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   Esta vez he conseguido información preciosa. He podido enterarme del día exacto previsto por el capitán y Ulises para llevar a cabo el golpe. Lee tuvo que contar conmigo debido a que la enfermedad de su ayudante se ha agravado sensiblemente. Al parecer se trata de algún tipo de virus peligroso puesto que el chino ha empeorado mucho en poco tiempo. El cocinero está de un humor terrible por la agonía de su compañero, pero sabe que me necesita y se cuida de desquitarse conmigo.

   Fue durante la cena. Los hombres mantenían una conversación poco relevante hasta que en determinado momento Ulises comenzó a hablar en ucraniano con Alexei. Era una charla viva y se notaba que discutían un asunto relevante. El capitán preguntó que sucedía en dos ocasiones pero los hombres estaban sumidos en la discusión y no le hicieron caso. Entonces Kipstas explotó y exigió a Ulises que acabe con aquella conversación secreta. Luego ambos hombres se levantaron de la mesa visiblemente ofuscados y se retiraron a la cabina de control del buque para hablar en privado. Los demás hicieron silencio, al parecer intentaban oír lo que estaban diciendo los otros dos. Yo me mantuve en una esquina de la habitación haciendo ver que estaba ocupado con mis labores de grumete, y la verdad es que nadie me tuvo en cuenta. Las voces del capitán y Ulises se oían apagadas y no se comprendía casi nada de lo que discutían. Pero en determinado momento Kipstas levantó la voz y pudo oírse claramente como sentenciaba que tenía que ser el martes, y lo repitió un par de veces bajando la intensidad de la voz. 

   Sentí inmediatamente la adrenalina corriendo por mi cuerpo. Apenas faltaban tres días, tres días para el desenlace, cualquiera que fuese. Eso en el caso de que Johansen no tomase una iniciativa antes del martes. Por un momento temí que la emoción me traicionase pero conseguí controlarme y me alejé disimuladamente antes de que alguno de los hombres reaccionase ante mi presencia intrusa.

   En cuanto estuve fuera de la vigilancia del sucio cocinero me dirigí al camarote de Landon para darle parte de la noticia. El inglés reaccionó enseguida y noté como cierto nerviosismo se apoderó de él. Apenas habló conmigo para agradecerme pero rápidamente se marchó a reunirse con el noruego y los otros hombres de la tripulación. Quise ir con él pero me dijo que era mejor que volviese a la cocina para no despertar sospechas. Yo le repliqué que quería estar con ellos, que me lo había ganado, pero Landon ni siquiera me escuchaba y se marchó velozmente tras abrigarse y coger su cuchillo.

   No soporto esta situación, he de saber lo que ocurre, tengo derecho a estar preparado. No es justo que no me tengan en cuenta cuando he demostrado mi valía. Además no quiero mantenerme al alcance de Lee, no sé lo que pueda ocurrir si me distraigo. El cocinero emana traición por todos los poros,  y el estado crítico de su amante acrecienta su malhumor. Pase lo que pase Lee no podrá conmigo, estaré listo siempre, y le haré pagar por su vileza.

  Iré a ver a Johansen y me quedaré junto a él. Ha llegado el momento de que me expliquen algunas cosas, y acepten que no soy solo un insignificante grumete. No entiendo por qué les cuesta tanto ver mi valía, porqué no reconocen que estoy hecho de la mejor madera. Soy capaz de luchar con coraje y creo tener la suficiente destreza. Tendrán que contar conmigo a la hora de un enfrentamiento radical...

 

 

   Oigo voces que no me dejan en paz. Me atosigan con infinidad de sugerencias frecuentemente contradictorias. Y en cambio apenas puedo ver la luz. Antes cuando estaba ansioso y tenía miedo de perder el control encendía la televisión, era como una dosis de una droga que conseguía calmarme. Es horrible ese estado anterior al desfase fisio-psíquico. En ese momento lucho con toda mis fuerzas para mantener el control. Lucho contra el miedo y los demonios que me acosan. Ojalá no fuera así, ojalá todo fuese diferente. Quisiera decirle a algunas personas que las quiero, una vez más. Siento la necesidad de poner en orden algunas cosas, me preocupa lo que puedan pensar de mí. Tengo la esperanza de que por algún motivo mi recuerdo provoque algún día admiración. Idealizo lo que pude llegar a ser y revivo la semilla primera de la ilusión.

   Es inútil compadecerse. Conozco el origen y el fin de todas las cosas, sufre quién experimenta, no quién regresa al cero absoluto. He atravesado la continuidad sin dejar una huella, he conocido la profundidad del abismo pero apenas vislumbré la torre lejana. Deseé visitar la ciudad alomórfica y la he conocido, aunque no habrá sitio para mí en la endeble memoria del escribiente. Incluso la pena es circunstancial, ya no me quejo, ya ni siquiera imploro, solo escucho el eco apagado del lejano lamento.

   Alimento al ávido de interpretación. Juego con el trazo del lápiz infinito y aguardo, no necesito el fuego ni el hielo, me mantengo en el vacío divisorio. Y ahora que el flujo se detiene, solo me queda brillar en el momento último, aunque apenas haya un único espectador en la sala, que ha llevado mi nombre, y no ha podido con el peso de la forma.

 

   Debo hacer una confesión. No me llamo Jean Marie Van der Bilt. Me lo he inventado solamente porque me ha parecido que sonaba bien. Poseo un nombre infinitamente más vulgar, incapaz de sobrevivir en la memoria, incapaz llenar de curiosidad aunque sea a algún solitario espíritu inquieto. Prefiero no revelar mi verdadera identidad, es mejor así. Tienen que comprenderme, tienen que atender a mi ruego desesperado, es una necesidad. No quisiera que me menosprecien, aunque no haya estado a la altura, aunque el rastro de mis pasos no pueda ser seguido y apenas haya dado muestras de mi existencia.

 

   Cuando ocurrió sentí que todo mi mundo se venía abajo. Creo que había llegado al límite de mis fuerzas, creo que la desesperanza comenzaba ha tomar posesión de una parte importante de mi ser. Pero yo siempre había sido un guerrero, de verdad, siempre había pensado que lo conseguiría, confiaba en mí aunque las gruesas puertas se empeñasen en cerrarse frente a mis ojos y la nefasta sustancia comenzase a incursionar en mí en progresivos atentados. Y entonces, de repente, el mal se hizo conmigo. Que terrible sensación, que indescriptible desesperación. Perdí el control de mi cuerpo y de mi mente, mi corazón se descontroló de la forma más violenta y mi cabeza empezó a girar y a confundirse irremediablemente. El miedo se apoderó de mí multiplicándolo todo, la explosión no tenía límite y quise morir, quise arrojarme al vacío y acabar con aquella horrible tortura, en esos momentos solo pensaba en dejar de existir, en apagar mis tumultuosos pensamientos y detener la terrible ansiedad nerviosa y las violentas descargas de mi corazón. Que poderosa agonía, cuántas imágenes negras poblaron mi mente sentenciando el inicio del fin, decretando el cese de la luz que un día vi, anunciando la noche eterna en plena vida...

   Los recuerdos posteriores se confunden, ni siquiera soy capaz de distinguir lo que en realidad sucedió de lo que luego poblaría mi imaginación. Sé que perdí el conocimiento, fue la calma que sucedió a la tormenta. Pero todo fue inútil, cuando desperté entre las blancas sábanas de la celeste habitación, la maldita sustancia química se había adentrado hasta lo más profundo de mí, se había hecho conmigo irremediablemente y ya no dejaría de jugar conmigo una y otra vez, para llevarme hasta los límites más lejanos del sufrimiento moral.

 

 

   La gruesa reja no es de hierro, y el guardián no es de carne ni de hueso. Aquí abajo no hay ventana ni tragaluz, y la luz artificial cambia de color constantemente imposibilitándome el dulce reposo. Nadie escapa de esta prisión, aunque ni siquiera he visto otras almas rondando por aquí.  La soledad es terrible, lo gana todo. Enmudece las voces y ensombrece las formas. Destruye los espejos y derriba los robustos puentes como si de obras de fino papel se tratase. Ahoga los gritos. Que lejos he viajado, no conozco estas tierras ni a sus extraños pobladores. Me observan y me hablan en un lenguaje que no consigo comprender, pero no se acercan a mí. Que alguien me diga donde estoy si lo sabe. Aquí la lluvia no moja y el sol no calienta. Los movimientos son irregulares y confusos, pero incesantes. Hacia todas las direcciones puedo ir, pero siempre por el mismo camino, y a ninguna parte.

 

   En mi memoria brilla un pequeño punto luminoso. Es el recuerdo de la luz que un día vi, pero apenas se mantiene como el débil resplandor de una vela en medio de un espeso y oscuro bosque. Toda mi fuerza está destinada a evitar que se apague, le dedico los restos de mi coraje pasado, pero la fuente se agota sin remedio. Nunca estuve tan cansado.

 

 

 

   He resuelto la operación, he visto el espacio donde no reina el mal que me acecha sin tregua. Presiento la tranquilidad, solo me expongo a una última y enorme desazón que se hace presente en mí ahora que he decidido hacer lo que voy a hacer. Se trata de la conciencia anticipada del vacío.

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