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    He fallado. Todo lo que un día creí ser se ha venido abajo y estoy totalmente hundido. Han muerto todos, ha sido horrible. Aún no consigo asimilarlo. El golpe es avasallador, apenas soy una sombra viviente a la deriva, flotando sobre los restos de una improvisada balsa. He fallado, no estuve a la altura de las circunstancias. La situación pudo conmigo y no encontré el valor necesario para luchar, el resultado ha sido la catástrofe. Los hombres que confiaron en mí fueron vilmente asesinados, todos ellos, y ha sido por mi causa, por mi terrible ineptitud. El capitán ha hundido el barco y él y los suyos esperan en el mar la hora del rescate. Desde aquí puedo verlos, y sufro por la impotencia que me embarga. Solo quiero morir en el mar, en su enorme soledad, no podría afrontar la vida después de esta terrible derrota, no soy digno de seguir adelante. Me avergüenzo de mi cobardía, de lo mezquino de mi espíritu a la hora de la verdad. No conseguí hacerlo, no pude encontrar la forma de hacerles consumir el veneno. El miedo me invadió bloqueándome completamente y ellos se percataron de mi estado inusual de nerviosismo. Me descubrieron, se rieron de mí y me humillaron ignominiosamente. Incluso el cocinero pudo gozar al verme vencido y acabado en la más baja sumisión. Ojalá me hubiesen matado como a los demás, ojalá no hubiesen tenido piedad de mí. Fue horrible presenciar la matanza a sangre fría, el violento ataque a Johansen y la tripulación. Ni siquiera pude estar con ellos para luchar, solo pude contemplar amordazado como les disparaban a quemarropa mientras los otros se defendían blandiendo inútilmente sus cuchillos. Y después todo lo demás... Los hicieron explotar con el buque como a perros infectos y a mí me dejaron flotando a la deriva en medio de la burla y la humillación. Deseé que Alexei me disparara cuando tuvo la intención de hacerlo, pero el capitán lo detuvo diciéndole que era inútil, que más valía dejarme morir de sed y de frío en el mar, y si por alguna insólita casualidad conseguía salvarme, nadie creería mi surrealista versión de los hechos.

 

   Yo solo deseo dejar de vivir. Paradójicamente ahora, cuando me encuentro en medio del peor trance, cuando solo veo el inmenso mar que me abre sus brazos helados, el miedo se ha alejado de mí. En mi conciencia bullen violentos pensamientos y sé que nunca conseguiría sobreponerme a una desmotivación tan grande. No he superado la prueba, siento como si el peor de los fracasos me hubiese sido inyectado hasta los huesos. Ya no existe el sueño que me guió, ya no soy más que un inútil despojo. Es ahora cuando he llegado verdaderamente a la comprensión de mi verdadera naturaleza. Mi esencia no es otra que la de un náufrago a la deriva, no hubo sitio para mí donde moran los espíritus mayores. Ya estoy listo para olvidarlo todo, ya no deseo otra cosa que dejarme ir con la fría corriente, y desaparecer sin rastro en la inmensidad profunda del ilimitado movimiento.

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