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   He podido obtener los primeros resultados para Johansen. Anoche acompañé a Lee a la zona de mando para servir a los de arriba. El cocinero no pudo evitar contar conmigo debido a una indisposición de su segundo, afectado de algún tipo de cólico estomacal. No me extraña teniendo en cuenta la inmundicia que reina en la cocina de Lee. Pero el chino no se basta por sí solo para llevar a cabo todo el servicio, aunque estoy seguro de que antes de pedirme asistencia ha analizado todas las opciones.

   Me he tomado mi trabajo a conciencia. Actúo de forma de evitar al máximo las sospechas por parte del cocinero. Sé que ahora mismo él constituye el principal peligro. Me esfuerzo igualmente por llamar lo menos posible la atención en presencia del capitán y los que le acompañan. Intuyo que el más listo de ellos es Ulises, de él debo cuidarme también.

   Lamentablemente no me fue posible conseguir información demasiado valiosa, pero creo que servirá para que Johansen se convenza de que puede confiar en mí. La verdad es que estoy impaciente por conocer más detalles sobre lo que realmente ocurre en este viejo cascarón. Por el momento solo puedo elaborar teorías personales basándome en mis propias constataciones y deducciones, pero no es suficiente, necesito conocer información de primera mano.

   Los hombres pertenecientes al bando del capitán totalizan ocho, contando a Lee y su ayudante, aunque creo que éstos no forman parte del grupo inicial, probablemente fueron reclutados posteriormente y dudo que estén al tanto de las operaciones. Obedecen por interés puro, algo perfectamente previsible entre sujetos de esa calaña. Imagino que Kipstas ha querido poner de su lado a toda la tripulación a cambio de algún tipo de recompensa. La actitud de Johansen y su influencia sobre los demás  ha debido suponerle un molesto contratiempo.

   Intuyo que detrás del plan, cualquiera que sea, están el capitán y Ulises. Kipstas tiene el mando general pero creo Alexei y Koklov, los tipos duros encargados de vigilar la bodega C, responden directamente a Ulises. Al menos esa es la impresión que me dio al verlos interactuar durante la cena. Estos tres hombres suelen comunicarse en ucraniano entre ellos, un hecho que he podido constatar que no es del agrado del capitán. He comprobado que los cuatro van armados siempre con armas semiautomáticas, creo que de origen ruso, aunque mis conocimientos en esta materia son bastante limitados.

   Karisteas, el segundo de a bordo, y Verner, un alemán encargado de las comunicaciones y los equipos informáticos, responden directamente al capitán, al igual que Lee y su ayudante. Ninguno de estos hombres va armado, al menos no lo estaban mientras estuve con ellos, pero no puede descartarse que en caso de un enfrentamiento se les provea de pistolas u otro tipo de armas.

   No he oído nada acerca de una fecha determinada ni he podido obtener información alguna sobre el rumbo marcado por el capitán. Durante el tiempo que tuve acceso a la zona superior, la conversación giró entorno a asuntos banales y no me fue posible obtener más información de relevancia. Tampoco tuve opción de acercarme a la cabina de mando para intentar averiguar algo preciso sobre el destino del barco, hubiese sido una acción muy osada bajo esas circunstancias. Espero tener otra oportunidad pronto y conseguir mejores resultados. Soy consciente de que tendré que asumir riesgos mayores y estoy dispuesto a hacerlo. No me faltará el coraje, esta es mi oportunidad de demostrar que puedo superarme y estoy ansiando ponerme a prueba. He nacido para las grandes acciones.

 

   No he podido hablar con Johansen. Fui recibido por Landon y a él le referí los resultados de mi misión. Me dijo que había hecho un buen trabajo y que debía persistir, que era crucial averiguar la fecha prevista por el capitán para llevar a cabo las acciones y que contaban conmigo para ello. Debo decir que me marché decepcionado de la entrevista porque el inglés no quiso darme detalles ni información acerca del verdadero origen del conflicto. Tuve un gesto de enfado pero Landon me hizo comprender que era mejor así. Cuánto más naturalidad fuese capaz de transmitir, más posibilidades iba a tener de averiguar datos de importancia. Por otra parte me recordó que yo había optado por ponerme bajo el mando del noruego, y mi deber era obedecer. Debía confiar en ellos.

  

   El aburrimiento es uno de los peores males. Quisiera que existiese algo que me despertase una mínima motivación. Pero no hay nada, solo un vacío constante. Ni siquiera puedo escuchar el silencio. Hace tiempo que un agudo zumbido se ha hecho con los más recónditos parajes de mi sistema nervioso. No hay posibilidad de escapar, está siempre ahí. Por las noches puedo percibirlo con mucho mayor intensidad, parece el ruido producido por una vieja nevera, o el zumbido agudo de una televisión.

   Si pudiese distraerme quizás conseguiría librarme de él por un rato. Pero no es posible. Soy consciente del deterioro paulatino de mis células nerviosas y mis órganos vitales. Mi ojo izquierdo ha empezado a fallar. Al desplazar la pupila hacia un lado noto una especie de desfase, como si la visión me llegara en dos tiempos, como si mi cerebro no pudiese asimilarla de un solo golpe. También mi cabello ha perdido consistencia. Noto como disminuye su caudal día a día y como el brillo que antes tuvo ya no está.

   No crean que todo esto me entristece demasiado. Ya no. Lo peor es el aburrimiento, las incontables horas de tedio y desazón.

 

   La muerte no me preocupa metafísicamente. No tengo miedo, sé hacia donde me dirijo. Lo importante es estar preparado, es llegar al final del camino con la sabiduría necesaria. Lamento no haber hecho más cosas, lamento no haber podido dejar una huella firme que no pudiese ser borrada por la primera lluvia. Se trata de una opción, una necesidad vital intrínseca, no de un fin supremo, porque este no existe. Es algo simple de entender, solo hace falta dejar de lado el exacerbado individualismo, el egoísmo erróneo que hemos desarrollado. Se equivoca quién persigue una interpretación humana del universo, nos hemos situado a nosotros mismos en lo más alto de la jerarquía. Pero no existe tal jerarquía, es pura interpretación. No digo que no sea necesario, o al menos válido, cualquier cosa es una opción. Todo lo nombrado existe.

 

   Ya estoy preparado. No hay más preparación que el no desear más la vida. El resto es intrascendente. Ojalá hubiese tenido más suerte, ojalá hubiese llegado a viejo para haber aprovechado mejor mi elección. Lo impredecible ocurre también. Es esa maldita sustancia que se ha hecho conmigo. No crean que no he deseado mil y una veces librarme de ella, no crean que no lo he intentado. Díganme que debiera haber hecho, díganme que hubieran hecho en mi lugar. No tienen ni idea de lo que es esto, no pueden saberlo. Pero no es necesario que se compadezcan de mí. He podido llegar a un nivel de comprensión superior. Admito que sufre terriblemente mi ser humano; el nombre al que represento; el cuerpo del que he tenido que ocuparme. Es un  tipo de dolor al que pocos tienen acceso, un dolor que se lo come todo, fríamente, irreversiblemente. Sin embargo es solo eso un sufrimiento humano. No experimento agonía metafísica alguna, porque he comprendido la esencia de todas las cosas. Se trata del conocimiento último. El principio generador. 

 

   Otra vez se ha hecho conmigo la melodía. El sonido distinto y claro del instrumento metálico resuena en la profundidad y dibuja lenta,  pausadamente sobre mis sentidos. Cerca oigo la respiración, percibo como se transforma el cálido aliento y fluye más allá. He visto una hoja cayendo de un árbol. Planeó ligeramente realizando extrañas y bellas figuras antes de tocar indefectiblemente el frío asfalto. El humo gris ha calado en mis pulmones demostrando la fuerza de su impureza. Cuando caminemos lado a lado como hermanos habrá buen tiempo. Lo supe al contemplar los muros de la vieja casa, allí estaba la ventana por donde el niño observó la calle tranquila. Ya no me entristezco, el rayo luminoso se ha acordado de mí. He visto las infinitas variaciones y las he contemplado absorto. Nada se me escapó, mi pecho se hinchó de vida cuando viajé por aquél camino sin dirección ni tiempo. Ya no puedo oír, ya no puedo ver ni sentir. Todo es un momento, yo lo conocí. Ahora soy la soledad, soy el frío, soy la oscuridad. Ni siquiera deseo llorar, he olvidado el canon y ya no temo al dolor. Una vez sentí el filo del hacha sobre mi espíritu orgulloso. También tuve sueños, miles de formas obraron por mí porque conocí la verdadera pasión. Alguien ha venido a buscarme, la puerta está abierta. Ansío detener la furia desordenada que me aliena, ojalá hubiese podido encontrarte para beber de ti el elixir de la calma. Nada es suficiente pero el final sí, lo abarca todo. Recuerdo los manjares y los finos licores. Yo he visto el sitio desde donde salen los caminos, he visto cien caminos y otro lejano. Recuerdo a aquél pintor solitario que no quiso hablarme ni escucharme mientras pintaba. Ojalá supiese su verdadero nombre, ojalá hubiese aprendido su técnica. Mi mesa está servida para quién esté hambriento, que coja la rústica silla el que nada desee. Ya no soporto más esos insectos voladores que me acosan día y noche. Sé que no existen, que solo son producto de mi cerebro dañado pero me lastiman, me hunden en ese sitio oscuro del que no consigo salir. Oigo las voces pero no veo las manos extendidas hacia mí, hasta aquí no pueden llegar. Soy el que planta el árbol y el que lo riega. Soy el que poda y el que destruye. Es terrible ver la puerta que se aleja día a día sin remedio. Ya no distingo los rostros, apenas percibo vagas formas distorsionadas que pretenden hablar conmigo. Creo que no dicen nada, solo murmuran frases vacías mientras intentan sonreír. Nada de eso es necesario, sé que me dirijo hacia la profundidad del túnel, sé que no llegaré a contestar sus preguntas. Que alguien se ocupe de mi memoria.

   Estos son los peores días que he pasado. Desde lo ocurrido en casa de Catherina la tensión ha aumentado hasta los límites últimos y ya no sé como protegerme. Llevo varios días encerrado en mi habitación y apenas salgo para procurarme alimento e ir al baño. Son los momentos más duros. Puedo percibir la infiltración en toda la casa. Sé que me vigilan, juraría que han conseguido instalar cámaras espías dentro mismo de mi apartamento, conocen todos mis movimientos. Lo que me abruma es la incertidumbre. No comprendo lo que hacen, no entiendo a que esperan para acabar conmigo. Me cuesta creer que disfruten atosigándome como un gato con su presa. Pero por qué no acaban de una vez. Si han montado una operación de esta magnitud para destruirme no deberían perder el tiempo en llevarla a su fin. La angustia es terrible. El comando de enfrente ha vuelto y la vigilancia se ha intensificado. Ya ni siquiera se preocupan en disimular, se dejan ver libremente y he comprobado como observan en mi dirección. Saben que aguardo escondido y acurrucado tras las rendijas de mi persiana. Ya no puedo ni pensar, me quedan pocas fuerzas. El golpe de lo de Catherina fue demasiado duro. Sabía que estarían en el edificio, siempre he sido consciente de la magnitud del despliegue. Pero la traición de la anciana hizo estragos en mi resistencia. El miedo que sentí fue tan intenso que aún tengo escalofríos. Todo es inútil, ¿cómo luchar contra un enemigo tan potente? Lo terrible de la conspiración es que no se puede confiar en nadie, el enemigo se asemeja a un terrible camaleón letal. Tengo miedo, paso las horas intentando superarlo, pero es inútil, estoy más agotado que nunca. Comienzo a desear que se hagan cargo de mí, no puedo tolerar más esta situación, mi cuerpo y mi espíritu se resienten demasiado. Quisiera que el valor volviese, quisiera sentir el calor de la ira en mi pecho. Odio la situación de anulación que me embarga, detesto oír la violencia de constante de los latidos de mi corazón. Están ahí, están en todas partes, pondrán en práctica la transmutación. Entrarán por todos los sitios, se colarán por las rendijas y se harán con mi cuerpo para destruirlo lentamente. Veo que desean humillarme, destruirme lentamente de la forma más cruel. Utilizarán todos los mecanismos. Los flujos fluirán entre mis órganos, los elementos corrosivos se encargarán de mis huesos y el ácido energético devorará mi piel blanda.  Observan la relación de hechos, investigan y experimentan conmigo. Son terriblemente despiadados, ahora lo sé. Quieren vengarse de mí, lo hacen porque los he descubierto y no pueden tolerarlo. ¡Que terrible serie me aguarda! No quiero temblar así, no quiero tener miedo. Tengo que dejar de sufrir, tengo que acabar con los elementos agresivos que persiguen mi aniquilamiento... La corrupción ha podido con todo, la partida está perdida, el aire está poblado de micro invasores y los flujos se adentran por todas las aberturas. Quiero dormir, quiero sumirme en la silenciosa oscuridad, necesito descansar, necesito protegerme del ataque. Tengo miedo, tanto miedo, he de encontrar la puerta a la cámara protegida, he de llegar a donde me aguarda la respiración y el soporte defensivo. Necesito ayuda, necesito ayuda, que alguien me escuche, que alguien venga para enseñarme el camino hacia la puerta blanca, la puerta blanca, la puerta blanca...

 

   Solo la muerte puede acabar con un sufrimiento así. Se horrorizan los hipócritas, pero ellos nada saben. Desconocen el poder del líquido que me corroe, que daña mi pecho llenándome de todas esas dolorosas sensaciones que anidan en mi y crecen, como prósperos champiñones de agria tristeza. Estoy solo, solo, nadie lo ha estado tanto, nadie se acerca a mí, ya no me hablan, ya no me miran ni me acarician con palabras cálidas. No recuerdo el tacto ni el viento frío. Qué cosas digo, pienso tantas cosas extrañas y no sé por qué, no sé de donde vienen y como llegaron hasta mí. Lo he perdido todo, si es que alguna vez algo tuve. Quisiera dormir cien años y abrir los ojos en un sitio nuevo. No tuve la oportunidad, el viejo del bastón no confió en mi y me dejó descalzo en la calzada vidriosa. Y ahora estoy cansado, apenas resbalo sobre el suelo húmedo y avanzo, lentamente, casi sin quererlo, pero nunca llego.

 

   Ahora recuerdo el origen, recuerdo el deseo. La presentadora de televisión lleva el escote abierto. Que perfecto es todo, reluce y brilla, ahí, cerca, al alcance de mi mano. Pero mis miembros no responden, no puedo recoger el fruto aunque lo veo y me llama a gritos. El fruto es apetitoso, jugoso y tierno, de color intenso. Es un fruto virtual, sí, esa es la impresión que tengo, no hay error en su morfología. Es nuevo, nuevo, solo tengo que encargarlo y me lo traerán hasta mi puerta. Yo firmaré el recibo para que me lo entreguen, poseo el crédito suficiente, no hay posibilidad de error. ¿Pero por  qué me cuesta tanto? No confían en mí, no lo comprendo. No quiero el artefacto de penúltima generación, deseo el que he elegido, lo necesito ahora. Soy honrado y trabajador, podré pagar, no intenten confundirme. Pronto conseguiré un ascenso, he tenido una progresión vertiginosa. Ojalá mis padres pudiesen verme, estarían orgullosos de mí, todo el mundo lo estaría, es fantástico haberlo conseguido de esta forma. Nadie debe dudar de mi capacidad, puedo competir con cualquiera. Es una competencia saludable para el bien de la sociedad, sé que estoy entre los mejores, tengo derecho ha adquirir lo que me venga en gana. Muchos admiran mi posición porque soy guapo y joven, admiran mi físico atlético que no podrán tener y desearían tener mis ingresos y mi coche nuevo de gran potencia. Todo a mi alrededor es perfecto y maravilloso. En mi mundo no hay basura ni suciedad, no hay vejez ni fealdad, ni pobreza miserable. Deberían ver mis posesiones, solo compro lo mejor porque puedo hacerlo. He sido creado por un ordenador, ni siquiera tengo impurezas en la piel, y mi pelo es más brillante que un reflejo metálico al sol. No comprendo que haya gente a la que no le guste este mundo. Todos mis deseos se hacen realidad, solo debo pulsar una tecla para  obtener lo que quiero. Este es mi mundo, consigo todo lo que me gusta. Otra vez estoy siendo incoherente. O quizás no, es solo una impresión, pero no sé de donde ha surgido. La cantante del video-clip es joven y guapa y todos a su alrededor también. Yo soy como ellos, joven y atlético, estoy siempre exhultante y visto las mejores prendas. Estoy en la cima y lo tengo todo. 

 

   A nadie le importa lo que pase mañana. Esa es la verdad, que lo niegue el político y el diseñador de acontecimientos. El futuro es inútil, la culpa es del vacío existencial. Que el monstruo se coma mi trozo de huerta y mi jardín, que lo haga cuando yo ya ni exista. No seré yo quién se lo impida, nada me impulsa a combatirlo. ¿Cómo descifrar los mensajes? Ya no soporto la vana palabrería, se han extralimitado en el exitoso engaño. Todos sabemos todo pero nos da igual. No pienso moverme de aquí, no me enfrentaré al frío y la lluvia, aquí no pueden tocarme, les he entregado mi asentimiento y comeré mi trozo de pastel antes de que se acabe. No hay peor lacra que la hipocresía reinante.

 

   Pero a mí sobre todo me preocupa mi ojo izquierdo, no me deja en paz, está contaminado. Se está corrompiendo poco a poco y ya no me responde con lealtad. Actúa por si mismo, ha cobrado vida, se inventa cosas raras, imágenes misteriosas que no tienen fundamento. Cuando veo las moscas volar es cuando más nervioso me pongo. Tengo miedo de la muerte silenciosa, una terrible traición interna. Cuando me observo en el espejo me pregunto si estoy viendo el rostro de la muerte. Intento saber si ya está presente en mí, y si es capaz de esconderse tan bien para que no pueda verla reflejada en mis propios ojos. Ya no sé con certeza por donde estoy circulando. Dudo de mis propias palabras y mis propios actos. Dudo del tiempo y del espacio, desconozco mi situación real. Me cuesta realmente saber quién soy, si es que aún soy alguien concreto, o tan solo alguna clase de ente relativo e inseguro. Ojalá supiese quién está hablando cuando escucho el sonido azulado de mi voz.

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