. Pero hay un aspecto clave que tengo resolver acerca de la morfología de la organización. De ello depende cualquier posibilidad. Debo saber si el organismo puede ser destruido a través de la aniquilación de su cabeza, o si por el contrario se trata de células autónomas capaces de la reorganización. Si este fuera el caso creo que no tendría ninguna posibilidad. En cambio, de tratarse de un organismo céfalo dependiente podría existir algún medio para llegar hasta su máximo nivel e intentar un golpe letal. Se trata solamente de una suposición, una mera especulación teórica. Ahora mismo estoy lejos de entrever algún plan de acción plausible. Quizás mi optimismo se deba a un exceso de confianza, quizás sea yo quién los esté subestimando. Admito que el éxito del disgresor ha producido un efecto considerable sobre mi autoestima. Solo espero poder controlar el miedo, me preocupa verme superado por el descontrol físico. Si lo consigo, sé que las posibilidades aumentarán.

                                                     

   Miedo. A menudo tengo miedo. Muchos niños sufren por el miedo y luego el camino se les hace más difícil. No lo comprendo, antes yo no lo tenía, pero ahora ha venido para ganar un sitio en mi interior y hasta los recuerdos más inocentes consiguen asustarme.

   El miedo produce efectos nefastos. A veces me pregunto como me he dejado ganar por la inseguridad. Supongo que de la misma manera que ocurrió todo lo demás. Les juro que me esforcé por evitarlo, espero que no me juzguen erróneamente, aún conservo la preocupación por la posteridad. Sé que tarde o temprano cualquier marca desaparece de la piedra donde fue grabada. Sin embargo siempre he querido grabar una marca bonita, una marca indeleble hasta el final. Me duele mucho no haberlo conseguido, es el tipo de cosa que aún hoy me produce un sentimiento de frustración y me hunde más, si cabe. Ojalá hubiese tenido tiempo de acabar la faena. Quizás no se trate de tiempo, a veces creo que simplemente nunca estuvo en mis manos hacerlo. No me refiero al destino, es inútil elegir creer en la exacta predestinación de los acontecimientos. Significaría la unidad absoluta, y la no-existencia inicial. Lo que quiero decir es que la configuración que me tocó vivir me trajo hasta aquí. Pudo haber sido diferente, lo sé. Me preocupa saber si estuvo en mis manos. Creí tener lo necesario, creí cumplir los requisitos. Supongo que ese fue mi error. Simplemente una interpretación equívoca.

  

    A veces paso horas en la cama simplemente imaginando posibillidades. Suelo pensar en diferentes cosas que haría si consiguiera recuperarme. Les aseguro que lo paso mal así. Sé que mucha gente ha tenido que pasar por grandes penurias. Siempre ha sido así. El sufrimiento físico tiene que ser doloroso. Pero no debe subestimarse el mal de espíritu.

 

   Marchamos hacia el universo virtual. El error puede producirse en lado inmaterial. Supongo que es inherente a la sofisticación. O quizás es la forma que hemos creado la que produce el error. La velocidad ha superado la capacidad de asimilación, el ritmo de abstracción se ha roto. Me duele hablar de estas cosas, incluso pensarlas me provoca abatimiento. Recuerdo cuando no sufría, recuerdo cuando observaba los fenómenos lateralmente. La soledad que siento es intensa. Es por culpa de la maldita sustancia química, puedo sentir como baja y fluye por mi cuerpo. Ojalá pudiese controlarla.

 

   No pretendo que sientan lástima por mí. Pero me gustaría sentir el calor de un cuerpo cercano. Las transfusiones de cariño consiguen reavivar mi interior, siento como si mi pecho se recargara. Es un bálsamo precioso. Sólo que todo eso ya no ocurre. Estoy solo, debo lidiar sin ayuda contra el mal. Hace falta coraje para soportar la pena sin esperar superarla. Pero eso la gente no lo ve, la gente sólo ve a una ser derrotado, o peor aún, a un abúlico triste. No les recomiendo que pasen por esto, incluso sabiendo que les sería más fácil comprenderme, que no me juzgarían frívolamente. Pero no tendría sentido, no serviría de nada.

  

   He estado pensando sobre algunos aspectos de nuestra época. A menudo reflexiono acerca de mi entorno con el fin de descubrir algunas causas ocultas. Suelo desistir pronto convencido de que no son más que inútiles especulaciones. La verdad es que me cuesta bastante razonar, he perdido la capacidad de profundizar, me supone un esfuerzo agotador.

   Se me ocurre que quizás tenga que ver con la ligereza de nuestra producción. La burbuja que hemos creado está construida para una interpretación liviana. Vida dietética, así debería empaquetarse. Hacia allí nos dirigimos. Tal vez me equivoque, tal vez solo esté buscando alguna excusa externa. Pero creo que no he podido adaptarme. La forma se ha hecho con el poder, lo domina todo. La obsesión de la forma. La tecnología digital es la herramienta máxima para la obtención de la perfección. La forma perfecta brilla, su diseño no contiene errores, me atrae. La deseo. Para llegar a ella he de eliminar el contenido, su irregularidad me estorba.

    Mundos perfectos producidos digitalmente. Mundos virtuales. Deseo. El deseo me poseyó, debo admitirlo. No supe advertirlo a tiempo, y destruyó la intención inicial. Ojalá hubiese podido permanecer puro. Ojalá no hubiese perdido la referencia del verdadero fin. Recuerdo perfectamente cual era, ahora me vuelve a la memoria. El fin estaba en la obra, en la pureza de su creación. Pero se desvirtuó por causa del deseo material, y el proceso me costó demasiado caro, no alcancé sobreponerme.

   Admiro al que permanece puro. Admiro a quién se entrega sin otra motivación que la pasión. Sé que los hay así, aún los hay. Ellos son los vencedores, aunque no los rodee la pompa. Aunque no deseen hablar ni ser oídos. Aunque no sean guapos y jóvenes ni posean la última generación de artefactos. Aunque no posean dinero. Admiro al que no fue devorado por la fuerza de gravedad algorítmica del deseo material. 

   Lo he tenido en mis manos. Tienen que creerme, tienen que saber que empecé el recorrido en el punto de partida correcto. Conocí el camino cierto. Intento definir cuando me desvié. Creo que se trata de esas líneas que a simple vista parecen paralelas pero al prolongarlas nos percatamos de que no lo son. Durante un espacio tiempo coinciden, todo parece ir bien. Pero no es más que una ilusión. 

 

   Muchas veces pensé en destruirla. Coger un hacha y descargar un golpe violento sobre el cristal, y luego arrojarla desde gran altura para verla despedazarse. He sido débil, no he podido superar la adicción hasta que fue  demasiado tarde. Pero como asegurarse de la correcta variación esencial. El contenido está diagnosticado como desacertado pero la invitación no se rechaza por los receptores. Las categorías no influyen. Puede hablarse de mecanismos inductores aunque la dualidad se hace presente y el control sabe hacer uso de ella. Y entonces aparece nuevamente el sentido de la paradigmación pero la fuerza contrapuesta está inhibida y el tiempo está controlado. La reinterpretación se dificulta por culpa de la obligación horaria y el fin sobredimensionado de las acciones colectivas. La responsabilidad o su complementación intrascendente. El entretenimiento es la ligereza y el resto lo han destinado a la inducción al consumo. Pero cómo abrir la oculta ventana. El fin del paradigma acarrea la crisis. He de cortarme el brazo, la gangrena me está consumiendo. El deseo se ha hecho conmigo. No hay ningún misterio, sólo el objeto nuevo constituye la opción. Cuanto tiempo es válido, cuando hay que cambiar, otro, otro, otro, nuevo. Por la boca muere el pez. Para destruir el círculo vicioso he de eliminar una de las partes. Las consecuencias son graves; son necesarias. Crisis, cambio. He dicho que la esencia actual es olvidarlo todo. Ellos deberán aprenderlo todo de nuevo, porque hemos perfeccionado la cultura efímera. El opuesto suele indicarme la salida. Me causa impresión, he hecho la previsión. La gente lo no entiende pero porque no están capacitados. Yo lo veo todo, yo lo sé todo. No sé todas las cosas pero sé porqué ocurren todas las cosas. Lo sé todo.  

       Ha ocurrido algo terrible... Se trata de mi vecina, de Catherina. He descubierto que está con ellos, ha sido un golpe inesperado. Aún no puedo creérmelo, siempre he confiado en ella, me despertaba simpatía y nunca había dudado de su honestidad. Me siento fatal, todavía tiemblo al acordarme de lo ocurrido. No consigo explicarme como sucedió, estaba convencido de que se preocupaba por mí. Imagínense como me sentí al comprobar que sus intenciones habían sido falsas desde el principio, que en el fondo solo quiere mi destrucción. He tenido miedo de verdad.

   Vino a buscarme y estuvo llamando a la puerta varios minutos. En ese momento ya fui preso de una extraña sensación, me pareció que algo no cuadraba. La culpa que aún sentía por lo del otro día, cuando no accedí a socorrerla, terminó por convencerme. ¡Esa mirada! Me estremecí terriblemente al verla, sus ojos no mentían, lo percibí enseguida. Pero no supe  como actuar, estaba completamente desconcertado. Me pidió que la acompañase arriba y tuve que hacerlo. ¿Qué hubiesen hecho ustedes? ¡Díganmelo! Yo no sabía que hacer, me temía lo peor, pero la situación me obligó a acompañarla hasta su casa, no atiné a mantener la mente clara y fui presa del pánico. Intenté disimular, intenté hacer ver que estaba bien. Ella captó mi perturbación, lo noté perfectamente. Se mantuvo en silencio mientras subíamos las escaleras. Pensé en huir, en volver a mi casa y encerrarme para poder defenderme en mi territorio. No fui capaz de hacerlo y me vi traspasando la puerta de su inmunda morada. Allí estaban ellos, poseídos, dispuestos a saltar sobre mí. Me miraban fijamente en actitud amenazadora, preparaban sus garras para abalanzarse sobre mí. Que sensación más terrible, la imagen se me ha quedado grabada y me causa pavor  reproducirla.

   Catherina intentaba distraerme con algún tipo de conversación banal acerca del alimento de gatos, pero apenas podía escucharla, me preparaba para lo peor. Por mi cabeza pasaban infinidad de pensamientos confusos y me preguntaba que sucedería. Empecé a sentirme realmente mal, todos esos animales malvados que me rodeaban produciendo sonidos extraños, parecía que se comunicaban entre ellos, que preparaban la estrategia para dar el golpe. Mi corazón latía con una violencia descontrolada totalmente fuera de ritmo. Parecía que se estaba por romper en mil pedazos y que el flujo de sangre comenzaría a hacer estragos en mis órganos y en mi cerebro. Sentí un mareo terrible y un dolor punzante en la frente. Eran gusanos que me iban a enrollar como pitones para devorarme, o arañas venenosas con amorfas patas puntiagudas. Sentí una repulsión tremenda, estuve a punto de desfallecer. Aquellos animales me causaban tanto miedo que giré los ojos hacia la anciana en busca de un alivio, una gota de ayuda, pero fue peor, ¡qué horrible y agónico momento! Estaba poseída, sus ojos se habían transformado en los de un maléfico felino y parecía que iba a saltar sobre mí. Que impresión me causó su piel arrugada y las uñas largas y afiladas como garras de sus manos tostadas. ¿Qué té pasa?, preguntaba, ¿qué te sucede?, y su voz tronaba como el gruñido de una leona hambrienta frente a una presa acorralada...

   No recuerdo exactamente lo que sucedió luego. Mi capacidad mental se vio superada totalmente, supongo que a partir de ese momento actué por instinto, de forma inconsciente. Conseguí escapar de la trampa y volver a casa para encerrarme. Tengo la vaga impresión de haber corrido escaleras abajo mientras oía el sonido terrible y ronco de la voz de la vieja que hablaba un lenguaje extraño, sin duda espoleando a sus animales que se lanzaron frenéticos a perseguirme. Nunca había sentido un terror parecido.

 

   Ahora estoy más tranquilo, al menos mi cuerpo ha conseguido calmarse. Siempre cuento con el poder del calor de mi cama. Sólo dentro de ella me siento protegido, arropado por el peso de las mantas y de mi viejo edredón. Ha sido una experiencia terrible, de verdad. Justo cuando pensaba que había conseguido ciertas ventajas he experimentado un duro trance. Siempre he sabido que estaban en todas partes, pero tengo que aceptar que me tomaron por sorpresa. Nunca me sentí tan indefenso. Nunca estuve tan cerca de la derrota final

Estás leyendo en Ablik

Cerrar